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Los dos males que se intentan tapar con Chevron

El acuerdo de YPF con la petrolera norteamericana busca dar respuesta a una bomba de tiempo: el déficit comercial y la caída en las reservas.

El esfuerzo del Gobierno para que finalmente YPF llegue a un acuerdo con Chevron, que le permita conseguir recursos (en este caso U$S1.240 millones en cinco años) para acelerar los trabajos de exploración y explotación de Vaca Muerta, el segundo mayor reservorio de hidrocarburos no convencionales del mundo, esconden dos problemas serios: el déficit creciente en la balanza comercial y la peligrosa caída en el nivel de producción y reservas comprobadas de gas y petróleo. Juntos, estos dos problemas son una bomba de tiempo para la economía del país.

Si bien aún queda por resolver la batalla legal internacional desatada por Repsol, la nacionalización de YPF el permitió al Estado recuperar activos estratégicos (la titularidad de las áreas petroleras y gas), pero no le abre el paso a la llegada del capital necesario como para explotar estas áreas. En especial en lo que respecta a Vaca Muerta, un yacimiento con riqueza hidrocarburífera única en el mundo (la 2º mayor del planeta) pero que demandaría unos U$S37.000 millones de inversión para extraerla.

Sin acuerdos significativos con otras empresas que quieran invertir, con el acceso a los mercados financieros internacionales cerrado y sin la posibilidad de obtener una ayuda significativa del Estado vía inversión pública, YPF está librada a su suerte. Y con YPF, está atada la suerte del país.

El escenario es crítico, en cuanto a producción de hidrocarburos. Y su caída está directamente relacionada con el déficit en la balanza comercial de la Argentina, ya que mientras menos petróleo y gas se extrae en la Argentina, el país tiene que importar más. El acuerdo con Chevron no alcanza a resolver los problemas de fondo.

Para dimensionar este problema, sirven estos tres gráficos elaborados por la consultora Abeceb.com en base a datos oficiales:

La situación del gas en la Argentina no es distinta:

La baja en la producción de gas y petróleo en una economía que crece, genera un impacto directo sobre la balanza comercial del país. En este caso, generando déficit comercial:

Basta mencionar un dato en tiempos de discusión sobre “soberanía hidrocarburíferas”: sólo este año se espera que le déficit en la balanza comercial de hidrocarburos (se importa más de lo que se exporta) alcance los U$S6.600 millones (ver último grafico).