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Las grietas que hacen crujir al modelo


Amado Boudou asumió el Palacio de Hacienda avisado de las urgencias de un modelo al que ya no parece alcanzarle con la sintonía fina propuesta por algunos especialistas heterodoxos, sino que demanda giros estratégicos clave que ni siquiera el dgyentusiasta ministro está convencido de poder concretar.

El nuevo jefe del Palacio de Hacienda recibió a propios y no tanto en sus primeras semanas de gestión, y demostró un cintura política de la que carecieron sus inmediatos antecesores con excepción de Roberto Lavagna, el último "ministro de Economía" que había tenido el kirchnerismo.
  
Pero Boudou sabe que con tejer contactos al más alto nivel solamente no alcanza, sino que deberá recrear rápido la confianza en sectores que la han perdido hace tiempo, como los empresarios y los banqueros.
  
Es por eso que buscó dar señales en distintos sentidos y hasta no tuvo pruritos en considerar que el propio FMI se sume a la larga cadena de auditores externos que tendrán los números del INDEC.

También les adelantó a algunos empresarios que acelerará la puesta en marcha, con fondos de la ANSeS, de lo que se llamará nuevamente Banco Nacional de Desarrollo, y que reemplazará al BICE, en un intento por llevar oxígeno financiero a sectores productivos clave.
  
El ministro prepararía, además, una jugada política riesgosa y audaz, ya que su equipo le sugiere iniciar un camino de cristalinidad en el INDEC, que el martes próximo difundirá el costo de vida de julio.
  
Si el Indice de Precios al Consumidor de ese mes se acerca al 1 por ciento, como vaticinan desde el sector privado, sería un síntoma, razonan cerca de los inversores, de que el gobierno decidió tomar un camino destinado a recuperar la confianza perdida.
  
Pero Néstor Kirchner -quien buscó recuperar esta semana parte del terreno perdido tras las elecciones legislativas- ya le habría hecho llegar a Boudou señales inequívocas de que valora como nadie el "servicio" prestado por Guillermo Moreno a la Argentina, al subestimar la inflación, por el ahorro en pagos de deuda que le permitió al país.
 
Incluso, Kirchner habría utilizado ante sus íntimos el término "heroico", cuando le tocó defender a Moreno ante las palomas del gabinete ministerial que pugnaban, y pugnan, por agradecerle los servicios prestados y sacarlo de la Secretaría de Comercio Interior.

Nada de eso parece ocurrir por ahora, e incluso Moreno logró imponer a su mano derecha, Beatriz Paglieri -ex INDEC- en el Directorio de Papel Prensa, en reemplazo del propio Alberto Fernández, quien con sus últimas declaraciones críticas parece haber sido expulsado para siempre del escenario kirchnerista.
  
Al ex jefe de ministros ni siquiera lo llamaron para avisarle que lo volaban de un plumazo de Papel Prensa, porque Kirchner habría enfurecido durante el último ataque lanzado por Fernández contra Moreno, cuando dijo que el secretario hizo casi todo mal, no sólo el desmanejo del INDEC.

La disputa entre el Gobierno y el sector agropecuario continúa abierta, aunque parte de los productores vieron con agrado algunas de las medidas adoptadas en los últimos días en materia de apertura de exportación en carnes y beneficios para el sector tambero, entre otras.
  
A esto se suma la apreciación de los precios de la soja en el mercado internacional, que mejoraron el humor de los cerealeros, aunque persiste más que nunca el reclamo de reducir los derechos de exportación al commoditie que volverá a ser estrella de la próxima campaña.
  
Si algo hizo el kirchnerismo desde que es gobierno es utilizar la lógica de la demonización como estrategia de construcción de poder.

La lista de enemigos es casi interminable, pero entre quienes la encabezan están las "patronales del campo", como las llaman casi todos los funcionarios por orden directa de Kirchner, y la soja ha sido objeto de todo tipo de vilipendios por parte del oficialismo.
  
Sin embargo, la soja no sólo fue el cultivo que más creció durante el kirchnerismo, sino que las retenciones a esta oleaginosa proporcionaron los recursos clave que permitieron sostener un plan basado en dólar alto, subsidios a sectores clave y no mucho más.
  
La oposición buscará bajar al menos 10 puntos el nivel de retenciones a la soja -reducirlo a 25-, que tras haber superado el valor de los 430 dólares la tonelada casi no tendría impacto en los niveles de recaudación.
  
Pero detrás de esa pelea se esconde un intangible que para los Kirchner es aún más fuerte que cualquier pragmatismo: la ideología de un Gobierno que ve en el campo a sectores "destituyentes" que buscan el retorno del neoliberalismo de los 90 o, peor aún, directamente la dictadura asesina de los Videla y los Massera.

Hugo Biolcati, al juguetear hace tiempo con un periodista sobre la posibilidad de que Julio Cobos reemplazara a Cristina, o Mario Llambías, al reinvindicar al abuelo de José Alfredo Martínez de Hoz en una asamblea ruralista, fueron funcionales a la estrategia que destila Kirchner desde Olivos.
  
También lo fue Alfredo De Angeli cuando un día antes del 28 de junio sugirió -en serio- decirle a los peones rurales a quién votar.

Es en ese escenario irracional donde el conflicto entre el gobierno y el campo parece no tener destino, y al menos hasta el 10 de diciembre, cuando asuman los nuevos legisladores, surge casi imposible que el Congreso pueda encaminar la pelea que tal vez más daño le haya a la Argentina gobernada por Cristina.
 
El Gobierno volvió a dar un paso en falso al dejar vía libre al tarifazo tras las elecciones del 28 de junio. Desprevenidos consumidores se encontraron, en medio de la ola de frío polar, con que sus facturas de gas se multiplicaron por tres y hasta por cuatro.
  
El poco transparente esquema de subsidios ideado por el kirchnerismo quedó sepultado por la imposibilidad de seguir disimulando que en la Argentina se invierte cada vez menos en energía, y que a este ritmo se deberá importar más fluido a medida que pasen los años.
  
Los usuarios, muchos imposibilitados de hacer frente a los aumentos, quedaron rehenes de un gobierno que prefirió apelar, otra vez, a las apariencias, antes que salir a decir con tiempo lo que se venía, o tal vez idear una estrategia que no transformara a la tarifa de gas, y a futuro la de electricidad, en una Espada de Damocles que penda sobre la cabeza de millones de hogares.
  
Un refrán popular dice que "el que avisa no traiciona". Pero esta vez, millones de argentinos se sintieron traicionados, y se desató un conflicto que, se espera, termine llegando a la Corte Suprema.