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Los números que no conocemos

Desde el índice de inflación hasta la cantidad de empleados públicos, todo es terreno desconocido.
Foto: NA
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En su primera conferencia de prensa, Mauricio Macri no sólo comunicó que quiere comunicar en forma diferente de Cristina, sino que reflejó claramente cuál va a ser uno de sus principales problemas: saber con qué se encuentra. Por si tenía dudas de que iba a ser difícil, Cristina le cerró absolutamente el juego durante el encuentro privado del martes.

Por ejemplo, todos queremos saber cómo se va a levantar el cepo, pero para eso hay que saber primero cuántos dólares quedan en el Banco Central.

El problema de los números es gravísimo en la Argentina, y tal vez todavía no imaginemos cuál será la auditoría final sobre la administración kirchnerista. Si se pudiera, habría que hacer como cuando se compra un negocio: hacer un arqueo implacable y después empezar a administrar sobre eso.

Una pequeña lista de lo que no sabemos puede ser la siguiente (y se admiten agregados por parte de los lectores):

No se sabe de cuánto es la inflación. Ni ninguno de los otros números que dependen justamente del índice de inflación.

No se sabe cuántos pobres nos dejan.

A partir de eso, no se sabe cuántos planes sociales hay que otorgar (porque si no medimos la cantidad de pobres, después no podemos ayudarlos).

No se sabe cuántas viviendas hacen falta (y donde hay viviendas, no se sabe cuántas redes de gas natural hay que tender o cuánto asfalto hay que poner en las calles o cuántas redes de electricidad hay que desplegar).

Tampoco se sabe muy bien cuántos de los fondos de la Anses se utilizan para lo que se creó el Anses: pagar las jubilaciones. Porque tampoco se sabe muy bien cuántos de esos fondos fueron para los planes de ahorro o para pagar campañas políticas, entre otras cosas.

Ni hablar del Banco Central de la República Argentina, cuyas reservas parecen ser tan finitas que ya emite circulares los días sábados para acceder a los dólares de los bancos.

Tampoco se sabe cuántos empleados públicos van a quedar (sobre todo porque aumentan día tras día).

Ni cuál será el precio de los servicios públicos post subsidios (que tampoco está muy claro a cuánto ascienden).

No se sabe cuánto costó el Fútbol para Todos, porque los aportes venían desde vías diferentes (aunque sí se sabe que los clubes siguen igual de fundidos).

Tampoco, cuánto se podría haber ganado, o disminuido en su déficit, si en lugar de propaganda inútil se hubiera aceptado publicidad privada en los entretiempos.

La Argentina está llena de números inciertos y no hay más remedio que conocer el terreno que se pisa para saber cómo caminar. Lo que no habrá que olvidar nunca es cómo dejaron el terreno quienes tenían la obligación de cuidarlo.