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Un comienzo más tranquilo de lo esperado

A sólo una semana del fin del cepo, es auspicioso poder hablar de otros temas y no del dólar.
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Los precios han aumentado en las últimas semanas pero no es nada nuevo en la economía argentina, porque hace cinco años que venimos con una tendencia creciente (en 2014, por ejemplo, la inflación fue del 37%). Pero el consumo no se ha detenido (al igual que en los últimos años) y entre el Ahora 12, las ofertas y las cuotas en tarjetas, andar por el Centro ha sido complicado en estos días. Nada sustancialmente distinto de los años anteriores, en los cuales la nafta, por ejemplo, aumentó 137% desde 2012 sin que a nadie se le moviera demasiado un pelo.

Lo notable es que podamos hablar de eso, cuando hasta hace muy poco pendía sobre nosotros un monstruo sobre el cual se hacían las previsiones más catastróficas: la devaluación. Que tuvo su test hace sólo unos días (jueves 17 de diciembre) y que arrancó tan bien que hoy el precio del dólar ya ni sale en la tapa de los diarios no especializados. Si alguien hubiera predicho hace unas dos semanas que la salida del cepo hubiera sido así, lo hubieran acusado de excesivamente optimista.

La devaluación superó el test: hoy el precio del dólar ya ni sale en la tapa de los diarios no especializados.

El sinceramiento cambiario no ha sido solamente la marcha hacia un dólar único. Se trata de un proceso largo que implica al menos cuatro variables: la liberación en sí del dólar; la contención de la inflación que ello origina (Kiciloff devaluó 20% en enero de 2014 y eso generó el año más inflacionario del kirchnerismo); el manejo de las tasas de interés y, finalmente, la reactivación de la producción.

En este contexto, además del primer paso de la flotación, ha sido notable el comportamiento de las tasas: aumentaron un 9% el primer día pero sólo una semana después bajaron dos puntos, mucho antes de lo que otros optimistas hubieran podido imaginar. En cuanto a la reactivación de la producción, hay que pensar sólo una cosa: que dentro de unos meses, cuando se arme la cadena exportadora, por cada dólar que exporte una empresa recibirá un 35% más de ingresos, sin contar que ya se empezó a ahorrar el 5% que le eliminaron de retenciones.

La clave de la tranquilidad puede estar en que Macri no entró a los hachazos a recortar y pretender solucionar todo en pocos meses.

Lo que realmente sorprende, en una mirada general que contemple la magnitud de la bomba económica que dejó el kirchnerismo, es que han sucedido muchísimas cosas en estas dos semanas de macrismo sin que los ánimos se hayan alterado demasiado (con excepciones como Cresta Roja, otro legado del populismo kirchnerista-chavista que ahora hay que desactivar). Es altamente probable que ello se deba a la manera en que el nuevo gobierno encaró las cosas, es decir que no entró a los hachazos a hacer recortes y pretende solucionar todo en pocos meses, sino que ha decidido que las cosas se hagan con más tranquilidad de lo esperado.

Las pruebas de que el costo social le importa al gobierno son la eliminación de Ganancias en sueldos hasta $ 30.000 para este fin de año; el aumento en la Asignación Universal por Hijo ($ 400 adicionales sobre unas percepciones patéticas de $ 837) y el aumento a los docentes de siete provincias del Norte para que sus sueldos superen el salario Mínimo, Vital y Móvil. Sin olvidar la homologación de todos los bonos de fin de año que se están acordando en paritarias.

Lo importante de esta salida del cepo tan tranquila es que le otorga al gobierno poder de fuego para lo que viene, que no es poco. Empezando por la inflación, que requerirá de un gran acuerdo social pero también de la amenaza pendiente de abrir las importaciones a todos los productos cuyos precios se vayan de madre. En eso, los cuestionables decretos de Macri (jueces de la Corte e intervención de la AFSCA) tienen una segunda lectura: que Macri no es De la Rúa y que está dispuesto a pagar costos políticos (si es que a la larga los paga) con tal de demostrar que él es el que manda.