Riquelme tuvo un cara a cara con el plantel de Boca tras la dura derrota ante Vélez
Después de una actuación que encendió el malestar interno en Boca, Juan Román Riquelme decidió intervenir y dejó en claro su postura frente al plantel.
El día después de la derrota ante Vélez, Juan Román Riquelme intervino, habló con el plantel y encendió las alarmas en Boca.
Archivo y NALa imagen que dejó Boca en la derrota por 2-1 ante Vélez en Liniers generó un fuerte impacto interno. El rendimiento fue cuestionado por los hinchas, por el cuerpo técnico y también por la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme, que reaccionó rápido ante la pobre producción mostrada por el equipo otra vez fuera de la Bombonera.
Una interna con versiones cruzadas
Tras el entrenamiento vespertino en el predio, el presidente mantuvo una reunión con los referentes y el cuerpo técnico. Según publicó el diario Olé, fue el propio Román quien modificó la logística y ordenó que los jugadores se entrenaran en su jornada libre, como señal de disconformidad por lo mostrado ante el Fortín.
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Sin embargo, el periodista Tony Serpa aportó otra versión y aseguró que fue Leandro Paredes quien pidió autorización para entrenar, con el aval de Marcelo Delgado y del propio Riquelme. Más allá de las interpretaciones, lo cierto es que la decisión reflejó la preocupación institucional por el presente del equipo.
La situación recordó otros momentos de tensión en la gestión actual. Basta repasar el clima que se generó tras el cuestionado cambio de Zeballos ante Racing, cuando la continuidad del entrenador volvió a quedar bajo la lupa y la Bombonera expresó su descontento.
El mensaje directo de Juan Román Riquelme al plantel
Este lunes, ya con la práctica confirmada, Riquelme encabezó una charla cara a cara con los futbolistas. Tenía la necesidad de hablarles y dejar en claro su postura. Los jugadores escucharon el mensaje y algunos referentes también tomaron la palabra en un intercambio interno que buscó reordenar el rumbo.
En el mundo Boca, cuando el presidente decide intervenir de manera directa, el gesto funciona como una advertencia. No es una casualidad ni un movimiento aislado: suele ser la señal de que la paciencia comienza a agotarse.
Ese patrón ya se repitió con otros entrenadores durante su gestión, como Diego Martínez, Battaglia, Ibarra o Almirón, tras derrotas que marcaron quiebres en sus ciclos. Hoy, Claudio Úbeda empieza a transitar ese mismo escenario, en un contexto donde puertas adentro no parece haberse consolidado la química que tuvo su antecesor.



