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Victoria de Dilma en el Congreso

Al filo de la madrugada de ayer, tras diez horas de acaloradas discusiones, la Cámara de Diputados aprobó la propuesta presidencial de llevar el salario mínimo de los actuales 510 reales a 545, o sea, un 6,86%. Y rechazó por abrumadora mayoría las iniciativas de los opositores Partido de la Social Democracia Brasileña y de los Demócratas (DEM) de aumentarlo todavía más. Dilma logró resistir un aumento mayor que alterare su férrea política para frenar el alto gasto público y controlar la inflación, que el año pasado alcanzó casi un 6%.
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En su primera prueba legislativa, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se anotó ayer una significativa victoria al mantener unida a la coalición gobernante y lograr que sus diputados aprobaran un leve aumento del salario mínimo frente a las presiones de la oposición y de los sindicatos, que pretendían un aumento mucho mayor.

"Ella quedó muy satisfecha y dijo que fue una demostración de cohesión y fuerza política", señaló el gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral, tras un encuentro con la mandataria, que desde el Palacio del Planalto siguió con suma atención el debate en el Congreso la noche anterior.

Al filo de la madrugada de ayer, tras diez horas de acaloradas discusiones, con una fuerte presencia de militantes gremiales, vítores, abucheos y aplausos, la Cámara de Diputados aprobó la propuesta presidencial de llevar el salario mínimo de los actuales 510 reales (307 dólares) a 545 (328 dólares), o sea, un 6,86%. Y rechazó por abrumadora mayoría las iniciativas de los opositores Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) de elevarlo a 600 reales, y de los Demócratas (DEM) de aumentarlo a 560 reales. En el primero de los casos el oficialismo se impuso con 376 votos contra 106, mientras que en el segundo fue de 361 sufragios contra 120.

Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) -aliado tradicional de los sindicatos-, se resistía a un aumento mayor que alterara su férrea política para frenar el alto gasto público y controlar la inflación, que el año pasado alcanzó casi un 6%, la mayor cifra en los últimos seis años de la administración previa, de Luiz Inacio Lula da Silva. La semana pasada, la presidenta incluso anunció un enorme plan de recortes al presupuesto, que se estiman en 30.000 millones de dólares.

Enviado al Congreso a defender la postura presidencial, el ministro de Economía, Guido Mantega, había aclarado: "No tenemos condiciones, desde el punto de vista fiscal, de aumentar los gastos".

Mandataria inflexible
La inflexibilidad de Rousseff -que no habló públicamente del tema para evitar quedar pegada a una medida antipopular- produjo cimbronazos dentro de la heterogénea coalición oficialista, e incluso dentro del PT mismo, varios de cuyos miembros faltaron a la votación o votaron en contra de la propuesta presidencial.

Un aliado clave fue el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que respaldó en bloque la iniciativa de Rousseff.

Curiosamente, a fines del año pasado, frustrado por el poco peso que la presidenta le había dado en la repartición de cargos, el PMDB había amenazado con buscar un aumento mayor del salario mínimo si no ganaba espacios. Hábil en su estrategia, Rousseff suspendió la distribución de los puestos y habría esperado hasta ahora para llegar a un acuerdo entre bambalinas con su socio.

"El PMDB demostró su poder y unidad", resaltó el diputado pemedebista Henrique Eduardo Alves, quien negó que los cargos en las empresas públicas hubiesen servido de moneda de canje para establecer el salario mínimo, del que dependen unos 48 millones de trabajadores.

Entre los militantes gremiales, liderados por la central Fuerza Sindical, la frustración y bronca eran evidentes. Algunos hasta portaban carteles que decían "¡Dil-má!" ("¡Dil-mala!") y también atacaban al ministro de Economía.

"La inflación no está siendo provocada por la demanda; viene desde afuera. Es por las materias primas y la especulación financiera", se quejó Antonio Neto, presidente de la Central General de Trabajadores de Brasil (CGTB).

El texto aprobado, que irá la próxima semana al Senado, donde se espera que su paso no sufra obstáculos por la amplia mayoría que tiene la bancada oficialista, también prevé que los próximos años los valores del salario mínimo sean determinados por decreto, sin pasar por discusión legislativa.

Hasta ahora, después de un acuerdo alcanzado por Lula y los sindicatos en 2006, el aumento del salario mínimo se calculaba sumando la inflación del año anterior al crecimiento del PBI de dos años atrás. El mecanismo presentaría para Rousseff un gran desafío el próximo año, cuando el aumento debería reflejar el 7,5% del crecimiento económico del que gozó Brasil en 2010.
Sin chances de lograr modificaciones en el Senado, el líder del PSDB en la Cámara alta, Alvaro Dias, ya adelantó ayer que su fuerza apelará ante el Supremo Tribunal Federal.

Fuente: La Nación