Por qué el avance de la vacunación le podría generar al Gobierno una crisis con el dólar
El avance de la vacunación, tanto internamente como en el resto del mundo, está trayendo alivio en materia sanitaria pero para el gobierno argentino puede reflotar un problema que quedó eclipsado por la pandemia.
Muchos países están abriendo las fronteras al turismo internacional. Por ejemplo, en Europa, junio marcará el inicio del retorno a la normalidad, ya que varios gobiernos anunciaron condiciones más flexibles para la llegada de extranjeros.
Si bien este dato parece un hecho menor, en medio de tantas preocupaciones más urgentes, en la Argentina puede tener serias implicancias económicas. En un país escaso de divisas, la demanda de dólares que genera la actividad turística es una cuestión de Estado.
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Hasta antes del estallido del coronavirus, que paralizó la operatoria de este sector, a comienzos del año pasado, los presidentes de turno del Banco Central vivían pendientes de la pérdida de reservas por el rubro turístico.
Los dólares que salen del país por esta actividad se encuadran en cuatro ítems: los pagos que hacen las agencias, los que realizan las compañías aéreas, la compra de dólares de los viajeros y los pagos con tarjeta en el exterior. Este último punto representa más del 60% del total. El resto se lo reparten los otros tres rubros. Es cierto que en ese consumo “plástico”, incluyen las compras online de bienes en el exterior pero es una parte menor.
Por todo esto, la Argentina tiene un déficit de divisas crónico en este campo debido a que el flujo del turismo emisivo es mucho mayor que el receptivo. Por ejemplo, en 2019 – el último año completo sin pandemia – el “rojo” turístico representó una salida de u$s5.681 millones.
Hay que recordar que, si bien el coronavirus no existía en ese momento, la economía estaba en un proceso de aceleración de sus crisis, el peso se devaluó a mayor ritmo y el “efecto PASO” llevó a la reimplantación del cepo cambiario. Por ese motivo, ese desequilibrio no fue mayor, como años anteriores,
En 2018, rondó los u$s8.000 millones, con un dólar que empezó a desbordarse desde abril. En 2017, con la economía en alza y sin restricciones cambiarias, el déficit fue de alrededor de u$s12.000 millones
Apenas asumido el gobierno de Alberto Fernández, quedó claro que la falta de dólares iba a marcar su gestión. Por eso, se generalizó una política de trabas a las importaciones de todo tipo para frenar la salida de divisas. La operatoria del comercio exterior pasó a un sistema “administrado”, un eufemismo para referirse al cierre de la economía. Comenzaron a liberar dólares a cuentagotas, decisión que afectaba a las importaciones de bienes de consumo como de capital o insumos.
El turismo era otro grifo que había que cerrar. Por un lado, se dispuso de un cupo mensual mínimo de compra de dólares y, por si no era necesario, se creó el dólar PAIS o “solidario”, con un recargo del 30% sobre la cotización oficial, con el propósito de encarecer el consumo en turismo o compras con tarjeta en el exterior.
Con más o menos diferencias, la política era una remake de los últimos años de la gestión de Cristina de Kirchner que, desde el 2011, enfrentó el mismo problema de la falta de dólares.
Para tener una idea, desde 2012 al 2019, la salida de divisas por viajes, turismo y consumos en el exterior representaron u$s59.000 millones. En ese período, el saldo positivo que dejó la balanza comercial fue de u$s19.000 millones, apenas para cubrir un tercio de las “fuga” de dólares por turismo.
Todas medidas que se pensaron en una Argentina y en un mundo sin pandemia. La llegada del coronavirus, en marzo, provocó un impacto inesperado más efectivo que cualquiera de esas restricciones. Los argentinos, de un día para el otro, no pudieron salir del país.
Fue una tregua en la demanda de divisas que, parece, puede estar llegando a su fin. En los próximos meses, la situación puede ser completamente distinta. Con gran parte de la población vacunada y los principales destinos turísticos abiertos – con o sin pasaporte sanitario -, una parte de la sociedad argentina va a volver a una de las cosas que más les gusta: viajar.
Aún con un tipo de cambio alto, después de casi dos años de encierro, muchas personas buscarán recuperar el tiempo perdido por el confinamiento, con unas buenas vacaciones. Algo tan simple, pondrá al Gobierno en una situación incómoda.
En las agencias de viaje, reconocen que hay aumento de las consultas. Muchas para el último trimestre del año pero la mayoría para el primer semestre del 2022. Hoy hay tres limitaciones para que la demanda de dólares crezca: no todos los destinos están abiertos, todavía hay temor a viajar y hay muy pocas frecuencias de vuelos o aerolíneas que no están operando.
La apertura también hará que lleguen turistas al país pero, si tradicionalmente lo hacen en una cantidad menor, con el escenario sanitario de la Argentina, no es posible imaginar que lleguen en buen número.
El panorama va a cambiar en un tiempo que, para el Gobierno, es muy corto. La situación económica en los próximos meses no va a mejorar pero los argentinos van a querer viajar.
Ya hay cupo a la compra de dólares más el recargo impositivo. No quedan muchas variantes para restringir las salidas. Un dato para tener en cuenta es que, a destinos como Europa, la mayoría de los viajes es bajo la modalidad de paquetes. Hotel, traslados, pasajes y demás servicios, todo en un mismo precio que se paga en pesos. Pero esos pesos, en algún momento, hay que convertirlos en dólares para cancelar con los operadores del exterior. A esto se suman los gastos que los viajeros hacen con sus tarjetas fuera del país. Al regresar, los cancelan en pesos. El Banco Central tiene que liberar los dólares para que las empresas de tarjetas los giren al exterior.
Hoy, hay industrias y otras actividades productivas que tienen que andar penando por los pasillos de los despachos oficiales para conseguir las divisas para cancelar sus deudas con los proveedores externos. Esto, sin la presión que implica el rubro turístico.
En poco tiempo más, la misma cantidad de reservas monetarias tendrán que compartirse con una demanda turística que empezará a crecer. La gran duda es cómo reaccionará el Gobierno ante esta nueva realidad y a qué herramientas apelará. En las actuales condiciones, volver a los niveles de demanda de dólares por turismo previos a la pandemia, provocaría un golpe en las reservas. ¿Habrá disponibilidad de casi u$s6.000 millones como se requirieron en un año flojo como 2019?
Las fronteras cerradas no sólo sirven para disminuir el ingreso del virus. Sirven, también, para frenar la salida de dólares.