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Steve Jobs: cómo funciona la mente de un genio

Algunos apuntan a su perfeccionismo, cuando no a un grado de exigencia con sus colaboradores rayano en el despotismo. Otros destacan su inconformismo. Existe un enfoque más abarcativo. Michael Michalko llama a esta característica "pensamiento productivo" y lo define en contraposición al "pensamiento reproductivo", que es el más familiar para la mayoría de las personas.

Aprendimos, o recordamos, que fue un hijo adoptado, que tuvo sus "años locos" en California a comienzos de los 70, que viajó a la india en un viaje espiritual, que creó una empresa que lo hizo multimillonario cuando no había cumplido 30 años y que fue despedido de la misma compañía por el hombre que había contratado para reemplazarlo.

Todos acordamos, por otro lado, en que Jobs era un genio, y pocos objetaríamos el calificativo de visionario que le prodigaron todos los que escribieron algún artículo sobre él. El asunto sobre el que no hay un acuerdo total es: ¿qué era lo que hacía de Jobs un genio? En otras palabras, ¿qué había de particular o de especial en su forma de pensar que lo ponía por encima de la mayoría de nosotros?, se pregunta Eduardo Remolins en una columna de su autoría publicada hoy en el diario La Nación.

Algunos apuntan a su perfeccionismo, cuando no a un grado de exigencia con sus colaboradores rayano en el despotismo. Otros destacan su inconformismo con los estándares de la industria informática, su deseo de "ir más lejos". Finalmente, un grupo tiende a poner de relevancia su perspectiva centrada en el cliente y en su experiencia con el producto, en un sector en el que dominan los enamorados de la tecnología.

Existe un enfoque más abarcativo que quizás sirva para explicar de un modo más satisfactorio qué era eso que tenía Jobs que lo separaba del resto. Michael Michalko llama a esta característica "pensamiento productivo" y lo define en contraposición al "pensamiento reproductivo", que es el más familiar para la mayoría de las personas.

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