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El 2011 trae una lucha encarnizada por la competitividad

Este volverá a ser un año de crecimiento a nivel nacional y provincial con una economía mundial que busca desesperadamente dejar atrás la crisis. Pero la guerra de divisas desatada a nivel global, sumada a una altísima inflación en el plano doméstico, auguran un desafío mayúsculo: ser competitivos sin que el tipo de cambio ayude.

El 2011 será un año de oportunidades pero de grandes desafíos, donde la gran consigna para las empresas será cómo ser competitivos con una inflación estimada en entre el 25% y 30% anual y un tipo de cambio estable en torno a los $4.

El mundo ya no es el mismo y las recetas aplicadas por las economías desarrolladas para dejar atrás la crisis internacional, desatada en Estados Unidos en septiembre de 2008 con la caída del banco Lehman Brothers, están haciendo que cambie mucho más el panorama.



La monumental emisión de dinero de la Reserva Federal, a través de los sistemáticos planes de ayuda que viene ensayando la administración de Barack Obama en su desesperado interno por acelerar la impotente recuperación de la economía norteamericana (tiene que crecer mucho más para bajar un desempleo en torno al 10%), está debilitando al dólar. Y esto no es casual: un dólar devaluado frente al resto de las monedas del mundo es la carta que se está jugando EEUU para reactivar su economía y frenar el déficit crónico en su balanza comercial.

El euro no está en una posición distinta. Los desequilibrios fiscales de los países miembro de la unión monetaria, sumados al altísimo endeudamiento público de sus Estados y los planes de ajuste puestos en marcha, están haciendo no sólo que la cotización de la moneda común, el euro, caiga, sino que los efectos de la crisis desatada, sumados al altísimo desempleo, están tirando por el piso también los costos de producción de Europa.

Un tipo de cambio devaluado sumado al efecto de altísimas tasas de desempleo sobre los salarios reales en EEUU y Europa, están volviendo a estas dos economías altamente competitivas (reduce sus costos), lo que plantea un nuevo desafío para los emergentes. Países, que a su vez, están sufriendo alta inflación y recalentamiento en sus economías.

La debilidad del dólar y el euro hacen que los inversores se vuelquen sobre los commodities en busca de oportunidades de negocios, por eso el petróleo, soja, oro, plata, cobre, están alcanzando precios récord. Y si la energía y los alimentos suben, inmediatamente hay presiones inflacionarias principalmente en los países emergentes. Esto lo está sufriendo Brasil, China, India, entre otros.

Carga doméstica
A este escenario de fuertes presiones externas por el lado de la inflación y el tipo de cambio, Argentina le agrega sus propios componentes. Y el problema se agudiza.

Tener una inflación real en torno al 25% anual y expectativas de aumentos de precios para los próximos 12 meses en torno al 30%, presiona sobre los costos de las empresas y alienta la discusión salarial. Si a esto se le suma un tipo de cambio estable en los $4 (para fines de 2011 se prevé que el dólar llegue como máximo a $4,30, lo que marcaría una devaluación del peso de sólo el 7,5%), el margen de rentabilidad se acorta al extremo.

Y es inútil esperar grandes cambios por el lado del tipo de cambio en Argentina. Es que un dólar devaluado a nivel mundial, sumado a fuertes ingresos de divisas por el lado de los precios récord de la soja y sus derivados en 2011 y una tasa de inflación ya altísima, hacen que de mínima sea difícil sostener el tipo de cambio. Y peligroso (posible estallido inflacionario) si se intenta avanzar en una nueva devaluación.

En esta encrucijada, no le queda otra opción a las empresas que esforzarse por ser más competitivas. Y algunas empresas ya tomaron la delantera.

“El 2011 va a ser un año de fuerte competencia. Pese a las expectativas auspiciosas de recuperación de la economía mundial, el actual contexto interno de alta inflación con tipo de cambio estable hace que las empresas tengan que volverse más eficientes para poder bajar costos y competir”, explicaba en una nota de Mdz José Lovaglio, enólogo de Dominio del Plata, cuando anunció un plan de inversiones para ampliar en un 56% la capacidad de producción de esta bodega.

Justamente será la competitividad la que marcará necesariamente la agenda económica del país durante el 2011 y el desafío está en cómo hará cada empresa para lograrlo.