Aconsejan concebir una bodega como una "obra de arquitectura"
Así lo consideró el arquitecto mendocino Gabriel Japaz, convocado por una prestigiosa publicación del vino argentino junto a profesionales de la talla de César Pelli, Clorindo Testa y Mario Botta, entre otros, para opinar sobre el tópico. MDZ Dinero entrevistó a Japaz y recogió su valioso testimonio para ser considerado por el sector bodeguero.
Los actuales y también los futuros bodegueros argentinos deberán de ahora en más pensar sus proyectos de establecimientos elaboradores de vino bajo la concepción de una “obra de arquitectura”.
Esto lo ha definido el prestigioso arquitecto mendocino Gabriel Japaz, quien entre sus proyectos ha tenido el placer de dirigir las construcciones de las bodegas Altos las Hormigas, NQN, Bodegas Caro, Chañamuyo State, Patagonia Wines, Cuvellier Los Andes y Viña Cobos, entre otros.
Según el mendocino, “la concepción global de una bodega, la zonificación general y el desarrollo de cada uno de sus sectores en particular, pertenecen a un proceso de diseño donde deben estar perfectamente claros toda una serie de conceptos que pertenecen más al campo de las ideas que al estrictamente técnico enológico. Por ello es fundamental tener en claro que una bodega es ante todo una obra de arquitectura”, explicó.
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Siguiendo esa línea de pensamiento, el arquitecto completó que “por eso es que dentro del concepto de la obra de arquitectura ahora si podríamos ubicar a la bodega bajo el paraguas de la concepción de la arquitectura industrial, pero por supuesto, no cualquier industria, ya que el producto que en ellas cobra vida está cargado de toda una serie de valores subjetivos que componen a una entidad cuya complejidad es diferente a la de cualquier otro producto industrial”, reflexionó.
“Por ello es que una bodega debe transmitir más que la imagen del proceso de producción que contiene entre sus paredes”, completó.
Entre los primeros pasos a considerar, según Japaz, hijo del conocido ingeniero civil Elías Japaz que tuvo a su cargo entre tantos trabajos el cálculo de la actual Terminal de Ómnibus de Mendoza –ahora conocida como Terminal del Sol-, “hay que tener una total y acabada interpretación de lo que el cliente espera transmitir con su industria”, apuntó.
De esto último, aclaró que “a veces eso surge de estudios de marketing, pero la mayoría de las veces la idea no es transmitida en forma explícita aunque definitivamente debe ser plasmado en una imagen”, añadió.
Para el arquitecto resulta obvio que para la proposición de un proyecto de bodega “hay aspectos objetivos que condicionan el proyecto como los recursos disponibles –humanos y económicos-, tiempos de ejecución, ubicación del emprendimiento, topografía, entre otros asuntos de valor, que orientan los lineamientos que se pueden seguir en lo constructivo pero que deben ser puestos en la balanza en conjunto con la imagen a transmitir y con el proyecto enológico que dictan los procesos productivos a cumplir y respetar, con el fin de lograr un proyecto equilibrado que por sobre todas las cosas cierre en una ecuación económica para el cliente que haga de esto un buen negocio”.
Según Japaz, quien fue convocado hace poco por la prestigiosa publicación que versa sobre el vasto mundo del vino WineStrategist de Mariano Braga, junto a valores de la arquitectura argentina de la talla de César Pelli, Clorindo Testa, Estudio Bórmida & Yanzón, José Manuel Ortega y Mario Botta, “más allá de las sensaciones propias que puede transmitir una bodega pensada de esta manera el proyecto, en definitiva, debe ser analizado para que la imagen repercuta tanto en el diseño de los vinos y de sus marcas como en el placer que luego experimentarán los consumidores que degustarán los productos y que se identificarán con la obra de arquitectura”, enfatizó.
Entre los primeros pasos a considerar, según Japaz, hijo del conocido ingeniero civil Elías Japaz que tuvo a su cargo entre tantos trabajos el cálculo de la actual Terminal de Ómnibus de Mendoza –ahora conocida como Terminal del Sol-, “hay que tener una total y acabada interpretación de lo que el cliente espera transmitir con su industria”, apuntó.
De esto último, aclaró que “a veces eso surge de estudios de marketing, pero la mayoría de las veces la idea no es transmitida en forma explícita aunque definitivamente debe ser plasmado en una imagen”, añadió.
Para el arquitecto resulta obvio que para la proposición de un proyecto de bodega “hay aspectos objetivos que condicionan el proyecto como los recursos disponibles –humanos y económicos-, tiempos de ejecución, ubicación del emprendimiento, topografía, entre otros asuntos de valor, que orientan los lineamientos que se pueden seguir en lo constructivo pero que deben ser puestos en la balanza en conjunto con la imagen a transmitir y con el proyecto enológico que dictan los procesos productivos a cumplir y respetar, con el fin de lograr un proyecto equilibrado que por sobre todas las cosas cierre en una ecuación económica para el cliente que haga de esto un buen negocio”.
Según Japaz, quien fue convocado hace poco por la prestigiosa publicación que versa sobre el vasto mundo del vino WineStrategist de Mariano Braga, junto a valores de la arquitectura argentina de la talla de César Pelli, Clorindo Testa, Estudio Bórmida & Yanzón, José Manuel Ortega y Mario Botta, “más allá de las sensaciones propias que puede transmitir una bodega pensada de esta manera el proyecto, en definitiva, debe ser analizado para que la imagen repercuta tanto en el diseño de los vinos y de sus marcas como en el placer que luego experimentarán los consumidores que degustarán los productos y que se identificarán con la obra de arquitectura”, enfatizó.


