La verdad de por qué no puede ganar el club de Sebastián Torrico
Fadep se armó para pelear el ascenso, pero hoy es el único de su zona que todavía no ganó. Detrás de los malos resultados hay problemas económicos, malestar interno y una relación desgastada con el entrenador.
Torrico es uno de los ídolos modernos de San Lorenzo.
FADEP, el club que tiene como principal referencia a su presidente Sebastián Torrico, no arranca. Esa ya no es una sensación, es una realidad que empieza a preocupar seriamente. El equipo fue armado para pelear el ascenso, con nombres pesados, jugadores de experiencia y una estructura pensada para ser protagonista en el Federal A. Sin embargo, hoy la foto es completamente distinta: último en su zona, sin triunfos y con un clima interno que está lejos de ser el ideal.
Porque el problema no pasa solamente por lo futbolístico.
Puertas adentro, hay dos situaciones que explican gran parte de este presente y que ayudan a entender por qué un plantel armado para competir arriba hoy está peleando por salir del fondo.
La primera tiene que ver con lo económico. En el plantel hay malestar por atrasos en los pagos de los sueldos. Los jugadores no han estado al día como se esperaba y eso, inevitablemente, empezó a generar ruido. Cuando las promesas no se cumplen y los salarios se demoran, el vestuario lo siente. Y mucho más en un equipo donde llegaron futbolistas importantes que apostaron por un proyecto ambicioso.
Ese fue el primer golpe.
El segundo, quizás más delicado todavía, tiene que ver con la relación entre el plantel y Diego Pozo.
No sería la mejor.
Especialmente con los jugadores más experimentados, esos que llegaron para ser referencia dentro y fuera de la cancha. En FADEP hay nombres de peso: Enzo Kalinski, Ramón Lentini, Gonzalo Klusener, José Méndez y varios futbolistas con recorrido en Primera División, Nacional B e incluso con títulos importantes en sus carreras.
Justamente ahí apareció el conflicto.
En las primeras fechas, algunos referentes no estaban siendo convocados o entrenaban bajo la misma exigencia que juveniles y jugadores con otro recorrido. Eso no cayó bien. Sobre todo en futbolistas como Kalinski, acostumbrados a otro tipo de manejo y a otro lugar dentro de un plantel.
Esa situación empezó a generar una grieta entre el grupo y el cuerpo técnico.
Hoy la relación no está rota del todo, pero tampoco es buena. Se convive, se sobrelleva, pero el vínculo no es el mejor y eso también termina impactando directamente en el rendimiento del equipo.
Cuando el vestuario no está alineado, se nota.
Y FADEP lo está sufriendo.
Porque no alcanza con tener nombres importantes si el contexto no acompaña. No alcanza con experiencia si el grupo no está convencido. Y no alcanza con un buen mercado de pases si después el equipo no encuentra armonía.
Hoy FADEP no solo pelea contra sus rivales.
También pelea contra su propio presente.
Y mientras no resuelva lo que pasa adentro, será muy difícil cambiar lo que pasa afuera.