ver más

La historia de Soledad Arroyo antes de la gran final entre Independiente y Godoy Cruz

Soledad Arroyo palpita la final con la Lepra: una historia de lucha, emoción y un mensaje fuerte sobre lo que cuesta ser mujer en el fútbol.


En la previa de la gran final del fútbol femenino 2025, Soledad Arroyo no solo se prepara para un partido decisivo: también representa una historia de lucha, identidad y emoción que atraviesa generaciones.

La arquera de Independiente Rivadavia dejó frases que pintan de cuerpo entero el camino del fútbol femenino y lo que significa hoy defender el arco de la Lepra.

“Es una realidad muy diferente a cuando yo empecé a jugar. Era muy difícil, muchas compañeras se cortaban el pelo para poder mezclarse con los varones”, recordó, marcando el contraste entre aquellos primeros pasos y el presente.

Soledad Arroyo y la gran fina entre Independiente Rivadavia y Godoy Cruz

Su llegada al club no fue casual. Está atravesada por un sentimiento profundo:

“En lo personal es muy especial. Tengo un cariño y un respeto muy grande por Godoy Cruz y su gente, viví cosas muy lindas ahí. Por un pedido de mi papá, que era muy hincha de la Lepra, quise cumplir ese deseo de él, que ya no está. Y la verdad que acá me recibieron muy bien”.

Arroyo también habló de los momentos difíciles en su carrera, especialmente cuando no fue tenida en cuenta en Godoy Cruz:

sole en Islas Feroe

Sole Arroyo y su paso por las Pumas.

“Hoy entiendo que los técnicos tienen que tomar decisiones. En su momento me costó mucho, pero hoy estoy viviendo cosas muy lindas. Eso ya quedó en otro capítulo de mi vida”.

Ahora, el presente la encuentra defendiendo uno de los arcos más pesados de Mendoza:

“En la Lepra la presión está desde que te ponés la camiseta”.

Pero más allá del resultado, su mensaje va mucho más allá del fútbol:

“Sabemos que cuesta mucho siendo mujer en este ambiente, es remar en dulce de leche. Siempre digo que piensen en todo lo que dejan para estar, en cada nena que está empezando a patear una pelota y en su niña interior”.

Con esa mezcla de historia personal, compromiso y pasión, Soledad Arroyo llega a la final no solo como arquera, sino como símbolo de una lucha que hoy empieza a tener más lugar… pero que todavía exige mucho esfuerzo.