Feria del Juguete, un monstruo difícil de controlar
Inmune al clima recesivo que vociferan a diario economistas y comerciantes la Feria del Juguete de Guaymallén crece año a año con una elogiable facturación que este año superó los $10 millones de pesos, según cálculos estimativos.
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Si bien la organización del predio va mejorando en cada edición, el mecanismo de venta mantiene el pago exclusivo al contado y la factura salteada como rasgo distintivo salvo contadas excepciones.

En una feria que convoca a más de 100.000 personas y casi 300 puestos con una facturación promedio de unos 45.000 pesos en cuatro días, los números hablan por sí solos.
El movimiento genera un volumen de ventas global de unos 13 millones de pesos, los cuales difícilmente se vean plasmados en las declaraciones a Administración Tributaria Mendoza, a decir por el escaso circulante de tickets y facturas.
Según uno de los feriantes, la situación no se da por el floclore nacional de la evasión fiscal, sino también por la forma en la que se vende.
“Se hacen muchas ventas muy rápido, al paso, y muchas veces no te da tiempo de hacer la factura por cada venta”, explicó la fuente, tras su primera participación en el evento.
“Se hacen muchas ventas muy rápido, al paso, y muchas veces no te da tiempo de hacer la factura por cada venta”, dicen los feriantes.
De esta forma muchos puesteros optan por hacer “15 o 20 facturas de una sola vez” para presentar ante los inspectores, aunque el volumen de clientes hace que la mayoría de las transacciones queden en el tintero.
El uso de terminales para pago con tarjetas de débito o crédito podría servir de “ayuda memoria”, pero es una opción disponible solo en un puñado de espacios.
La solución funciona para comerciantes de envergadura que aprovechan la feria para hacer un extra, ya que tienen convenios establecidos para el cobro con plástico. Para un feriante de ocasión la movida representa seguramente un dolor de cabeza burocrático y de bolsillo innecesario.
Pese a que muchos vendedores coincidieron en que este año hubo menos visitantes que en otras ocasiones la mayoría coincidió en que las ventas anduvieron bien, por lo que los casi 2.900 pesos que pagaron a la municipalidad de Guaymallén por un lugar en el predio valieron la pena.
De todos modos, y si sirve para consuelo de ATM, otros feriantes coincidieron en que las ganancias en realidad no fueron exorbitantes ya que la inflación y la competencia para acaparar la demanda significó comprar bastante más caro que el año pasado y vender con un margen más ajustado.
De hecho el comerciante “principiante” de la feria consultado comentó que de los 45.000 pesos que facturaron en su puesto, casi 40.000 pesos se fueron en mercadería, impuestos y armado del stand, por lo que el saldo fueron unos magros 4.000 pesos.


