¿El país va a mejorar con los CEOs en la función pública?
El 22 de julio último, en Entre Ríos, Mauricio Macri criticó la cantidad de vuelos cancelados de Aerolíneas Argentinas y expresó algo que lo repetiría en su campaña: "Hay que nombrar a los más capacitados, ya que el Estado no puede ser un aguantadero de La Cámpora".
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Cuatro meses después, como presidente electo, anunció para el cargo que hoy ocupa Mariano Recalde a Isela Costantini, quien llega tras desempeñarse como directora general de General Motors de Argentina, Uruguay y Paraguay (donde hizo una extensa carrera desde julio de 1998).
Por un lado, un licenciado y doctor en Derecho, referente de La Cámpora e hijo de un diputado nacional peronista, y por otro, una profesional con dos posgrados en el exterior (uno de ellos, un MBA de Marketing y Negocios Internacionales de una universidad estadounidense), que desde hace 10 años trabaja en el más alto nivel gerencial a nivel regional de uno de los tres mayores fabricantes de automóviles del mundo.
Muchos suponen que con la idea de oxigenar la gestión pública con profesionales exitosos, idóneos y competentes del ámbito privado, las cosas saldrán mejor. Pero, ¿qué dicen los expertos de esto?
Claudio Ameijeiras, director de la consultora porteña Theorema (especializada en desarrollo organizacional) afirma que las competencias que hoy debe reunir un funcionario público para resolver los desafíos complejos de la Argentina que viene son la honestidad, capacidad y gestión del cambio.
Honestidad para dar el ejemplo. "Ser un modelo a seguir, no sólo para la gente en general sino para que estos valores se derramen positivamente en el entorno de trabajo y poder paulatinamente convertir a la función pública en un lugar apasionante para trabajar, donde primen los resultados visibles y se minimice al máximo posible la corrupción".
Capacidad. "Considero que existe en Argentina gente muy preparada para ocupar altos cargos públicos, independientemente del partido político. Hay gente con know how, entonces el desafío es alinear a todos hacia un país previsible, serio y con altos índices de desarrollo".
Gestión del cambio. "Hacer bien las cosas correctas, no conformándose con el status quo del sistema que tiende a empujar todo hacia abajo. Revertir ésto no será tarea fácil pero tampoco imposible. Se requiere de personas con actitud de servicio en serio, ganas de hacer y con objetivos claros".
Ameijeiras destaca que "resulta vital buscar al más adecuado para cada posición" y que eso puede darse con una persona "de afuera del sistema público", ya que "le puede dar otra impronta, mirar las cosas desde otro lugar, desafiar los límites propios que impone el sistema, no bajar los brazos y producir cambios".
"Considerar el impacto que tendrá en los interlocutores"
Gonzalo Matta, managing partner para Latinoamérica de la consultora WallChase, destaca que el funcionario debe tener un espíritu de trabajo en equipo, tal como "lo pregona el nuevo gobierno", como también lograr objetivos compartidos produciendo sinergia entre sus integrantes; el poder adaptarse a los distintos contextos, como también "promover y transmitir el espíritu de equipo sabiendo concretar alianzas internas y externas para así alcanzar las metas propuestas".
También destaca como competencias de un funcionario público " la comunicación definida como la habilidad para transmitir e intercambiar ideas en forma clara considerando el impacto que puede tener en sus interlocutores, deberá alentar la comunicación abierta entre todos para generar espacios para el encuentro y compartir información relevante".
Por último, Matta agrega que el funcionario público "deberá además planificar sus tareas alcanzando los plazos establecidos utilizando los recursos disponibles asegurando estándares de calidad".
"No menor es la orientación a resultados donde deberá alcanzar los objetivos que han sido propuestos para su función", explica.
El analista político Sergio Berensztein ya había destacado la falta de políticos profesionales, es decir, una sana combinación de cuadros políticos y técnicos sofisticados en la función pública, ya que "sobre todo en el último período" ha prevalecido la idea de la militancia "como curso cerrado para participar del Estado".
Mauricio Macri calificó a su equipo de gobierno como "el mejor de los últimos 50 años" y su fortaleza no abunda en la trayectoria política de sus protagonistas, aunque sí algunos de ellos han desarrollado una buena carrera en la función pública de la Ciudad de Buenos Aires. La siguiente infografía interactiva pone en relieve qué hicieron en el ámbito privado y en cuanto a capacitación, las maestrías y doctorados de quienes integran los equipos de Cristina y Macri.
La infografía muestra en qué se distingue más el perfil de los funcionarios de Macri respecto de sus antecesores: menor trayectoria en la política partidaria y en la función pública (en la mayoría de los casos), pero más nivel de educación (en masters y doctorados en el exterior, sobre todo) y destacada trayectoria en el ámbito privado. Ante esto -y teniendo en cuenta las competencias ya mencionadas por los especialistas consultados- ¿cuál de los dos grandes perfiles se adapta mejor para entender y sacar adelante a una Argentina con muchos agujeros, como la que deja Cristina?
"En base a nuestra experiencia y conocimiento del mercado, creemos que existen excelentes profesionales tanto en el ámbito privado como en el ámbito publico, quienes cuentan con estas competencias y pueden desarrollarse de manera satisfactoria en la función", resume Gonzalo Matta.
En tanto que Ameijeiras, quien habló de capacidades como honestidad, gestión de cambio, capacidad y profesionalismo en la gestión pública, apuesta a la diversidad, es decir, a equipos con gente joven y no tanto, gente de la función pública y privada, con muchas miradas distintas", aunque ello requiere de "liderazgos y consensos".
"Creo que es una buena decisión armar un equipo de trabajo que haya tenido experiencia en la función privada. Las personas que han trabajado en ese mundo saben de orientación a resultados y de manejo de presión; de guiar a sus equipos a altos niveles de desempeño, a motivar, a desarrollar a las personas y de alinear en busca de objetivos concretos, desafiantes y alcanzables. Resulta vital una conjunción entre lo académico (graduación universitaria, posgrados, MBAs) y una demostrable experiencia en gestión, sobre todo en lo que se refiere a competencias de liderazgo de equipos de alto rendimiento. Requiere el liderazgo de una persona que sea clave para el desarrollo del equipo y de su motivación al cumplimiento de los objetivos propuestos", fundamentó el director de Theorema.
En este caso, ¿qué es un buen liderazgo en la función pública? El neurólogo y neurocientífico Facundo Manes, de reciente paso por Mendoza, lo ha resumido así:
"El líder debe tratar de posicionarse como uno más del grupo, pertenecer al conjunto más que estar por encima. Ser más la regla que la excepción. El nuevo líder debe comprender que puede equivocarse (y de hecho, se equivoca) y que admitir los errores no lo hace más débil, sino más fuerte. El nuevo liderazgo no se logra con divisiones y falsas batallas. La batalla es contra la ignorancia, la pobreza, la delincuencia, la corrupción, la desigualdad de oportunidades".