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La Argentina le suma dudas a la incertidumbre global

La estatización del sistema jubilatorio -que representa la transferencia de fondos por 85.000 millones de pesos al Estado-, sonó más a "manotazo de ahogado" que a una decisión madurada tras realizar consultas con múltiples sectores.
Foto: Télam
Foto: Télam
El proceso de convulsión que afronta el sistema financiero internacional encuentra condimentos extra en la Argentina, donde el matrimonio presidencial continúa dando señales que alteran los nervios del establishment.
  
Existe preocupación en sectores empresarios por el rumbo adoptado por el gobierno en las últimas semanas, porque se interpreta que detrás de las últimas medidas de alto impacto hay mucho más de búsqueda de caja que convencimiento sobre un modelo de desarrollo.
  
La estatización del sistema jubilatorio -que representa la transferencia de fondos por 85.000 millones de pesos al Estado-, sonó más a "manotazo de ahogado" que a una decisión madurada tras realizar consultas con múltiples sectores.
  
El kirchnerismo continúa convencido de que no hace falta buscar consensos en la Argentina, porque la oposición está raleada y sin rumbo, y es más cómodo adoptar decisiones haciendo valer mayorías en soledad.
  
La desaparición de las AFJP terminó de enterrar el ya de por sí alicaído mercado de capitales argentino, y hundió más a las acciones y títulos públicos.
  
La mayor preocupación se produjo entre los accionistas internacionales de los grandes holdings que operan en el país, que no terminaron de digerir la medida, y mucho menos que el Estado se encamine a convertirse, de buenas a primeras, en un accionista clave de más de una treintena de compañías de primera línea.
  
Mucho contribuyó a alentar esas dudas el hecho de que los principales voceros de posiciones neoliberales hicieran correr enseguida el rumor, con algunos fundamentos, de que el kirchnerismo se disponía a dar el zarpazo final para reestatizar la economía, incluyendo a las ART y sectores clave de rubros como la energía.
  
Es más, uno de los tantos papers que circulan en la city y llegan a Estados Unidos y Europa sostenía que allegados a la Casa Rosada había viajado a Venezuela para conocer en detalle el modelo aplicado por el venezolano Hugo Chávez, con el fin de aplicar esas ideas en la Argentina.
  
¿Qué había pasado? ¿La Argentina adoptaba la vía neosocialista del bolivariano? ¿Era el fin de la propiedad privada?, se preguntaron, con cierto tono de exageración, en lo más alto del poder empresario europeo.
  
Altos directivos de compañías españolas que operan en la Argentina en rubros clave como energía y finanzas debieron elaborar rápidos reportes a sus casas matrices, no sin antes sondear entre los funcionarios más cercanos lo que estaba pasando.
  
La respuesta del Gobierno buscó ser inequívoca: no existe voluntad de expropiar compañías, la estatización de las AFJP se hizo para evitar un colapso mayor del sistema jubilatorio y en realidad terminó haciéndole un favor a los grupos propietarios de esas administradoras.    
  
El matrimonio presidencial también hizo llegar sus reproches siempre abundantes al empresariado, al que acusa de agitar viejos fantasmas que lo único que hacen es complicar el escenario más de lo necesario.
  
Hubo contactos en ese sentido con la Asociación Empresaria Argentina, una poderosa entidad que ya no tendría la sintonía con el gobierno que poseía cuando Néstor Kirchner estaba sentado en el Sillón de Rivadavia.
  
Cristina no ha logrado sumar grandes voluntades entre los empresarios locales, sino más bien lo contrario.
  
Su tono, siempre áspero, y su tendencia a delinear en forma constante la frontera entre los amigos y los enemigos, no parece caer bien en estos tiempos de zozobra generalizada.  
  
En el establishment creen que no sería recomendable que la mandataria argentina repitiera su discurso de confrontación cuando en pocos días hable otra vez en Estados Unidos, ya con Barack Obama electo presidente, en el marco de la cumbre mundial para discutir cómo enfrentar la crisis, a la cual fue invitada directamente por George Bush.
  
La Argentina, ya con miles de suspendidos, caída del consumo y la amenaza de ingresar en un rápido proceso de desaceleración económica en el 2009, no puede darse nuevamente el lujo de ponerse a la comunidad financiera mundial en contra dando dudosa cátedra sobre si se necesita o no un Plan B.
  
"Los que necesitan un Plan B son ustedes, porque nosotros tenemos un Plan A que funciona", les había echado en cara la Presidenta a los dueños del poder financiero cuando estuvo en Nueva York a fines de septiembre último.
  
Ahora está claro que la Argentina también necesita ajustes en su modelo económico. Y no parece recomendable ocultarlo.