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Vientos de cambios con el fin de recuperar la credibilidad


La presidenta Cristina Kirchner se dispone a introducir cambios en la que se convirtió, en forma inesperada, en el área más sensible de su gobierno, el Indec, con el objetivo de recuperar parte de la credibilidad perdida en las estadísticas oficiales.
  
El organismo fue cuestionado a lo largo de la convulsionada historia argentina por sus números, pero nunca como ahora su información afectaba al ´órgano´ más sensible del ser humano: el bolsillo.
  
Es que el 40 por ciento de la deuda pública argentina se indexa teniendo en cuenta el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que calcula el Indec tomando en cuenta la inflación.
  
En los mercados están que trinan porque cada punto oculto de inflación representa unos 400 millones de dólares menos en intereses de la deuda.
  
La Presidenta tendría así decidido introducir cambios en el Indec, adonde recalaría un técnico de nivel que pueda comenzar un proceso de recuperación de la credibilidad del organismo, tal vez apoyado por un "consejo de notables", donde figurarían Aldo Ferrer, Roberto Frenkel, Héctor Valle y Beatriz Nofal.
  
Cerca de la Rosada dicen que de esos mismos nombres podría surgir el nuevo titular del Indec, aunque también mencionan a Graciela Ocaña, la ministra de Salud siempre candidata cuando se trata de mejorar la imagen, y la propia jefa del Nación, Mercedes
Marcó del Pont.
  
Cristina llegó a la conclusión de que existe un problema y parece dispuesta a poner manos a la obra para resolverlo, en una estrategia general a nivel gobierno que incluye cambios muy notorios en la comunicación de las actividades y posturas oficiales.
  
Algunos audaces cercanos al Gobierno sostienen que los cambios no terminarán allí, sino que Cristina buscaría dotar también de una impronta mayor a la conducción económica, moviendo piezas en el Palacio de Hacienda, el Banco Central y el Banco de la Nación.
  
Lo cierto es que se ha conformado alrededor de la jefa de Estado una "mesa chica" de consulta en temas económicos, que tuvo su debut el último fin de semana, cuando decidió salir a recomprar bonos para evitar una caída catastrófica en las cotizaciones y, de paso, dar un escarmiento a los mercados.
  
Esa "mesa chica" la integran el jefe de Gabinete, Sergio Massa; el ministro Carlos Fernández y los titulares del Banco Central, Martín Redrado, y del Nación, Mercedes Marcó del Pont; mientras que Néstor Kirchner sólo es consultado para cuestiones muy centrales.
  
La recompra de bonos -ayudada por Venezuela- hasta ahora salió bien, ya que los bonos recuperaron lo perdido en la semana previa a esa decisión, pero no pudo evitar que influyentes calificadoras como Standard & Poor's y Moody's rebajaran la nota de deuda del país.

El tema de la subestimación de la inflación para pagar menos deuda le quita el sueño a los mercados.
  
En su último viaje a España, la por entonces candidata a presidenta, Cristina Kirchner, le había advertido a los empresarios ibéricos que "un solo punto de inflación significa 420 millones de dólares en la deuda externa".
  
Según un informe de la consultora Prefinex, a lo largo del 2007 el Estado argentino se habría ahorrado unos 2.800 millones de dólares en intereses de la deuda por subestimar el costo de vida.
  
El tema es reconocido en voz baja por dirigentes cercanos al ultrakirchnerismo, quienes destacan el "servicio" que Guillermo Moreno, el hasta ahora hombre fuerte del INDEC, le estaba haciendo al país.
  
Pero el problema para el Gobierno no es sólo la incorrección de manipular los índices de inflación, algo que raya en el delito, sino que esa ´estrategia´ amaga con convertirse en el talón de Aquiles del modelo económico.
  
Es que los dueños del dinero se hartaron y lanzaron un fuerte ataque especulativo contra los bonos de la deuda argentina, que incluyeron ventas masivas de papeles, combinadas con una rebaja en la calificación de deuda y el lanzamiento de advertencias en Wall Street de que el país se encamina al default.
  
El caldo de cultivo para esta advertencia, considerada "exagerada" por ahora por los analistas locales, son los fuertes vencimientos de deuda que la Argentina deberá afrontar el año próximo, en un contexto de aumento del riesgo país.
  
Con un superávit fiscal que tiende a contraerse, los analistas e inversores sostienen que al país le será muy difícil afrontar los vencimientos de deuda del año próximo, mientras que el panorama se agrava porque la Argentina tiene vetado el acceso a los mercados de crédito internacionales.
  
Con la decisión de introducir cambios en el INDEC ya tomada, la única duda que queda en el horizonte oficial es cuál será el destino de Guillermo Moreno, el polémico secretario de Comercio Interior que mantendría su lugar pero perdería buena parte de su poder.