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Un sobreviviente pondrá en marcha la fundición más grande del país en Mendoza

A los 67 años, Ricardo Guizzo está al frente de Moracort, una empresa con larga tradición en el sector metalmecánico de la provincia y que se prepara para, en un plazo máximo de 90 días, poner en marcha la fundición más grande de la Argentina. Estará en Luján y producirá 1.200 toneladas al mes de piezas de hierro fundido. Firmaron un acuerdo con la fábrica de tractores Pauny para sustituir importaciones.
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Ricardo Guizzo es un sobreviviente y su perseverancia, talento y esfuerzo pueden permitirle a Mendoza soñar con un futuro desarrollo industrial allí donde hoy sólo hay ruinas.
A sus 67 años, Ricardo Guizzo está al frente de Moracort, una empresa con larga tradición en el sector metalmecánico de la provincia que se prepara para en un plazo máximo de 90 días poner en marcha la fundición más grande de la Argentina. Y como una revancha del destino, todo se está armando en los mismos galpones del Parque Industrial Municipal de Luján, allí donde están las instalaciones que tenía y explotaba YPF antes de ser privatizada.

Todo está listo y se intensifican los trabajos para llegar a armar todo con la idea de producir por mes unas 1.200 toneladas de piezas de distinto tipo de hierro fundido. Hoy en toda la Argentina no hay una industria capaz de producir a este ritmo, por lo que gran parte de lo que se usa en la industria automotriz, autopartista y metalmecánica debe ser importado. Ahí es donde entra la fábrica de tractores argentinos Pauny (la ex Zanello), que gracias a la firma de un contrato con Brasil para exportar más y luego de invertir U$S7 millones para ampliar su producción de 1.000 a 2.000 tractores al año, con la que Moracort ya tiene un preacuerdo firmado para fabricarles las autopartes necesarias (brazos de dirección, cajas, bloques del motor, entre otros) como para sustituir las importaciones que tiene que hacer la fabricante de maquinaria agrícola para poder armar sus unidades.

Debacle
Toda la historia en torno a lo que  hoy es y promete ser Moracort habla de revancha, de resurrección y de esperanza de una empresa pero también de un sector que fue clave en la economía de Mendoza, pero que fue cayendo y perdiéndose.

Como en muchos otros casos, la unión de Ricardo en la metalmecánica arrancó con su padre, Santos Luis Guizzo, un cordobés que llegó en 1945 cuando tenía cinco años a Mendoza y aquí en su adultez montó un taller metalúrgico. Santos Luis tuvo cuatro hijos, pero sólo dos lo siguieron en la empresa familiar.

Luego de egresar en 1965 de la mítica escuela Pablo Nogues como técnico mecánico, Ricardo se unió a la empresa de su padre. Unos pocos años después, lo siguió su hermano Omar, quien murió hace dos años de una insuficiencia cardíaca. “Se lo llevaron de la empresa con un fuerte dolor en el pecho”, recuerda con dolor Ricardo, lamentando todo el estrés, amarguras y obstáculos que tuvieron que pasar y que le costo la vida a su hermano.

Como empresa, los Guizzo las pasaron todas. Desde el Rodrigazo en 1975 y las posteriores medidas económicas aplicadas por la dictadura militar, a la hiperinflación de Alfonsín, la década de destrucción de la industria nacional como fueron los ’90, luego el corralito y la debacle del 2001.

Sobrevivieron gracias a que en los ’90 ganaron una licitación para ser proveedores de obras sanitarias en Mendoza. Desde entonces y hasta ahora son los que fabrican las válvulas, cierres, tomas y otras piezas de hierro fundido que se usan para las cañerías de agua y saneamiento en Mendoza. Y se especializaron tanto que buscaron crecer en producción con el objetivo de exportar sus productos.

Si algo distingue a los Guizzo es que siempre quisieron ir por más. Mientras todo se derrumbaba en el país, ellos fueron y compraron en remate la fundición (hornos, moldeadoras y cadenas de producción) de la ex Sevel, la empresa de los Macri que fabricaba los Fiat Uno, Duna, Spazio, y los Peugeot 504 y 505.

