Paliativos para una situación social que se degrada
El Gobierno echará mano otra vez a los fondos futuros de los jubilados, en poder de la ANSeS, en este caso para atender un cuadro de pobreza en ascenso que amaga con agravar el escenario de conflicto social en la Argentina.
Con los anunciados subsidios para menores de 18 años, reclamados a viva voz por la oposición, el kirchnerismo busca atender las necesidades extremas de 6 millones de chicos y sus familias, y a la vez admite lo que hasta ahora se había negado a reconocer: la magnitud que alcanzó la pobreza en la Argentina.
Con los anunciados subsidios para menores de 18 años, reclamados a viva voz por la oposición, el kirchnerismo busca atender las necesidades extremas de 6 millones de chicos y sus familias, y a la vez admite lo que hasta ahora se había negado a reconocer: la magnitud que alcanzó la pobreza en la Argentina.
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Cristina Fernández de Kirchner acertó al aclarar que la pobreza no se termina con este anuncio de 180 pesos por chico, pero la medida igual es muy bienvenida por distintos sectores.
Es que la administración K persigue el fin loable de redistribuir el ingreso, aunque a la fuerza, aunque deja flotando otra vez el interrogante sobre quiénes pagarán los 10.000 millones de pesos anuales que implicará, dice el Gobierno, el subsidio para los menores.
Igual, si se tiene en cuenta la finalidad de la medida, es poco comparado con los 600 millones de pesos anuales que el Gobierno decidió poner para estatizar las transmisiones del fútbol y tratar de empezar de sacar del negocio a los denominados `generales multimediáticos`.
La asignación para los menores, anunciada a las apuradas y bajo presión opositora, permite comprobar, además, que el gobierno acepta dejar de lado su versión aggiornada de la "teoría del derrame" esculpida bajo el menemismo.
El supuesto modelo de inclusión social kirchnerista no permitió sofocar los bolsones de pobreza que pululan en los principales centros urbanos y desembocan en una marginalidad cada vez más difícil de disimular.
La aspiración de que el crecimiento a tasas chinas durante más de seis años -a un ritmo del 9 por ciento anual-, solucionaría por sí solo la pobreza, fue una falacia.
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Al menos tres de cada diez argentinos son pobres, pero más preocupante aún es que la mayoría de quienes padecen ese flagelo son jóvenes, lo cual pone en riesgo el futuro de la Argentina para las próximas generaciones.
Apenas la manipulación de las planillas del INDEC permitió disimular una realidad lacerante que se comprueba a diario en las calles: pobreza y marginalidad, un cóctel explosivo que juega a diario en las fronteras de la violencia.
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El discurso y la realidad
Cristina le quiso aportar algo de sofisticación al discurso menos pulido pero más llano con el cual su esposo gobernó la Argentina durante cuatro años y casi siete meses.
"Modelo productivo de matriz diversificada", machaca Cristina cada vez que pronuncia un discurso, para definir esa idea basada en premisas no muy complejas pero que rindieron frutos en su momento: tipo de cambio alto y superávit gemelos.
Ahora son otros tiempos, el dólar ya no se puede mantener tan elevado porque los ingresos de los asalariados ya vienen siendo erosionados por la inflación, la variable que viene flagelando a los sectores más pobres de la sociedad y que apenas puede ser disimulada por los `técnicos militantes` colocados al frente del INDEC.
Y en lugar de superávit fiscal hay déficit, porque los gastos crecen a un ritmo cinco veces mayor que los ingresos, mientras que la balanza comercial continúa arrojando saldo favorable, pero sólo porque la industria dejó de importar ante la caída en la producción.
Preocupación empresaria
El panorama social de la Argentina, aún pensando en que será favorecida por una excelente cosecha producto de las lluvias, que dejarán más de 35.000 millones de pesos por retenciones en las arcas del Fisco, sigue sumando interrogantes.
El fenómeno piquetero, entendible como mecanismo de protesta en los tiempos en que el país fenecía a fines del 2001, se cristalizó para convertirse en un polo de poder más en la Argentina, con más de 100 mil piquemilitantes dispuestos a defender a todo o nada el esquema de poder hilvanado por el kirchnerismo.
La idea de que los piqueteros de ayer se reconvirtieran en trabajadores cuando llegara la reactivación fue dejada de lado rápidamente, porque esas miles de almas fueron cooptadas por organizaciones que encontraron formas de financiamiento aceptadas por el Estado, que terminan pagando todos los argentinos.
Las denominadas `organizaciones sociales` pasaron de ser una herramienta para atender la emergencia, a convertirse en varios puntos del país en un `Estado paralelo` con el cual los funcionarios electos por el pueblo deben negociar en forma permanente, como se pudo comprobar en Jujuy, con Milagro Sala.
La líder de Tupac Amarú viene haciendo un trabajo social de largo aliento en esa empobrecida provincia, pero tiene fuertes cuestionamientos por el manejo discrecional que realiza de los 7 millones de pesos anuales que le envía el Poder Ejecutivo y la polémica forma de escriturar las casas que se edifican en esos barrios populares.
La conflictivad social que existe en el país es motivo de preocupación para los sectores empresarios.
"Clima de negocios hostil", es la frase más utilizada por gerentes locales que deben enviar informes a sus casas matrices en el exterior o responder ante los directorios.
Los principales referentes empresarios del país vienen reclamando que la Argentina se tranquilice para poder construir consensos básicos, pero esto parece una quimera en una Nación donde es imposible ponerse de acuerdo en temas mínimos.
Así las cosas, las protestas permanentes que recorren la geografía del país y que el Estado se muestra impotente para encarrilar ayudan a entender por qué la Argentina sigue sin aparecer en el mapa de las inversiones extranjeras.
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