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El daño incalculable que genera una decisión del Gobierno nacional

Las restricciones aéreas ya llegaron a niveles alarmantes. A horas de comenzar octubre, no se conocían los vuelos autorizados para salir o llegar al país el próximo mes. Mientras se pretende reactivar al turismo extranjero, estas medidas generan una mala imagen para el país y un daño económico

La pandemia puso a prueba al Gobierno nacional en distintas áreas y, en la mayoría, salió reprobado. Uno de los casos más notorios es la política adoptada en materia aerocomercial, donde las restricciones para salir o regresar al país por avión, convirtieron en una odisea el simple hecho de viajar. Los “varados", por ejemplo, surgieron como una nueva clase social de ciudadanos de segunda.

Pese a transitar más de un año y medio desde el inicio de la cuarentena, como para aprender de los errores, las desprolijidades continúan y los viajeros quedan de rehenes de la ineficiencia oficial.

En estos días se está viviendo un nuevo capítulo de desmanejo. El anuncio de reaperturas de fronteras parece estar centrado en la llegada de turistas extranjeros, ante la necesidad de recibir dólares frescos, pero poco interés hay para facilitar los viajes de los argentinos al exterior.

En este punto queda claro que se busca desalentar esa práctica por la razón contraria a lo recién explicado: turistas que viajan, son dólares que se van.

Hasta hace horas, a dos días de terminar el mes, no se conocían los vuelos autorizados para octubre, por lo que miles de viajeros no sabían si podían salir o entrar al país. Recién se empezaron a difundir cerca de la medianoche.

Puede parecer un dato menor, pero tiene connotaciones serias. Desde restringir un derecho constitucional, hasta los perjuicios que provoca a viajeros, compañías aéreas y todas las actividades afines. También hay que tener en cuenta que no todos lo hacen por placer, sino por necesidad de trabajo, salud o educación, entre otros motivos.

Si un pasajero, cuarenta y ocho horas antes de la fecha de salida, no sabe si va a poder volar, genera inconvenientes económicos. Si tiene reservado hoteles y otros servicios, puede perderlos si se cancela el viaje. De lo contrario, si se lo aprueban sobre la hora, deben salir a reservar hoteles por internet o hacerlo en el destino.

A esto se suman requisitos como PCR para abordar un avión, con un tiempo determinado previo al viaje, sin tener confirmación de su vuelo. Esto no sólo afecta a los argentinos. Es una mala imagen frente al mundo, en un momento en que se quiere atraer a turistas del exterior.

“¿Quién se va a animar a venir a la Argentina si los vuelos se aprueban sobre la fecha?” se preguntó un operador turístico ante la consulta de MDZ.

En las compañías aéreas internacionales y las agencias de viajes existe mucho malestar.

“Así alejamos a los turistas, a los cuales sólo le damos certeza de que en la Argentina nada es seguro. Ni las líneas aéreas saben cuándo van a poder volar, ni si se levantan los cupos, porque no hay información a dos días del comienzo del mes”, se quejó un directivo de una aerolínea extranjera.

El sector reclama previsibilidad porque la programación de un vuelo no puede hacerse de un día para el otro. Los aeropuertos extranjeros necesitan saber, con mayor anterioridad, las frecuencias de los aviones que llegan o salen.

“El Gobierno debe tener la ilusión de que lleguen turistas del exterior pero salgan los aviones vacíos, sin argentinos, así la balanza de divisas les da positiva. Es increíble tanta improvisación”, dijeron desde otra compañía.

Aunque cueste creerlo, esta parecería ser la idea oficial en materia de viajes: sólo alentar que lleguen extranjeros y desincentivar que se vayan argentinos. Hay que recordar que la balanza de turismo es deficitaria.

Según dejaron trascender desde el Gobierno nacional, la demora estaría centrada en una diferencia de opiniones entre el Ministerio de Salud y la Dirección de Migraciones. Por cuestiones sanitarias, hoy debe haber una separación de dos horas entre un vuelo y otro. Eso hace que puedan salir doce aviones por día. La cartera de Carla Vizzotti se resiste a reducir ese tiempo.

Un tema que merecería una resolución más rápida para evitar este descontrol operativo, salvo que sea el argumento a esgrimir, pero que esconde el tema de la escasez de dólares. Con la ministra internada por una operación, toda definición se hace más lenta.

El malestar en el sector no es para descuidar. Ya varias compañías aéreas dejaron de operar en el país y el desorden que se muestra en la administración de sistema aerocomercial difícilmente logre que se reviertan esas decisiones. Incluso, puede alentar a que otras sigan sus pasos.

Mientras esto sucede en la Argentina, el contraste con otros países es evidente, con la actividad aérea normalizada, y deja más expuestos al mal manejo local.

Más allá de los anuncios de reapertura de fronteras terrestres, su implementación es confusa y lenta. Muchas decisiones de viajes, por parte de turistas del exterior, se toman con anticipación y, ante esta incertidumbre, corre peligro la próxima temporada para muchos operadores turísticos. Esto implica que el país le da la espalda a una fuente de dinero, más empresas pueden cerrar y se pueden perder muchos puestos de trabajo.

El costo de esta política errática se va a sentir en los próximos meses y, más allá de que en las próximas horas se hagan correcciones, el daño estará hecho.