Un test clave preparándose para la "prueba de fuego"
El canje de bonos ajustables por inflación lanzado por el ministro Amado Boudou servirá como test para lo que será una "prueba de fuego": el retorno de la Argentina a los mercados voluntarios de deuda.
Es el principal objetivo fijado por el nuevo jefe de la cartera de Economía, con la ambición de que la Argentina deje de ser considerada la "oveja negra" de los mercados internacionales, que aún no le perdona haber protagonizado por el default más grande de la historia.
Al fin de cuentas, razonan cerca de la Casa Rosada, la cesación de pagos que decretó la Argentina en diciembre de 2001 quedó minimizada por el descalabro financiero internacional desatado hace dos años, cuando el capitalismo se mostró impotente para controlar la corrupción y la especulación.
Boudou demostró en los últimos días su intención de llegar al Palacio de Hacienda para no pasar sin pena ni gloria, como sí lo hicieron todos sus antecesores luego de que Néstor Kirchner echó a Roberto Lavagna por el peor pecado que puede cometer un funcionario para este Gobierno: dar alguna señal de pensamiento propio.
Ese regreso a los mercados se apoya en tres patas: permitir al FMI auditar la economía local, reiniciar negociaciones con el Club de París para una deuda por 6.500 millones de dólares y reabrir el canje de deuda para los bonistas que quedaron afuera del canje, por otros 28.000 millones de dólares.
El punto más avanzado es la reanudación de relaciones formales con el FMI, luego del "Chau Fondo" lanzado por Kirchner a fines del 2006.
La Argentina permitiría antes de fin de año que el Fondo audite la marcha de la economía local, dentro de la previsión del artículo IV del estatuto del organismo.
Es el principal objetivo fijado por el nuevo jefe de la cartera de Economía, con la ambición de que la Argentina deje de ser considerada la "oveja negra" de los mercados internacionales, que aún no le perdona haber protagonizado por el default más grande de la historia.
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El punto más avanzado es la reanudación de relaciones formales con el FMI, luego del "Chau Fondo" lanzado por Kirchner a fines del 2006.
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La condición impuesta por la Argentina es que el organismo haga a un lado su pretensión de fijar "recetas" sobre lo que el país debe hacer en materia económica, lo cual de tradujo en el pasado en permanentes reclamos de "ajuste".
Así se instrumentaría el acercamiento del Palacio de Hacienda a Washington y el proyecto de "normalizar" las relaciones rotas desde fines de 2006.
Boudou buceó esa posibilidad en el encuentro que mantuvo con el enviado del Fondo, Nicolás Eyzaguirre, y acordaron seguir manteniendo contactos con el objetivo de arribar a un acuerdo que aún no tiene plazos.
En cuanto al Club de París, hay voluntad de ambas partes en avanzar en una renegociación, pero los países europeos ya avisaron que primero la Argentina debería normalizar su relación con el FMI.
Luego será sencillo acordar un proceso de refinanciación de deuda, que le permita al país sacarse ese peso de encima sin necesidad de resignar reservas, que esta semana volvieron a superar los 45.000 millones de dólares.
La pata más compleja del "Plan Boudou" para volver a los mercados internacionales radica en la meta de encontrar una salida al interminable conflicto con los "holdouts", los bonos que quedaron fuera del canje.
Es que la Argentina pretende separar de esa negociación a los denominados "fondo buitre", que fueron haciéndose de títulos públicos de la Argentina con el objetivo de iniciar demandas ante distintos tribunales internacionales, en una especie de "industria del juicio" a nivel global.
Pero el país necesita sacarse de encima la catarata de demandas que afronta en estrados internacionales, en especial las que se tramitan ante el tribunal del pintoresco juez Thomas Griesa, en Nueva York.
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El campo, la historia sin fin
El séptimo paro lanzado por la Mesa de Enlace contra la política agropecuaria refleja que el campo sigue siendo el problema central de la administración de Cristina Fernández de Kirchner.
Con toda su formación y solidez política, la presidenta no ha podido encauzar el conflicto agropecuario, ni tampoco incluir al campo en su proyecto productivo.
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En mucho ha contribuido a este fracaso la importancia de una dirigencia rural tironeda por sectores cada vez más radicalizados, nucleados en los "autoconvocados", que quieren torcerle el brazo al matrimonio Kirchner.
Pero del lado del Gobierno también se vienen cometiendo pecados por una concepción errada sobre lo que el agro significa para la
economía nacional.
La constante alusión a la necesidad de aportar valor agregado a la producción revela que el Gobierno sigue considerando al complejo sojero argentino como un "yuyo", un término que alguna vez utilizó la presidenta y ahora se cuida de repetir.
El complejo agroindustrial argentino fue uno de los que más valor agregado incorporó en la última década, y eso explica que la Argentina se haya posicionado como uno de los tres principales productores de soja y sus derivados del mundo, y principal exportador de aceite de ese cultivo.
La incorporación de María del Carmen Alarcón -una militante ocampo y ex diputada nacional- al Gobierno, parece un intento por encontrarle otra vía de entrada al conflicto más serio de la gestión de Cristina.
Por eso, tal vez el campo debería esperar las propuestas que acerque la líder de Pampa Sur antes de torpedear su nombramiento.
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