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Es muy simple: ¿cuántos pobres hay?

Kiciloff manda a Donda a ponerse plumas pero escapa a la respuesta fundamental.

 Terremoto. Tucumán. Niembro. Unas noticias y sus réplicas desplazan a otras, pero no deberíamos olvidar que esta semana el ministro de Economía se negó otra vez a decir cuántos pobres hay en el país, y encima mandó a una diputada, que le había pedido que lo dijera, a ponerse las plumas para salir en los diarios.

Hace un par de décadas Domingo Cavallo mandó a los científicos a lavar los platos y ahora Axel Kiciloff manda a Victoria Donda a ponerse las plumas. Todo muy bonito para un título periodístico, pero en el fondo hay una misma actitud de negarse a conversar y a llegar al fondo del tema.

El problema para Kiciloff es que, por más que intente distraer, sigue sin explicar cuántos pobres hay. O mejor dicho, por qué hay tantos como se sospechan, a pesar del discurso del modelo de crecimiento e industrialización con sustitución de importaciones con inclusión social, etcétera. Es impresionante cómo después de tantos años de relato, sostenido con unas millonadas de pesos que le hubieran mejorado la vida a muchos argentinos, el ministro no puede responder directamente a una pregunta tan simple: cuántos pobres hay.

Como tampoco puede responder a cuánto asciende la inflación.

O adónde quedaron los ingresos record de estos años de crecimiento a tasas chinas y soja por las nubes.

La negativa de Kiciloff a decir cuántos son, con el argumento de que no los quiere estigmatizar, es una muestra concreta de que el kirchnerismo sabe que, sustancialmente, no hay muchos menos pobres. Porque si los hubiera, él mismo se encargaría de gritarlo a todos los vientos con su inmenso aparato de propaganda. ¿O acaso el mejor gobierno no es el que hace que sus habitantes sean cada día un poquito menos pobres?

Así que vamos entrando en los meses finales de un gobierno que no se anima a decir en cuánto castiga a los ciudadanos con su malgasto inflacionario, o cuántos pobres ha dejado después de haber tenido la mejor situación macroeconómica de los últimos 70 años en la Argentina.

A saber: haber recibido un país defaulteado por otro (Rodríguez Saá, lo cual permitió renegociar la deuda desde una paradójica posición de mayor fortaleza); devaluado por otro (Duhalde) y bendecido por otro (el precio de la soja). El kirchnerismo recogió lo que no había sembrado y enfrentó las mejores posibilidades de la historia de disminuir el número de pobres, pero está tan claro que no lo hizo que ni siquiera se anima a reconocer cuántos son.