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El ocaso de la dirigencia empresaria: aplausos en público y críticas en privado

Los empresarios argentinos están dispersos, desunidos. Se muestran inquietos en privado, pero se calzan el traje de ovejita dócil cuando se los consulta en público. El silencio le fue ganando terreno a la palabra y, a su vez, la palabra se fue vaciando de contenido. Fue un proceso lento de descomposición de la opinión empresaria.
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Jamás los unió el amor. Y mucho menos el espanto. Los empresarios argentinos están dispersos, desunidos. Se muestran inquietos en privado, pero se calzan el traje de ovejita dócil cuando se los consulta en público. Especialistas en aplausos presidenciales, los hombres de negocios llenan cada uno de los anuncios oficiales sin importar demasiado cuál sea el motivo del llamado. Batir las palmas en la Casa Rosada, y si es posible desde las primeras filas, cotiza cada vez más, informa hoy el diario La Nación.

El silencio le fue ganando terreno a la palabra y, a su vez, la palabra se fue vaciando de contenido. Fue un proceso lento de descomposición de la opinión empresaria. Cada cual trató de mantenerse en pie a cualquier precio y el individualismo se empezó a imponer.

La voz empresaria está disfónica en la Argentina. Casi que no se escucha. Y claro está, la dirigencia lo siente. Las entidades gremiales que debieran representar a los hombres de negocios están desorientadas. Hay algunas que no encuentran la manera de expresar en público lo que piensan sus asociados sin molestar al Gobierno. Otras no dejan de apoyar todo lo que hace al modelo kirchnerista y jamás se permiten expresar la más mínima crítica. Varias callan y las menos se animan a dar una opinión algo más sincera de lo que sucede.

La última muestra la dio la confiscación de YPF. Apenas dos asociaciones empresarias tuvieron una visión crítica y se animaron a plasmarlo en un comunicado. Bien podría ser que todas hayan estado de acuerdo con la medida, pero no. Sólo es cuestión de hablar con algún empresario, muchos de los cuales firmaron los comunicados, para advertir que la postura de tantísimos pocos tiene que ver con las letras de las palabras públicas.

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