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Bancos centrales enfrentan delicado acto de malabarismo en Europa

El anuncio de los dos principales bancos centrales europeos de que el costo del dinero en la eurozona de 15 miembros y Gran Bretaña se mantendrá sin cambios se produciría después de que la Reserva Federal estadounidense dejara hoy nuevamente en el dos por ciento la tasa de interés de referencia.
El presidente del Banco Central Europeo se verá obligado a mantener el nivel de las tasas Foto: EFE
El presidente del Banco Central Europeo se verá obligado a mantener el nivel de las tasas Foto: EFE
El Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra podrían celebrar el primer aniversario de la crisis crediticia global manteniendo las tasas de interés el jueves, inmovilizadas por las amenazas simultáneas de un aumento de la inflación y una caída del crecimiento.

El anuncio de los dos principales bancos centrales europeos de que el costo del dinero en la eurozona de 15 miembros y Gran Bretaña se mantendrá sin cambios se produciría después de que la Reserva Federal estadounidense dejara hoy nuevamente en el dos por ciento la tasa de interés de referencia.

Los tres bancos centrales enfrentan el mismo dilema mientras intentan protegerse contra una suba de la inflación y al mismo tiempo apuntalar la confianza en las economías nacionales que lidian con la caída del mercado crediticio, fuertes subas en el costo de vida y la mención de la palabra recesión.

La disminución en los costos de la energía podría haber ayudado a aliviar alguna de las presiones que sufren los bancos centrales, con inversores estimulados por la caída de los precios del petróleo y como consecuencia un alza de los precios de las acciones en las principales bolsas.

Pero la baja de los precios del petróleo esta semana a menos de 120 dólares el barril (159 litros) por primera vez en tres meses se da en medio de las crecientes preocupaciones de que un enlentecimiento de la economía mundial probablemente provocará una disminución de la demanda energética global.

Esto también ayudó a acentuar el delicado acto de malabarismo que enfrentan actualmente los bancos centrales.

Una señal equivocada de las autoridades monetarias en el actual frágil medio ambiente económico podría provocar otra ronda de volatilidad en el mercado similar a la que emergió hace un año cuando se produjo la crisis hipotecaria en Estados Unidos.

La ronda de reuniones de los bancos centrales de esta semana también se lleva a cabo en medio de la temporada de balances de compañías europeas que estuvo marcada por los resultados irregulares de los principales sectores industriales y los ingresos poco esperanzadores de los bancos que aún luchan con las amortizaciones de las hipotecas subprime (de alto riesgo).

Los comentarios hechos por los responsables de los bancos centrales probablemente serán estudiados detenidamente por los analistas en busca de pistas para saber cómo ven la política monetaria y la economía mundial antes de fin de año.

En particular los del jefe del BCE Jean-Claude Trichet, quien probablemente indicará en su conferencia de prensa del jueves que el banco, con sede en Fráncfort, no tiene apuro para alterar la política monetaria.

"El BCE probablemente no hará cambios a las tasas de interés durante un largo período", dijo Joerg Kraemer, economista jefe en el Commerzbank alemán.

Hasta hace poco, una sólida actuación de la economía de la eurozona le permitía al BCE ser más duro con los crecientes riesgos inflacionarios. Los precios al consumidor aumentaron en julio al 4,1 por ciento anual, un récord, que supera en más del doble el objetivo del BCE de "cercano a, pero por debajo del dos por ciento".

En Gran Bretaña, se prevé que la inflación crezca ligeramente al 4 por ciento a fin de año, después de alcanzar el 3,8 por ciento en junio y el 3,3 por ciento en mayo.

Pero al igual que la Fed y el BCE, el Banco de Inglaterra probablemente se mantendrá firme esta semana y dejará las tasas en el 5 por ciento, mientras evalúa el estado de la economía británica, que se vio golpeada por la crisis crediticia y la caída del crecimiento global.

En su encuentro hace cuatro semanas, el BCE emitió una advertencia sobre la creciente amenaza del resurgimiento de la inflación dictando su primer aumento de tasa en más de un año, hasta el 4,25 por ciento.

Algunos analistas creen que el banco, con sede en Fráncfort, podría dictar otro ajuste monetario este año.

Sin embargo, la evidencia de que la crisis en Europa se está profundizando probablemente dificulte a los poderosos halcones antiinflacionarios del BCE en el consejo de 21 miembros que fija la tasa la posibilidad de conseguir apoyo para un futuro aumento de los tipos de interés en los próximos meses.

Mientras la producción industrial en la eurozona registró su peor caída en casi 16 años en mayo, las ventas minoristas tuvieron su peor resultado en 13 años en junio.

Entre tanto, la confianza económica de la zona del euro registró su peor caída desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, según un índice de la Comisión Europea.