Un equipo de época, con la identidad como bandera
Independiente Rivadavia conquistó el Maracaná y lo hizo con su sello innegociable. Un equipo que quedará en la historia.
Independiente Rivadavia y una noche memorable en el Maracaná.
Prensa CSIREl periodismo deportivo local se encuentra bajo una situación extrema. De peligro, de apuros, de exigencia máxima. Entre la espada y la pared. Pero también de desafío. Porque el formar parte, desde este lado, de un hecho sumamente relevante para la provincia, como el momento histórico que atraviesa Independiente Rivadavia, se le agrega la ardua, dificultosa y no menos comprometida tarea de encontrar adjetivos para un equipo que completa todos los casilleros.
Porque ya se dijo todo, se escribió todo, casi que no quedan términos para poder describir lo que a esta altura parece indescriptible. Un acontecimiento sin precedentes que nos obliga a agudizar el ingenio, la perspicacia, el seso. Para que las plumas, los micrófonos y las pantallas no se circunscriban a un mero glosario de palabras que, a esta altura, dejan sensación a poco, a nada.
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Porque cuando dentro de algunas décadas o siglos, en donde los libros y las poesías reflejen desde su más preciado talento cualquier tipo de expresión sobre este equipo de Independiente Rivadavia, coincidirán desde la primera a la última página en que éste fue un equipo de época.
Un arquero que es una maravilla
Con su juventud a flor de piel, el caso de Nicolás Bolcato sirvió para tirar a la basura uno de los benditos mandamientos del fútbol: 'es un arquero joven, va a cometer muchos errores hasta madurar'. Máxima que va derecho al tacho.
Con la seguridad de un avezado, la presencia de un experimentado y la audacia de un pibe que recién empieza su camino, el 1 se transformó en un indiscutido, a pesar de las lógicas y sumamente razonables dudas del principio.
Una trinchera infranqueable
Guiados por los tres generales más funestos, dañinos y despiadados jamás conocidos, como Sheyko Studer, Iván Villalba y Leonard Costa, el equipo todo posó su seguridad, y su tranquilidad, en una defensa que no permite dudas, no da lugar ni a un necesario respiro, te va distrayendo, te enrosca, te lleva y te come.
Primera plana a los que se agregan, con la misma personalidad que sus superiores, jugadores como Luciano Gómez, Ezequiel Bonifacio, Alejo Osella y Juan Manuel Elordi, que acatan cada orden, cada llamado, cada disposición. Y que cuando escuchan el grito de guerra, disparan hacia adelante como soldados que darán todo lo que tengan para ganar la batalla.
Fuego y juego, la combinación letal
Llevados de la mano por el líder espiritual del movimiento, como Tomás Bottari, la Lepra logró reunir los dos ingredientes necesarios para elaborar la poción perfecta. Acompañado por José Florentín, su perro de presa más fiel, el eje del mediocampo sostiene los cimientos fuertes y robustos que soportan cualquier adversidad.
Y con el fuego, el juego. El mejor juego. Ese que pregonan los Matías Fernández, los Gonzalo Ríos, los Rodrigo Atencio, los Leonel Bucca. Pelota al pie, cabeza en alto, pecho inflado. Simpleza, viveza, vigor. Toque y firulete. Pase y gambeta. Del balón hacen palomas y llevan de paseo a su novia eterna. Y la pelota, enamorada.
Los tres chiflados
Locos de atar. Inconscientes. Desequilibrados. Enajenados. Con condiciones propias y exclusivas de una persona que no conoce de límites. Así van a cada pelota, así juegan, así viven. Como Moe, Larry y Curly, que te pueden hacer reír y te pueden hacer llorar en cuestión de segundos.
Sebastián Villa, Alex Arce y Fabricio Sartori. Experiencia y juventud. Selección y potrero. Sabiduría y audacia. Los que terminan la obra, le ponen la cereza al postre, colocan el último ladrillo, escriben el desenlace de la novela. Los protagonistas de la película, esos que nunca mueren y que todos aman. Los hacedores del grito sagrado. Con cada jugada, cada centro y cada gol. Como los de ayer, inolvidables, irrepetibles e imborrables. De locos.
El padre de la criatura
Bueno, acá sí me quedé sin palabras. Perdón Alfredo.


