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Porque siempre es mejor morir de pie, que vivir de rodillas

Lo de Estudiantes de La Patria en Santiago del Estero fue sólo para cumplir con los protocolos, porque la copa ya la había ganado mucho tiempo antes.

Un saludo que quedará para la historia. Eduardo Domínguez, DT de Estudiantes, con Claudio Tapia, presidente de la AFA, en plena premiación.

Un saludo que quedará para la historia. Eduardo Domínguez, DT de Estudiantes, con Claudio Tapia, presidente de la AFA, en plena premiación.

Con alma, corazón y vida. Con sangre, sudor y lágrimas. Con la espada, con la pluma y la palabra. Con un espíritu inquebrantable como ese quebracho que ni el viento más fuerte puede derribar y un valor que se atesora como si fuera la obra de arte más cara jamás valuada.

Y una historia, detrás, de alegrías y tristezas, de triunfos y derrotas, de éxitos y fracasos, pero con una cultura que no se negocia: siempre de pie.

Porque si hay algo que sobresale del título conseguido por Estudiantes de La Patria, este sábado en Santiago del Estero, fue su amor inefable e innegociable por sus ideales. Ese mismo amor que hoy ya no toca a la puerta de casi nadie y camina como un alma desamparada por los suburbios oscuros y tenebrosos del fútbol argentino, buscando un cuerpo que lo adopte y lo lleve de la mano hacia arriba.

Esos mismos ideales que, en su momento, le permitieron plantarse ante el poder y no dar lugar a ningún tipo de embestida. Nada. Ni un paso atrás. Firmes, estoicos, inamovibles. De frente, con la cara dura como una roca. Y también de espaldas, con el lomo erguido como esa presa que espera el ataque del cazador más furtivo. Pero nunca de rodillas.

Verón con la copa de Estudiantes
Juan Sebastián Verón, el líder espiritual del movimiento.

Juan Sebastián Verón, el líder espiritual del movimiento.

Y entonces, ¿qué pensarán hoy todos aquellos adláteres que viven en las sombras de un poder que se cae a pedazos? ¿Qué sentirán aquellos que dejan a los propios de lado para no mostrarse endebles ante los ajenos? ¿Habrán tomado nota que caminar por la vida con la cabeza gacha bajo un resguardo que parece que está pero es inexistente, no te hará llegar a la línea de meta?

Y un poco más en el barro, ¿qué sentirán hoy los hinchas del fútbol argentino cuyos representantes levantaron la mano cada vez que se lo pidieron y no prefirieron, al menos una vez, pensar en esos mismos que hoy te sostienen los cimientos y permitirse una lucha sin importar las consecuencias?

Porque, en definitiva, el que presentó batalla, se bancó los golpes más duros, las embestidas más cobardes y los ataques más arteros, fue el que nunca se cayó. Se mantuvo. Sólo. Contra todo y contra todos. Bajo la guía espiritual de un líder que navegó contra viento y marea y tuvo su recompensa, la que celebró con su gente, como un hincha más, sabiendo que los ideales no se negocian, que la historia no se toca y que siempre, pero siempre, será mejor morir de pie que vivir de rodillas.