La soja es la salvación pero también un problema para 2011
Mientras la sequía está presionando los precios de la soja por encima de los U$S500 la tonelada en el mercado de futuros de Chicago, las dos caras de la oleaginosa prometen el cielo pero también el infierno para la Argentina, dependiendo desde qué lugar se mire la actual coyuntura.
Es que mientras por un lado la soja impulsa el crecimiento económico con un ingreso fenomenal de divisas y alimenta los ingresos fiscales del país por el lado de las retenciones, al mismo tiempo presiona sobre el tipo de cambio, obligando al Banco Central a hacer grandes esfuerzos por evitar que el peso se aprecie en relación al dólar. Y se sabe, estos esfuerzos del Central se traducen en una mayor emisión monetaria, lo que acelera la inflación e intensifica el círculo vicioso de pérdida de competitividad.
Aunque todavía faltan más de dos meses para que se conozcan con certeza los resultados de la cosecha de soja, por la misma razón que sube el precio, la sequía, es que la producción total de la oleaginosa podría llegar a ser entre 10% y 20% menor a las 55 millones de toneladas previstas en un principio para esta temporada. Esto dejaría como resultado una cosecha de entre 48 y 43 millones de toneladas de soja.
Si bien el resultado final está supeditado a las condiciones climáticas y al correcto manejo de las plagas, si se producen 48 millones de toneladas, a un valor de U$S508,72 la tonelada (como cotizó ayer el la Bolsa de Chicago en el mercado de futuros), la cosecha sojera representaría un ingreso de divisas por U$S24.418 millones. Así, y como las retenciones a las exportaciones son del 35%, el Estado se haría de U$S8.546,3 millones, mucho más de lo que se calculaba cuando no había arrancado la siembra y cuando se delineó el Presupuesto 2010 de la Nación.
En Argentina, por tonelada de la oleaginosa las fábricas y los exportadores pagaron esta semana $1.420 (nuevo récord local) en las terminales de San Martín, Timbúes, Ricardone, San Lorenzo, Villa Gobernador Gálvez, en General Lagos y el Ramallo, $35 más que el jueves pasado. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) indicó que los vendedores reportaron valores aún mayores, "de entre 1450 y 1460 pesos, según el volumen del negocio". Esto habla de que aún con una menor cosecha, el resultado económico seguirá siendo favorable.
Y es justamente este fenomenal ingreso de divisas el que augura crecimiento económico para el país y recursos frescos para las arcas del Estado nacional. Pero esta es sólo una parte, la linda, de lo que está ocurriendo.
El infierno
En el actual escenario económico internacional, donde las políticas monetarias laxas de Estados Unidos y el deterioro fiscal de los países miembros de la Unión Europea, hacen que el dólar y el euro se debiliten, el mayor ingreso de divisas hace que el peso argentino se fortalezca. De ahí las mayores presiones que recibe el Banco Central ya no para devaluar, lo que a esta altura con una inflación por encima del 25% anual sería altamente riesgoso, sino para que mantenga el peso en su cotización actual ($4), porque la competitividad de la economía está en juego.
Pero para que el peso argentino no se aprecie en relación al dólar (como ocurre en Brasil, Chile, Uruguay, China, India, Australia y varios países más), el Banco Central está emitiendo grandes sumas de dinero. Sale al mercado a comprar dólares e inunda de pesos para que la cotización baje. Pero esto no es todo. De los dólares que compra, gran parte se los da luego al Gobierno, vía Tesoro, como “reservas de libre disponibilidad” para fogonear también el gasto público, lo que termina contribuyendo también a que la cotización del dólar no caiga y el peso siga devaluado.
Todo esto no es gratis. Que la base monetaria (dinero en circulación más el que está depositado en cuentas a la vista) crezca a octubre de este año a una tasa del 33,5% interanual y el gasto público lo haga al 39% en igual período, explica la aceleración inflacionaria que vive el país. Y es justamente la elevada tasas de inflación la que hace perder competitividad a las empresas y alienta las presiones desde distintos sectores productivos y exportadores para que se devalúe el peso.
Es en este escenario donde la soja augura un panorama de ingreso de divisas vía exportación para la economía y de recursos fiscales para el Estado, por medio de las retenciones, pero también mayores presiones sobre el tipo de cambio y aceleración inflacionaria por alta emisión del Banco Central. El cielo y el infierno: las dos caras del boom de la soja.