Pacífico en la Liga Argentina de vóley: cuando el resultado no alcanza para explicar la grandeza
El Club General San Martín dejó una huella en la Liga Nacional Femenina de Vóley: coraje, respeto y un ejemplo que trasciende el resultado.
Frente a un rival con un enorme historial en la Liga de Vóley como Club Banco Provincial, las atletas de Pacífico elevaron el nivel de juego desde el primer set hasta el último, llevando el duelo al límite y forzando un emocionante tie break.
A pesar de la caída por 3-2, con parciales que reflejaron la paridad (25-27, 24-26, 25-18-5, 25-19, y 9-15) y el compromiso de ambas escuadras, el equipo mendocino nunca bajó los brazos.
Liga Argentina de vóley: la entrega de Pacífico
El equipo mendocino dejó el alma en la cancha y, aun en la derrota, ofreció una lección de templanza, pertenencia y respeto que trasciende el marcador.
Hay partidos que se recuerdan por el resultado y otros que se guardan por lo que enseñan. Lo del Club General San Martín en los cuartos de final de la Liga Nacional Femenina de Vóley pertenece a esa segunda categoría, la que no cabe en una planilla estadística ni se explica en una crónica fría.
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La firma de Pacifico en la Liga Argentina de Vóley
Pacífico jugó un partidazo. De esos que obligan a mirar cada punto con el cuerpo inclinado hacia adelante, como si uno pudiera empujar la pelota con la respiración. Peleó cada set con una convicción que no se negocia, con la decisión de no bajar los brazos ni siquiera cuando el cansancio pedía tregua.
El tie break fue la síntesis de esa identidad: corazón abierto, manos firmes, mirada al frente. El resultado final marcó la eliminación, sí, pero también dejó algo más difícil de conseguir: respeto.
En las tribunas, las chicas de las inferiores miraban con los ojos bien abiertos. No solo veían un partido: estaban presenciando una lección.
Aprendían que competir es sostenerse cuando duele, que perder con caballerosidad no es resignarse sino honrar el juego, que el aplauso del final —propio y ajeno— a veces dice más que un festejo.
Anoche quedó claro que dejar el escudo en lo alto, subir la vara para lo que vendrá y demostrar que la tenacidad del vóley sigue viva también es ganar.
Pacifico en la Liga: ser profesionales en el amateurismo más puro
Detrás de esa entrega dentro de la cancha hubo, además, un trabajo silencioso y determinante fuera de ella.
El esfuerzo de las jugadoras y el cuerpo técnico estuvo acompañado por una dirigencia que asumió el desafío con compromiso total: acondicionar el estadio, planificar una pretemporada como la competencia exigía, gestionar recursos y sostener un proyecto que buscó rozar el profesionalismo aun dentro del amateurismo más puro. No es un detalle menor. Es la arquitectura invisible que permite que lo visible emocione.
Y hubo algo más, quizá lo más valioso: el comportamiento del público.
El estadio estuvo colmado y, sin embargo, nunca se desbordó el respeto. Hubo reclamos, como los hay en toda competencia auténtica, pero jamás se cruzó la línea. Se alentó con la garganta, con los bombos y con el corazón. Ese modo de estar también construye. No solo fortalece a un club: hace crecer al vóley mendocino, lo vuelve más maduro, más consciente de su lugar y de su destino.
San Martín se despidió del torneo con el dolor lógico de quien queda al borde. Pero también con la serenidad de quien sabe que lo dio todo. Y hay algo profundamente humano en eso: entender que el deporte —como la escritura— es una forma de decir quiénes somos cuando nadie nos garantiza el final feliz. Anoche, Mendoza vio a un equipo perder en el marcador y ganar en el espíritu. Y lo entendió. Por eso el aplauso fue largo, sentido, necesario. Porque a veces, en el deporte como en la vida, la dignidad también sube al podio.


















