España intentará medir la calidad de vida y la sostenibilidad social
España se ha sumado a los países que en los últimos años se han interesado por calibrar el bienestar de los ciudadanos más allá del crecimiento económico puro y duro. La idea de que el producto interior bruto (PIB) ya no es un indicador suficiente para medir el progreso de las economías desarrolladas -no mide la sostenibilidad medioambiental o la inclusión social, por ejemplo- empezó a preocupar en 2004 en el seno de la OCDE, el club de los países más ricos del mundo. Pero ha tenido un gran impulso político en Europa y repercusión mediática a partir de 2008, con el proyecto que emprendió el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y recientemente, por el interés del líder británico, David Cameron.
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En España, el Observatorio de la Sostenibilidad, el Club de Roma y el Instituto Nacional de Estadística (INE) están poniendo en marcha tres grupos de trabajo para desarrollar unas variables que sirvan para medir la calidad de vida de los ciudadanos, con el fin de tener una propuesta que poner en común con el resto de países de la OCDE, que aglutina a las economías más desarrolladas.
"Nuestro trabajo será explicar qué criterios objetivos y subjetivos pueden servir para medir la felicidad desde la perspectiva española, aunque la finalidad es tratar de diseñar unas variables comunes que sirvan para hacer comparaciones internacionales", explica Luis Jiménez, director del Observatorio de la Sostenibilidad en España.
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Los grupos españoles replican el modelo de lo que se está realizando en el seno de la Unión Europea. Uno de ellos trabajará en el diseño de mejores medidas de rendimiento económico, es decir, en la mejora del PIB como indicador, ya que este "no mide cuestiones como el trabajo doméstico o el voluntariado, por ejemplo", apunta Jiménez.
El segundo se dedicará a seleccionar los indicadores que mejor miden la temperatura del bienestar (salud, educación, relaciones familiares, seguridad o riqueza, entre otros) y el tercero estudiará la sostenibilidad, ya que la contabilidad nacional no recoge hoy en día ni el desgaste de los recursos naturales (que tiene un coste económico) ni los bienes y servicios que el propio ecosistema es capaz de generar.
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