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¿Profundizando qué modelo?


Aunque no está claro el significado de la expresión “hay que profundizar el modelo”, su uso ha ido en aumento a medida que las encuestas van dando como muy probable ganadora en octubre a la Presidenta Cristina Fernández (suponiendo, claro está, que ella sea candidata).

Para unos esta frase quiere decir más Estado; para otros, más redistribución del ingreso o más promoción del sector al que pertenecen. Pese a la confusión reinante no habrá que esperar hasta después de las elecciones porque ya se avizora qué podría significar esta profundización.

El modelo original de política económica de la actual administración se caracterizó por un tipo de cambo alto, superávit gemelos, fiscal y externo, baja inflación, inserción exportadora en la economía global y aumento de la inversión en los sectores beneficiarios de la política. Este modelo está cediendo paso aceleradamente a otro basado en la apreciación del peso, equilibrios fiscales y externos con tendencia a transformarse en déficit, alta inflación, prioridad al desarrollo del mercado interno y la sustitución de importaciones e inversión estancada o decreciente según los sectores. Mejorar los salarios reales y hacer más equitativa la distribución del ingreso ha sido un objetivo común a ambos modelos, pero claramente más exitosa en el primero porque el aumento de la inflación dificulta cada vez más este logro.

Hay otros dos puntos en los que se advierten diferencias entre ambos modelos. Uno es la actitud gubernamental hacia los sectores productivos, positiva o neutral en el primer modelo –salvo la hostilidad hacia los servicios públicos desde el comienzo- pero luego crecientemente ríspida a partir del conflicto del campo.

El otro es la intervención del Estado en la economía y en la vida social que, además de los servicios públicos ya había empezado a acentuarse por vía de la Secretaría de Comercio en tiempos del primer modelo. Pero en los últimos años, a partir de la estatización de los fondos de pensión, el aumento de la intervención ha sido incesante.

A las retenciones a las exportaciones se agregaron las prohibiciones de exportar y las licencias no automáticas de importación. A la estatización del sistema de jubilaciones le siguió una ley de medios no solo intervencionista, sino tendiente a montar un vasto sistema de medios del gobierno, no del Estado. Llegaron luego autoritarias y peligrosas sanciones a consultoras que hacían estimaciones más realistas del IPC. Luego fue el turno de nombrar directores del Estado con derechos de voto en todas aquéllas empresas en las que la ANSES tenga acciones suficientes para hacerlo, recurriendo para ello a un decreto de necesidad y urgencia en una cuestión que había sido expresamente excluida de la ley votada en el 2008.

La última novedad -hasta ahora, claro está- es una ley de regulación de las entidades de medicina prepaga que, además de excluir insólitamente a las obras sociales, deteriorará la calidad de los servicios de salud prestados hasta ahora por las prepagas. Sin dudas, el camino emprendido por este segundo modelo de políticas económicas e institucionales tendrá un impacto negativo en la cantidad y en la calidad de la inversión y, por lo tanto, en la sostenibilidad del crecimiento, en el empleo y en los niveles de vida, sobre todo de los más pobres.