Una nueva oportunidad para lograr la fallida "inclusión social"
Una de las pretensiones de la ciencia económica es administrar los recursos escasos y redistribuirlos en forma equitativa entre los distintos sectores de la sociedad, y por eso la propuesta impulsada por sectores de la oposición y la Iglesia Católica de implementar una asignación por hijo, directa y sin intermediarios, surge como propuesta interesante.
Por su lado, el gobierno eligió el camino de fomentar la creación de cooperativas de trabajo con el fin de atender la problemática de la desocupación, que si fuera ejecutada con transparencia -sin clientelismo político- también podría contribuir a paliar el flagelo de la pobreza en la Argentina.
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Los seis años de crecimiento macroeconómico permitieron comprobar la impotencia de la política para revertir el delicado cuadro social que afronta el país, y cuya punta de iceberg es la desgarradora imagen de miles de jóvenes sin horizonte a la vista.
Los estudios que la UCA realiza para la Iglesia Católica ubican a la pobreza en el 40 por ciento, y en el mismo diagnóstico coinciden consultores privados, como Ernesto Kritz, aunque el INDEC admite apenas menos de la mitad de ese porcentaje.
Analistas del discurso político sostienen que para conocer las falencias de una política hay que seguir de cerca cuáles son los temas que más se repiten en la boca de los funcionarios que la ejecutan.
Casualidad o no, lo que más destacan las principales espadas del Poder Ejecutivo es cómo sus políticas permitieron concretar la "inclusión social", pero cuando se rasca un poco el fondo de la olla, ese objetivo brilla por su ausencia en parte del territorio.
Durante seis años de crecimiento, en la Argentina se multiplicó la población en las villas miseria, la marginalidad y el deterioro de la calidad de vida de millones de ciudadanos que viven aterrados en los barrios más pobres, rehenes de bandas marginales, y otra no tanto, a las que deben pagar "peaje" a diario, y a las cuales el Estado se muestra impotente de desbaratar.
Es el mismo terror que padecen las clases medias y altas, que a diario sufren también los efectos de la delincuencia, con la "ventaja" de que pueden vivir `enjaulados`, aunque temerosos por lo que les pueda ocurrir a sus seres queridos en calles que meten cada vez más pánico.
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Si se quiere completar el circuito de la desesperanza, se puede ir hasta la Plaza de Mayo y observar a decenas de personas sin hogar que duermen en las veredas de la AFIP, de la Catedral o del propio Cabildo.
Y si uno sigue por avenida de Mayo hacia el Congreso, podrá notar -eso sí, hay que querer mirar- una larga hilera de bancos ocupados por gente que duerme `sentada`, apenas envuelta en una manta o algunos cartones.
Si con esto no alcanza, basta abrir los ojos para notar las filas de personas formadas frente a pizzerías, panaderías o casas de comida rápida, a la espera de la comida sobrante, que terminan de conformar un cuadro que sería importante que los `estrategas` de la política y la economía tuviesen en cuenta a la hora de implementar sus `ideas`.
La macro se encamina.
Ahora, la Argentina se encuentra ante una nueva oportunidad de normalizar su relación con el mundo y posibilitar que el país, pero en especial sus empresas, vuelvan a obtener financiamiento internacional a una tasa razonable para retomar la senda del crecimiento.
El ministro de Economía, Amado Boudou, lo explicó con claridad al anunciar la reapertura del canje de deuda, al señalar que el objetivo de volver a los mercados era "apalancar" el crecimiento de las empresas y la creación de empleo.
El país acaba de dar así una nueva voltereta en el aire y borrar con el codo con lo que escribió con la mano en el 2005, cuando juramentó que "nunca más" los tenedores de bonos tendrían
oportunidad de entrar a un canje.
La nueva propuesta fue bienvenida por el mundo financiero y puede ser el primer paso para que el país se reconcilie con el establishment financiero internacional.
La Argentina iniciará ahora un camino clave para recuperar el crédito, y luego será el tiempo del retorno de los monitoreos del FMI, que el organismo estaría dispuesto a aplicar en forma
`light`, como pretende el gobierno, para luego habilitar la renegociación de la deuda con el Club de París.
Así, la Argentina se dispone a normalizar el capítulo de sus compromisos internacionales, pero el gran interrogante es si será capaz de saldar su desgarradora deuda interna.


