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El juez del "Lava Jato" llega a la Argentina

Sérgio Moro estará en marzo en Buenos Aires. Además de charlas públicas participará del programa de modernización "Justicia 2020". Coimas y sobre precios, en la mira.

En los últimos días del año pasado, el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Germán Garavano, firmó un convenio con el presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Autónoma de Buenos Aires, Guillermo Lipera. Fue una más de las acciones que completan el programa de modernización judicial, "Justicia 2020".

En esa reunión del 29 de diciembre se daba un paso concreto en materia de transparencia, prevención y lucha contra la corrupción. Y destacaba la posibilidad cierta que ambas partes organizaran la visita al país del juez federal de Curitiba, Brasil, Sérgio Moro responsable de lo que hoy conocemos como "Lava Jato".

Finalmente se ha concretado y en marzo llega a Buenos Aires el juez anticorrupción que acabó con la vida política y empresarial de varios peces importantes en Brasil, desde la destituida Dilma a los empresarios Marcelo Odebrecht (con condena de 19 años y 4 meses), a Mariano Marcondes Ferraz, el último hasta el momento, quien fuera detenido en octubre pasado.

La visita de Sérgio Moro es más que un gesto político, toda vez que se ha transformado en uno de los jueces que con mayor eficacia y sin contemplaciones está yendo al nudo de un sistema de corrupción naturalizado en toda la región: sobre precios en la obra pública y pago de sobornos a políticos. En la semana, el ex presidente de Perú, Alejandro Toledo, fue protagonista del último escándalo: el fiscal de su país, Hamilton Castro lo acusó por los presuntos delitos de tráfico de influencias y lavado de activos. 

El fiscal afirmó que Odebrecht creó un departamento de coimas, llamado División de Operaciones Estructuradas, desde el cual se operativizaba el pago de los sobornos a nivel internacional en el marco de los concursos para la realización de obras públicas.

Una magnitud del daño profundo de esta empresa es que también a fines de 2016 tuvo que acordar con el Ministerio Público Federal de Brasil, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la Procuraduría General de Suiza una multa, pagadera en 23 años, de 3.500 millones de dólares. Esto evitó su quiebra y la reparación de sus malas prácticas empresariales.

La llegada de Moro a Buenos Aires está, además, enmarcada en la auditoria que solicitó el Colegio de Abogados al Consejo de la Magistratura, y en las acciones que impulsa el organismo para una mayor eficacia del trabajo anticorrupción. Moro, con apenas 43 años, ya suena como candidato a suceder la vacante dejada por Joaquim Barbosa en la Corte Suprema. Su postulación fue formulada por la Asociación de Jueces Federales de Brasil.

Con un pie en Argentina, Moro ya debe tener preocupado a más de un político y empresario, en especial a aquellos que forman esos matrimonios de conveniencia entre poder y obra pública. ¿Será cierto que hay algunos mendocinos también preocupados? Ampliaremos.