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Las preferencias por el efectivo de los argentinos enfrían la escalada inflacionaria

El circulante en manos del público, fuera de los bancos y retaceado al consumo, creció 37,2% en el año y ayuda a que la mayor emisión tenga un impacto moderado en los precios.
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Una ampliación de la base monetaria del orden del 36% interanual ha tenido, hasta el momento, un impacto moderado en la dinámica de precios y eso se debe a un tan inesperado como débil dique de contención: la cada vez mayor cantidad de billetes y monedas en manos del público causada por el cepo cambiario. La perspectiva de un retorno al crecimiento económico en los próximos meses, alertan especialistas, podría empujar a la inflación un escalón más arriba de la pauta actual del 25% anual cuando ese dinero vuelva a volcarse a la economía.

Sin posibilidad de acceso al mercado cambiario y con el renovado celo fiscalizador de la AFIP en mente, los argentinos aumentaron sus tenencias de efectivo un 37,2% en agosto respecto a un año atrás. Ese mismo mes, el 51% del dinero transaccional (M2 en la jerga económica) era circulante. Los billetes y monedas en los bolsillos de las familias superaron en su crecimiento al de las cajas de ahorro y cuenta corriente, que avanzaron 26,8% nominal en el mismo período. Es decir, que el público con capacidad de ahorro prefirió mantener los pesos en sus casas en lugar de en el banco.

Esa preferencia por pesos en papel tiene varias explicaciones. Al impedir el atesoramiento de dólares en el mercado oficial e, incluso, limitar la demanda de divisas con fines específicos "como el turismo" las familias se vieron forzadas a conservar una mayor parte de su flujo de ingresos en pesos.

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