En un principio estaban instalados en el parque industrial de Las Heras, el que está cerca del Aeropuerto justo cuando empieza la Acceso Norte, pero fueron tantas veces víctimas de la inseguridad (Ricardo Guizzo asegura que los robaron 112 veces), que decidieron irse.

Con esa idea, presentaron un proyecto en la Municipalidad de Luján para ocupar parte del predio que recibió luego de la privatización de YPF a mediados de los ’90. El municipio creó el Parque Industrial Municipal de Luján (enfrente de la destilería) y allí le dio a Moracort un predio en concesión por 20 años (con opción por otros 20) para que se instale en unos viejos galpones absolutamente en desuso y a merced del vandalismo y los robos.

En septiembre de 1999 los Guizzo tomaron posesión del predio con la idea de instalar allí los hornos de fundición eléctricos y la producción mecanizada que habían comprado. Para hacerlo, la empresa tuvo que empezar a hacer inversiones, llevar servicios, habilitar la conexión de alta tensión (5,5 MW de potencia) para alimentar los hornos de fundición eléctricos e instalar la maquinaria. Pero los vaivenes de la economía volvieron a jugarles una mala pasada.

“Habíamos conseguido un crédito para poder financiar la puesta en marcha de la planta en el 2000, pero el corralito nos agarró justo y el crédito otorgado se trabó y el banco no nos habilitó un peso más. Y desde entonces nunca más conseguimos un crédito para poder empezar a producir”, cuenta Ricardo.

Resurrección
Los Guizzo siguieron peleando. Todo lo que tenían lo fueron invirtiendo en la planta pero era poco como para poder ponerla en funcionamiento. Así pasaron los años hasta que llegó 2011 y el contexto argentino le abre una nueva oportunidad a ellos y al sueño de una Mendoza industrial.

La visión de futuro, que los llevó a comprar la fundición de la ex Sevel en un remate a fines de la década del ‘90, fue su carta ganadora. Como los únicos en el país con la experiencia, conocimiento y capacidad de fundición suficiente como para producir al mes 1.200 toneladas en piezas de distinto porte, y luego de desechar una oferta para que se lleven todo y se instalen en Chile, los Guizzo recibieron una tentadora propuesta de negocios de la fábrica de tractores Pauny: producir autopartes de los futuros tractores que luego serán exportados a Brasil y otros mercados. La ex fábrica de tractores Zanello necesita encontrar proveedores locales de las piezas que hoy importa, por lo que llevó a Mendoza a proponerle a Moracort una alianza estratégica.

A cambio de apoyo económico para poner a funcionar la planta que tienen en Luján, Moracort se transformará en proveedora de la Pauny. Y junto con ellos, ya hay contactos también para fabricarle piezas de carrocería para Carraro SA, la empresa argentina  que compró la ex Deutz y fabrica maquinaria agrícola.

Para poner en marcha la planta y generar 250 puestos de trabajo, Moracort necesita una inversión total de U$S800.000. Para completar esa suma, la empresa mendocina se presentó al concurso abierto de propuestas organizado por el Instituto de Desarrollo Industrial, Tecnología y Servicios (Iditis), Mendoza Fiduciaria y el Fondo de la Transformación y Crecimiento (FTyC) que repartía $5 millones en créditos a tasa cero.

El plan de negocios y proyecto presentado por Moracort ganó y obtuvo un crédito de $500.000 a tasa cero y cinco años de plazo con uno de gracia para devolverlo.

Con este dinero, más el apoyo comprometido por Pauny e inversión propia, adelantó Ricardo Guizzo, ya pueden poner a producir la planta de Luján, que no sólo fabricará piezas para tractores sino que seguirán haciendo válvulas, tomas, cierras y piezas de cañerías de hierro fundido para satisfacer la demanda interna y exportar. El plan es empezar a trabajar en no más de 90 días.

La primera etapa de la puesta en marcha incluye la puesta en funcionamiento de dos hornos de fundición de doble cuba (trabajan a 1.600 grados de temperatura) y dos líneas de máquinas de premoldeado.

“No había que haber abandonado este jamás. Hasta 1980 la Argentina fue potencia industrial regional, pero eso se perdió. No se puede vivir sólo de la Agricultura”, destaca Ricardo, antes de admitir: “no me quiero morir y que todo esto se pierda”.

Por Federico Manrique

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En Twitter: Fede_Manrique