Insólito: impuesto castiga a empresa que invirtió u$s650 millones

Insólito: impuesto castiga a empresa que invirtió u$s650 millones

Volkswagen comenzó a producir esta semana el SUV Taos, tras una inversión de u$s650 millones. Cuando se anunció el desembolso, en 2017, un modelo de ese tipo no tenía que pagar Impuestos Internos. Hoy, estaría alcanzado y el mayor costo tendrá impacto en una menor demanda de lo esperado

Horacio Alonso

Horacio Alonso

Que la Argentina se convirtió en un país difícil para las empresas no es novedoso. Sin embargo, cuando se pone la lupa sobre un caso concreto, las dificultades que enfrentan las compañías en el país, no dejan de sorprender. Un buen ejemplo es lo que sucede con la empresa Volkswagen que, esta semana, realizó el lanzamiento industrial de un nuevo modelo que produce en la planta de la localidad bonaerense de General Pacheco.

Hace cuatro años, a fines del 2017,  la automotriz anunció una inversión de u$s650 millones para fabricar el SUV Taos, que comenzará a comercializarse en el inicio del segundo semestre. La aprobación de ese desembolso implicó una larga negociación con la casa matriz en Wolfburgo, Alemania, ante las complicaciones que presentaba el proyecto para que  cerrara económicamente, en una Argentina con costos elevados y baja competitividad. No es fácil ser rentable con esas condiciones.

Pese a todo, se otorgó el aval y la producción en serie está en marcha. Este año proyectan fabricar unas 25.000 unidades de este modelo que se duplicará, en año completo, para 2022. Cuando se planeó esta inversión, la idea era destinar 30% de ese volumen al mercado interno y 70% a la exportación. Estos números surgían del estudio de mercado realizado con las condiciones de ese momento. Sin embargo, la imprevisibilidad que ofrece la Argentina, obliga a esperar lo inesperado.

El punto en cuestión es que, cuando se decidió el proyecto, el régimen de Impuestos Internos era distinto al actual. El cambio se produjo con la llegada del gobierno de Alberto Fernández.

Con las reglas de juego que regían en el momento de la inversión, este vehículo -´por el precio que podría tener en cuanto a su posicionamiento en el mercado – no iba a estar alcanzado con esta carga fiscal, ya que la misma –considerada como impuesto al “lujo” – estaba pensada para afectar a vehículos de alto valor, no de un segmento mediano. Por eso, hasta fines del 2019, la base imponible eximía a un modelo como el Taos de ese tributo.

La actual gestión, en enero del 2020, decidió cambiar las condiciones para que Internos impactara en modelos de menor precio. Por un lado, el objetivo lógico era el recaudatorio pero, también, se buscó frenar el ingreso de muchos 0km importados. La imposibilidad de discriminar por origen, por las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), hace que la norma sea para todos.

El Impuesto Interno, en su primera escala, tiene una alícuota impositiva del 20% que, por la forma de calcularlo, hace que el precio final se dispare 25%. Hoy está en un valor al público de $2.500.000 pero, a partir de junio, subirá a cerca de $2.900.000.

Este sobrecosto de 25% hace que los vehículos que deban pagar este gravamen tengan una caída de ventas por encarecerse abruptamente. Es decir, queda descolocado en el mercado.

Esto es lo que le sucedió a Volkswagen. En el período entre que anunció la inversión y el momento en que se pondrá a la venta, cambiaron las condiciones y todo lo planeado hay que replantearlo. El volumen de ventas que pensaban tener no puede ser el mismo con un vehículo que va a costar una cuarta parte más de lo que inicialmente se calculó.

Como es lógico, esta situación causó malestar en la casa matriz al enfrentar una realidad diferente a la que existía al decidir invertir u$s650 millones en la filial argentina.

Un dato que muestra esa necesidad de replantear el negocio es que, ahora, la automotriz planea destinar al mercado interno sólo 25% de la producción y no 30%, como se proyectó en un principio. Esos cinco puntos porcentuales es, en principio, la menor demanda interna estimada que tendrán por vender un vehículo con un precio mayor al deseado. Los que se exportan, no lo pagan.

Esta automotriz, en el marco de ADEFA (la asociación que agrupa a todas las terminales), está negociando con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, una forma de aliviar la presión fiscal. Fuentes consultadas no ven con demasiado optimismo una solución inminente pero no pierden las esperanzas de alguna compensación.  

No es la única empresa afectada. Toyota, con su modelo SW4 que fabrica en Zárate, tiene el mismo problema. Chevrolet, con las versiones tope de gama del Cruze santafecino, igual. Obviamente, la lista de modelos importados afectados es larga pero lo llamativo es que se castigue a vehículos de fabricación local, con un impuesto que perdió la esencia de gravar a bienes suntuarios.

El tema de Volkswagen es más preocupante porque la inversión se dispuso recientemente y las reglas de juego cambiaron en medio de su concreción. Muchos se preguntan si, en las actuales condiciones impositivas, en Alemania, hubieran dado el visto bueno para aprobar ese desembolso.

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