Presenta:

A estatizar, que se acaba el mundo

La privatización de las jubilaciones suena más a manotazo de ahogado para hacerse de una formidable caja de fondos en medio del vendaval de vencimientos de deuda, que a una decisión estratégica destinada a beneficiar a los futuros jubilados.
140327.jpg
El matrimonio Kirchner, en el poder desde hace cinco años y medio, ingresó en una ola estatista encarada a las apuradas, obligado por un escenario mundial adverso que comenzó a evidenciarse desde e inicio mismo de la gestión de Cristina.
  
Con ánimo de poner un poco de humor en medio del drama, en el Gobierno funcionarios de segunda línea bromean con que Néstor sabía lo que se venía este año, y por eso le "dejó" el poder a su esposa.
  
Como sea, lo que se vino fue peor de lo esperado, porque a los problemas estructurales del modelo argentino se sumó una descomunal crisis financiera mundial.  
  
Pero el horno no está para bollos y los chascarrillos mejor decirlos en voz baja cerca del poder, ya que el mal humor reina en el despacho presidencial, más luego de lo mal que cayó la decisión de volver al Estado el sistema jubilatorio.
  
El problema es que si bien la crisis financiera había comenzado a impactar sobre la economía real argentina, más allá de los estragos que hacía en los mercados, los años de crecimiento del país lo hacían menos vulnerable a los embates de la crisis.
  
Pero con sus decisiones de las últimas semanas, el matrimonio Kirchner convirtió rápido la llovizna en tormenta con granizo.
  
La privatización de las jubilaciones suena más a manotazo de ahogado para hacerse de una formidable caja de fondos en medio del vendaval de vencimientos de deuda, que a una decisión estratégica destinada a beneficiar a los futuros jubilados.
  
Con esta medida, el gobierno se queda con una caja líquida de 50.000 millones de pesos, y se saca de encima bonos por otros 40.000 millones, que algún día -por supuesto cuando los Kirchner quizá ni existan- algún gobierno argentino deberá pagar.
  
Lo que sí se asegura son ingresos por unos 13.000 millones de pesos anuales que irán a parar también al barril sin fondo de la caja del Estado.
  
Es correcta la lectura de que el sistema de AFJP hizo agua por muchos lados, para empezar por lo costoso que fue.
  
En parte porque desde el Estado se impusieron onerosos seguros de vida que terminaron siendo un gran negocio para las aseguradoras y obligaron a subir las comisiones a niveles estratosféricos.
  
Pero la principal virtud que tenía era que los números estaban claros, el aportante sabía el dinero que poseía en su cuenta y se evitaba la caja negra que explicó décadas de fracaso.
  
En la Argentina, con el dudoso argumento de la "solidaridad", el sistema previsional fracasó porque era imposible ejercer algún tipo de control.
  
El Gobierno corre el riesgo de volver a confundir el significado de la manoseada palabra "solidaridad", que no es sacrificar la plata de los que trabajaron toda su vida para beneficiar dudoso gasto público sin control o pagar las cuentas de los que jamás se preocuparon en aportar.
.
El desprecio a los mercados
.
El anuncio de estatizar el régimen de capitalización también dejó en clara una definición política de fondo respecto de la economía.
  
"A nosotros los mercados no nos importan", dijo Amado Boudou, el jefe de la ANSeS que es la nueva estrella fulgurante del firmamento kirchnerista.
  
Ese desprecio a los mercados evidenciado desde la Rosada tuvo su correspondencia tras el anuncio de desaparición de las AFJP, una de las pocas animadoras de la compra-venta de acciones.
  
En el peor momento de las finanzas mundiales, al gobierno se le ocurrió sacar el poco sostén que le quedaba a la operatoria bursátil, y ahora el descalabro es mayor aquí que en otras capitales.
  
En España hay convencimiento de que la Argentina se encamina hacia una estatización mayor, y entonces todo el sistema empresario está en alerta.
  
El temor provino del hecho de que las AFJP tiene participación accionaria en unas 40 compañías de primera línea, de las cuales el Estado argentino se convertirá en accionista si el Congreso aprueba el proyecto.
  
Cristina habló sobre el tema con altos funcionarios españoles y buscó llevarles tranquilidad de que su gobierno no quiere quedarse con empresa alguna.
  
La semana próxima Cristina se verá con el jefe de Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, en el marco de la Cumbre de El Salvador, y buscará terminar de clarificar la posición del gobierno argentino.
  
También se quejará porque en España empezaron a culpar al "Efecto Tango" por la crisis.
  
Sin embargo, los pasos dados con el Correo y Aerolíneas Argentinas, la creación de Enarsa, que trajo más dolores de cabeza -incluida la contratación del trágico vuelo de la valija de Antonini Wilson- que beneficios, parece contradecir ese discurso oficial.
  
¿Si privatizaron las AFJP, por qué no podrían echar mano de las prepagas y otros sectores de la economía que también tienen aportes apetecibles", se preguntaban cerca de una cámara empresaria.
  
Desde la Asociación Empresaria Argentina -que nuclea a los holdings más importantes del país- consideran que la medida perjudica el clima de negocios y genera desconfianza a una sociedad agobiada.
  
En economía, los errores de cálculo los termina pagando la sociedad, y por décadas, y más si el gobierno opta por sentarse a aplaudir la crisis “Terminal” del modelo neoliberal, con la ingenuidad de creer que no terminará impactando sobre la Argentina.
  
Los tiempos que corren requerían de un liderazgo capaz de serenar los ánimos, de llamar a los consensos a todos los sectores y de poner al país rumbo a la consolidación de la reconstrucción iniciada por Eduardo Duhalde en el 2002, no sólo desde mayo del 2003 como gusta machacar el matrimonio presidencial.
  
El sentido común recomienda que, en estas horas aciagas, la Argentina apueste a dar certezas para conducirse en medio de la niebla.
  
¿Se podrá?