Despacito con la bomba
Los anuncios económicos de estos días son todos pasos en una dirección inexorable: la desactivación de la bomba que el kirchnerismo dejó en la economía. Es una bomba llena de cables cruzados, que ocultan otros que todavía no se conocen, y que sólo se puede desactivar procediendo poco a poco, porque ante cada intervención aparece el riesgo de que explote todo junto.
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El primer paso fue decidir que los salarios hasta $ 30.000 no paguen impuesto a las Ganancias cuando se les sume el aguinaldo de diciembre. Las cajas estaban tan vacías que en un principio se decidió no hacerlo, pero finalmente Macri anunció que lo implementaría de inmediato. Eso muestra mucho de lo que vendrá con las próximas medidas, que es la tensión entre reducir la presión impositiva y la necesidad de no desfinanciarse sin tener que recurrir a la emisión. Porque por ahí va la clave de todo el proceso.
El segundo paso fue el lunes, cuando se eliminaron o rebajaron las retenciones agropecuarias, industriales y de las economías regionales.
Obvio que a la soja no se le puede quitar todo de golpe, porque ahí sí que no sostenemos al Estado. Pero el gesto es interesante, porque rebajar de 35 a 30% significa una mejora de alrededor del 15%. Si hasta ahora los sojeros pagaban $ 100 de retenciones, ahora pagarán $ 85. Por algo se empieza.
Ni hablar de que los exportadores de maíz, trigo y carne tendrán mejoras automáticas absolutas porque ya no tributarán nada. No es poco: en el trigo eran del 23% y en el maíz de 20%.
En rubros como la vitivinicultura los números son interesantes, porque según un cálculo de Bodegas de Argentina, dejar de tributar el 5% en vinos y mostos implicaría unos 35 millones de dólares que quedarían en Mendoza. Además de mejorar la rentabilidad, evita el trámite burocrático de tener que pagar cada vez que se hace una exportación.
Entre las bombas que vienen hay unas cuantas que son muy peligrosas.
Una es la del dólar futuro, un regalito que dejó Alejandro Vanoli en el Banco Central (por el cual está imputado en la Justicia) que consiste en que vendió contratos a 10 cuando los podría haber vendido a 15. Así de simple. A pesar de que en Nueva York el dólar futuro a marzo se vendía a $ 15, aquí se lo vendió a los bancos a $ 10. Por lo cual, cuando los vengan a rescatar, habrá que emitir en pesos toda esa diferencia para cumplir con esa obligación. Sturzenegger amagó el viernes con no pagarla, pero los problemas jurídicos serían muy grandes si no se lo hiciera. Y no pagarlo implicaría una especie de default, malísima palabra para el mundo entero.
Pero la bomba más grande es el cepo cambiario, que tendrá novedades en los próximos días. Todo indica que la salida será gradual, justamente para evitar que todo vuele por los aires.
Por lo que se sabe hasta ahora, las importaciones se abrirán gradualmente, con el foco en los insumos esenciales para la producción (lo cual no está para nada mal, dicho de paso).
Y después vendrá lo demás, como consecuencia de que habrá un tipo de cambio único, que nadie estima que superará demasiado los $ 14. Serán la eliminación del 35% de adelanto a las Ganancias en los viajes al exterior (aunque a los que ya lo pagaron se les deducirá igual del impuesto), y la eliminación del dólar ahorro. Habrá un solo dólar y será como antes (como por ejemplo durante toda la presidencia de Néstor y todo el primer período de Cristina): cualquiera irá a una casa de cambio y los comprará, sin que nadie lo acuse de traidor a la patria.
Detrás de todo esto está el problema más grande que tiene la República Argentina a pocos días del regreso de Cristina a Santa Cruz: que el país se ha quedado sin dólares y ha perdido confianza internacional para salir a buscarlos rápidamente, así que todos los esfuerzos apuntan a que, a cambio de medidas como las bajas en las retenciones, los argentinos que tengan dólares los pongan rápidamente en juego, como si fueran tubos de oxígeno para una persona con problemas respiratorios.
Este resumen es sólo una pequeña muestra de los muchos temas que están en el aire y cuya resolución hay que encarar poco a poco. Con paciencia y pericia, en algún momento, dentro de varios meses, tal vez llegue un día en que alguien, suspirando, nos diga que el riesgo de explosión fuerte ya pasó. Después, por supuesto, vendrán nuevos problemas.

