El logro económico que festeja Martín Guzmán pero que esconde una trampa

El logro económico que festeja Martín Guzmán pero que esconde una trampa

El Ministro de Economía resalta el aumento del superávit comercial. Sin embargo, Guzmán no menciona los serios problemas que tienen las industrias para producir por falta de insumos importados. La paradas de producción y el cepo importador generan mayores costos, suba de precios y pérdidas de empleo.

Horacio Alonso

Horacio Alonso

El ministro de Economía, Martín Guzmán, se mostró, en los últimos días, optimista con lo logros de su gestión. En distintas entrevistas periodística, resaltó la evolución favorable de algunas variables como el nivel de actividad, el aumento de las reservas y el crecimiento del superávit comercial. En este último punto, vale la pena detenerse para analizar su verdadera dimensión.

En septiembre, por ejemplo, el saldo positivo de la balanza fue de US$1.667 millones. También consigue crecer, a lo largo del año, respecto al 2020, un período marcado por la cuarentena. Hay factores, como la suba de los precios de los commodities, que ayudaron a esa mejora. También es cierto que, medido en cantidades, las exportaciones crecieron 35%, mientras que las compras en el exterior lo hicieron un 53%, si se toma lo sucedido en los primeros ocho meses.

Lo que no menciona el funcionario, aunque es sabido por cualquier argentino vinculado a la actividad empresaria, industrial o comercial, es que este balance tiene una trampa. El resultado del intercambio comercial se produce con un fuerte cepo a las importaciones por la restricción de divisas. Las compras de bienes en el exterior están “pisadas”, como se dice en la jerga económica.

Son innumerables los casos que se hicieron públicos de empresas que no pueden importar insumos, con el impacto en paradas de producción. Son muchas más las que sufren la misma situación pero prefieren mantenerlo en reserva

Hablar del crecimiento del superávit como un logro de una política económica, cuando el mercado está distorsionado, no es representativo. En años como 2011, 2012, y 2013, las importaciones representaron unos US$70.000 millones. En 2021, podría cerrar ligeramente por arriba de los US$???????50.000 millones. Esos 20.000 millones de diferencia explican las dificultades para producir hoy en la Argentina. 

Más del 80% de las importaciones que se realizan son de insumos o bienes de capital para la producción. Lo que se está haciendo es festejar un logro de una variable sin contemplar el daño que genera en el resto de la economía.

Ante la falta de esos productos, las industrias tengan que hacer paradas de actividad permanentes. En la práctica, esto implica menor productividad, suba de costos y pérdida de rentabilidad. Es decir, las empresas tendrán menos dinero para reinvertir.
En muchos casos, la producción que se pierde está destinada a la exportación. Desde muchas empresas se alerta por la posibilidad de la pérdida de contratos por incumplimientos en tiempo y forma de los pedidos.

El impacto negativo de esta política no es sólo coyuntural. Con este escenario de una economía que se rige por cepos de todo tipos, en donde las empresas no pueden girar divisas al exterior, es muy difícil pensar en inversiones reales para crecer. Sólo puede haber desembolsos para mantener estructuras a la espera de un tiempo mejor.

Hay muchos proyectos de inversión que están paralizados en la Argentina y son conocidos los casos de compañías que se están yendo del país por este escenario hostil. ¿Alguien está midiendo el perjuicio económico que tendrá para el país esta estrategia?

El otro elemento a contemplar es que, ante una producción limitada por la falta de insumos, los precios internos suben. Hay ejemplos de todo tipo, pero en el sector automotor es evidente. Las automotrices tienen un cupo de dólares que deben administrar para abastecer su importación de autos y para la compra de autopartes importadas. Se centran en mantener la producción porque, de esa manera, pueden exportar y generar divisas. Esto hace que entre vender en el mercado interno o hacerlo al exterior eligen esta última opción. La consecuencia es faltante de 0km, demoras en entregas y sobreprecios. El perjudicado es el consumidor que debe pagar más por un bien. También los trabajadores. La reducción de estructuras o cierres de concesionarias significan pérdidas de puestos de trabajo

El sector textil es otro caso. Una industria sobreprotegida con importaciones casi cerradas genera que la indumentaria, en el país, esté encabezando el ranking de suba de precios. Vestirse en la Argentina es carísimo. Lo mismo se podría trasladar a alimentos, construcción o cualquier sector que, por importaciones cerradas o encarecidas fuertemente para desalentarlas, muestran precios superiores a las de otros países. 

Según un informe que difundió la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), las compras en el exterior de bienes de consumo final van a estar en alrededor de US$4.000, similar al 2015, cuando era marcada la escasez de productos. Esto también se traduce en pérdida de empleo. Los datos que se esfuerza en destacar Guzmán son ciertos, pero cuentan sólo una parte de la realidad.

 

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