Presenta:

Qué se sabe (y qué se oculta) del programa económico para sellar un acuerdo con el Fondo

Reconfirmado en el cargo, Guzmán ajusta detalles del plan de ajuste light que reclaman en Washington para levantar un yunque de US$19.000 millones para 2022. Alberto y Manzur cierran filas, mientras Massa y Máximo Kirchner encaran la negociación con la oposición.
Foto: Telam
Foto: Telam

El que calla, otorga. Alberto Fernández recurre a este aforismo para reasegurarse la anuencia –el tácito consentimiento- de su compañera y mentora hacia la Presidencia, Cristina Fernández de Kirchner, en el plan que el mismo domingo de las elecciones lanzó para acordar en no más de tres meses con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

La noche de la derrota legislativa a nivel nacional, la vicepresidenta envió un mensajito de WhatsApp al jefe de Estado. No para felicitarlo por el “empate técnico” alcanzado en la provincia de Buenos Aires, a fuerza de una remontada en la primera y la tercera secciones electorales, que representan al Conurbano. Consideró que estuvo “correcto” en el mensaje institucional con el que abrió la puerta a un “diálogo patriótico” con la oposición, y presentó la decisión de discutir en el Congreso, en diciembre, un “Programa económico plurianual para el Desarrollo Sustentable”.

En palabras de Fernández, este programa contemplará “los mejores entendimientos” que el ministro de Economía, Martín Guzmán, haya alcanzado con el staff técnico del FMI en las negociaciones apuntadas a levantar los inminentes vencimientos del préstamo tomado por el expresidente Mauricio Macri, a quien el organismo –entonces a cargo de la francesa Christine Lagarde, hoy alejada- desembolsó US$44.000 millones. En marzo próximo comienza a ejecutarse un cronograma de vencimientos que supondría el repago de US$19.000 en el transcurso del año venidero.

¿El “Programa Plurianual” es el acuerdo con el Fondo? No. Aunque los detalles no abundan en las vocerías del Palacio de Hacienda, el plan que hasta ahora guardaban bajo llave Fernández y Guzmán comenzó a circular esta semana en los pasillos de la Casa Rosada. El texto por debatirse tendrá tanta o más relevancia que el Presupuesto 2022, y fijará metas de reducción del déficit fiscal, que supondrán un descongelamiento de tarifas y cambios de fondo en la manera en que gasta el Estado.

Manzur recibió el martes a Guzmán, que le llevó detalles del programa que se negocia con el FMI.

Un ajuste light

En su mensaje al país, y más tarde en las tarimas de cara a su militancia, Fernández y sus socios políticos insistieron en que cualquier pacto con el Fondo se dará “sin renunciar a los principios de crecimiento económico e inclusión social”. El Fondo así lo ha comprendido, en aras de evitar un ajuste ortodoxo que hiela la sangre y evoca el recorte que precedió el estallido de 2001. Por eso, el programa no prevé shock, sino gradualismo.

El ajuste edulcorado del déficit fiscal comenzará con recortes sobre asignaciones y subsidios que hoy por hoy reciben la clase media y media alta. Está descontado que se avanzará en una segmentación de las tarifas de luz y gas, quitando la asistencia a los hogares.

¿Cuánto se reducirá el déficit fiscal anualmente? Es algo que no se sabe. O que se oculta. En conversaciones con las corporaciones oficialistas, se menciona la posibilidad de fijar una reducción del gasto menor a un punto porcentual del PBI. Pero el Fondo quizás exija quedar por arriba del punto para asegurarse a menor plazo que la Argentina alcance las condiciones para devolver la plata prestada.

La incógnita que recorre a vastos sectores de la economía es si el Programa contemplará una reforma impositiva. Mientras los sectores duros del kirchnerismo exigen mayor presión tributaria sobre las grandes fortunas y las ganancias de las corporaciones, Guzmán elige la quietud. En conversaciones informales, ha insistido en que él ya está practicando una reforma, en cuotas y con sigilo, que no se presentará con bombos y redoblantes en la Plaza del Congreso. Pero se aplicará, en fin. A la par con una eventual suba de gravámenes sobre el patrimonio, Economía busca consolidar el esquema de beneficios para atraer inversiones y generar empleo, licuando la presión en emprendimientos que produzcan divisas (vía exportaciones) o incorporen trabajadores informales o no capacitados.

Cepo ablandado

El otro gran reclamo del Fondo Monetario es la normalización del mercado cambiario. Como la política cambiaria y monetaria es potestad del Banco Central, el titular de la autoridad regulatoria del mercado financiero, Miguel Pesce, tiene a su cargo cumplir con esta parte del pacto.

Las decisiones costosas pero necesarias ya comenzaron a aplicarse. El martes, el Banco Central dejó correr la cotización del dólar MEP, que hasta el vieres preelectoral cotizaba a $184. Esta semana pasó la barrera de los $200, en una clara señal de frenar el subsidio a la compra de dólar ahorro para la clase media y las empresas. Un freno a la pérdida de reservas, y un sinceramiento de las cotizaciones.

Como admitiera a El Destape Radio el representante permanente ante el FMI, Sergio Chodos, la normalización del mercado cambiario es un requerimiento del organismo multilateral de crédito. También, y a diferencia de lo que exige el kirchnerismo bajo la consigna “primero se crece, y luego se paga”, lo que está sobre la mesa es un esqueleto que permita que “los fondos del nuevo programa vayan a financiar los vencimientos del programa anterior”.

A lo dicho, se suma el planteo de facilitar la libre disponibilidad de divisas para la remisión de utilidades de las compañías extranjeras, o el pago de deuda privada contraída en el exterior. Al igual que sucede con las importaciones, el Gobierno frenó el drenaje de reservas por estas puertas de salida.