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La final que nadie pudo jugar: dos suspensiones, escándalo y una historia que busca terminar

Del caos en la cancha de Maipú al papelón en Gutiérrez: la final entre Independiente Rivadavia y Godoy Cruz vuelve a escena… ¿ahora sí se va a jugar?

tomba femenino

Hay partidos que empiezan cuando rueda la pelota. Y hay otros que empiezan mucho antes… y no terminan nunca.

Esta final femenina entre Independiente Rivadavia y Godoy Cruz es de esas.

Arrancó un 21 de diciembre, en la cancha de Maipú. Era una tarde de esas que prometen quedar en el recuerdo. Pero no por lo que pasó adentro, sino por todo lo que se desbordó afuera. El aforo corto, la ansiedad larga, la gente apretada contra la ilusión… y en algún momento, todo se rompió.

No hubo partido. Sólo bronca.

Siete días después, como quien insiste con una historia que no quiere rendirse, lo volvieron a intentar. Esta vez en Gutiérrez. Los equipos salieron a la cancha. Estaban ahí. A metros de empezar. Con los botines ya marcando el pasto.

Pero el fútbol, a veces, también se cansa.

Y otra vez no se pudo.

Otra vez el ruido le ganó a la pelota.

En el medio pasaban cosas que no salían en la planilla del árbitro. Pasaban por otro lado. Por oficinas, por pasillos, por discusiones que nada tenían que ver con un pase o un gol. La figura de Omar Sperdutti flotaba en el aire como una discusión abierta, como si la final también se jugara ahí, lejos del estadio.

Y así quedó: suspendida.

No sólo en lo deportivo. También en lo emocional.

Porque el hincha no archiva esas cosas. Las guarda.

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Las chicas de la Lepra y el Tomba, unidas tras una nueva suspensión de la final de la Liga Mendocina.

Las chicas de la Lepra y el Tomba, unidas tras una nueva suspensión de la final de la Liga Mendocina.

Pasó el tiempo. Lo justo como para que bajara un poco el polvo. Sperdutti ya no está. Y en el fútbol mendocino, como en la vida, cuando cambian las caras parece que todo vuelve a tener una oportunidad. Entonces aparece el tercer intento. Y esta vez, en el lugar que muchos señalaban desde el principio: el Malvinas Argentinas. Amplio, neutral, como si necesitara espacio para que todo lo que antes se desbordó, ahora sí encuentre cauce.

Dicen que ahora está todo organizado. Que las entradas ya tienen precio. Que hay un plan. Pero esta historia ya no se mide en logística. Se mide en otra cosa. En si el fútbol, de una vez por todas, puede ganarle al ruido. En si la pelota puede empezar… y llegar al final.

Porque después de todo lo que pasó, esta final ya no necesita presentación. Necesita que alguien dé el pitazo… y esta vez, no lo corte nadie.

Los precios son los siguientes:

(Podes comprar acá) Popular: $7.900

  • Platea cubierta: $13.900
  • Platea preferencial: $35.000
  • Estacionamiento: $5.000