Inflación e inversiones: ¿realmente es negocio hacer un plazo fijo?
Por Darian Yané *
Si existe una alternativa de “inversión” estrella en Argentina, es, definitivamente, el plazo fijo. Miles de ahorristas mes tras mes colocan parte de sus ahorros en pesos en los depósitos que ofrecen los bancos con el objetivo de obtener una ganancia en un periodo de 30 días, o incluso más.
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El principal atractivo de los depósitos a plazo fijo es evidente: su alta accesibilidad. En un par de clics, los trabajadores pueden “poner a trabajar” su dinero de manera muy rápida y sencilla, durmiendo felices con la falsa sensación de seguridad financiera.
Y en los últimos meses, cada vez más personas optaron por volcar su capital en estos vehículos de inversión, ya que las tasas de interés subieron a niveles no vistos en varios años.
A día hoy, por normas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), un plazo fijo paga un interés del 75% nominal anual, que se convierte en un rendimiento efectivo anual de más del 107% al reinvertir las “ganancias” todos los meses.
“¡Buenísimo! Pongo $100.000 y obtengo $207.000 en un año sin hacer nada”, piensa la mayoría de ahorristas. Sin embargo, estos no contemplan algunos factores esenciales a tener en cuenta que le restan mucho atractivo al plazo fijo.
Ganancia real débil
Si un ahorrista se toma el trabajo y tiene la disciplina suficiente para reinvertir constantemente el capital y las ganancias de un plazo fijo, entonces al cabo de un año obtendría un 107% nominal de rendimiento.
Ahora bien, la inflación está creciendo a pasos agigantados. De hecho, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del propio BCRA proyecta más de un 101% de incremento para todo el 2022 y cerca de un 96% para el 2023.
No hace falta ser economista o matemático para darse cuenta de que la ganancia real de un plazo fijo, es decir, el verdadero incremento de poder adquisitivo, no será del 107% y apenas superará el 5%, si es que los precios de la economía real no estallan aún más en el medio.
Y si la inflación se mantiene estable, escenario poco probable, entonces el dólar se encargará de licuar todo el “beneficio”, tal como se demostró a lo largo de la historia. Por ejemplo, sin ir muy lejos, en 2020, un plazo fijo rindió alrededor del 40% anual, pero el dólar blue creció un 120%, reduciendo drásticamente el poder de compra en moneda dura.
Baja liquidez
Por otra parte, los depósitos a plazo fijo tienen muy baja liquidez. Este término, que hace referencia a la capacidad de convertir una inversión en dinero líquido listo para ser utilizado, es esencial en el ámbito financiero, y más en Argentina.
El mínimo de tiempo de un plazo fijo es de 30 días. Puede parecer poco, pero lo cierto es que se trata de un periodo en el que pueden suceder muchas cosas localmente. Solo es necesario el comentario de algún político o alguna medida gubernamental para que el dólar se dispare y, como comentamos anteriormente, licúe los beneficios en pesos.
Además, la baja liquidez también puede afectar nuestras finanzas personales. Si bien hay que invertir sólo el dinero que no vayamos a utilizar en un futuro inmediato, lo cierto es que pueden ocurrir escenarios en los que no quede otra opción que recurrir a todo nuestro capital, y no poder tomar el dinero por 30 días puede obligarnos a tomar deuda o directamente a no poder afrontar el pago requerido.
Alto costo de oportunidad
A su vez, los depósitos a plazo fijo cuentan con un alto costo de oportunidad, el “sacrificio” que hacemos por, en este caso, inmovilizar los pesos por 30 días para obtener un interés fijo.
Hoy en día, existen múltiples alternativas de inversión más rentables y/o líquidas que un plazo fijo, o que cuentan con menos inconvenientes de cara al corto plazo.
Teniendo un gran abanico de opciones a disposición, atarse sí o sí a la famosa oferta bancaria carece de sentido, y puede llegar a resultar muy contraproducente.
Un sistema inestable
Otro de los graves problemas de colocar el dinero en un plazo fijo es la propia estructura de estos vehículos financieros, la cual es sumamente inestable y peligrosa.
En simples palabras, los bancos toman el dinero que los ahorristas ponen en un plazo fijo y se lo dan al BCRA a cambio de Leliqs (letras de liquidación), instrumentos que se compran a descuento y se subastan semanalmente.
El problema está en que, para pagar tales intereses, que constantemente aumentan para absorber aún más liquidez del sistema, la entidad monetaria emite pesos, lo que sigue generando inflación por el exceso de oferta.
¿Qué pasará con un sistema que retroalimenta la inflación y parece no tener límites? Nadie lo sabe con exactitud, pero definitivamente no tiene un buen futuro.
¿Y el plazo fijo UVA?
Prácticamente todos los inconvenientes de un plazo fijo convencional también se encuentran en un plazo fijo UVA. La diferencia en este caso es que el interés alcanza para hacerle frente a la inflación oficial.
A cambio, hay que inmovilizar el capital por 90 días en lugar de sólo 30, lo que reduce aún más la liquidez y aumenta los riesgos. Si bien existen los precancelables, la ganancia se acorta al abandonarlos antes de tiempo.
¿Conviene hacer un plazo fijo?
Tras leer todos los problemas de los depósitos a plazo fijo, seguramente estés pensando que nunca jamás hay que colocar pesos en este sistema. Sin embargo, en algunos contextos muy particulares, y siendo conscientes de los riesgos, puede ser conveniente.
¿Cuándo? Toda vez que el dólar se mantenga estable o a la baja, para ejecutar una estrategia conocida como “carry trade”. Básicamente, lo que hay que hacer es vender dólares cuando consideramos que el precio está en un pico y poner los pesos a “hacer tasa”, normalmente en un plazo fijo.
La ganancia resultante podrá no vencer a la inflación, pero servirá para adquirir más dólares, incrementando el capital en moneda dura a mediano plazo.
Observemos lo sucedido en octubre del 2020 con el dólar blue. En ese momento, luego de una fuerte suba de casi el 49% en poco más de un mes, el billete paralelo se conseguía por $195. Posteriormente, para sorpresa de muchos, se desplomó un 24% en solo 18 días. Contemplando los 30 días siguientes al récord, la baja fue del 17,5%.
En ese entonces, los bancos ofrecían depósitos a plazo fijo al 32% nominal anual, o 2,66% al mes. De haber hecho un plazo fijo en el pico, la rentabilidad en dólares tras un mes hubiera sido de aproximadamente un 24%.
Evidentemente, el mayor peligro es que el tipo de cambio se dispare en medio de la estrategia y el beneficio se licúe. Pero, en los mercados, “no hay almuerzo gratis”.
Alternativas más rentables
Conociendo los pros y contras de los plazos fijos, es importante prestarles atención a algunas alternativas, siendo la principal la caución bursátil.
Conocida como “el plazo fijo de la bolsa”, la caución es un préstamo entre privados que se negocia en el mercado de capitales, respaldado por activos financieros y gestionado automáticamente por los brokers.
El atractivo es que quien toma dinero no puede endeudarse por un monto mayor al que deja en garantía, lo que hace que no pueda “defaultear”, ya que, en este caso, sus activos serían liquidados por el bróker.
En la actualidad, la tasa de interés de la caución es menor a la de un plazo fijo, pero, al ser más segura y más líquida, ya que puede realizarse desde un solo día, resulta en una opción más conveniente para poner los pesos a trabajar de cara al corto plazo.
* Darian Yané es economista y magíster en Administración de Negocios y editor en Inversor Global de CryptoDividendos, CryptoInsider y CryptoWar Room.