Independiente Rivadavia y esa hermosa montaña rusa de sensaciones
Independiente Rivadavia salió campeón de la Copa Argentina en Córdoba de una manera tan épica y sufrida como lo marca su historia.
La Lepra tiene su primera estrella.
Independiente Rivadavia logró el tan ansiado título para la provincia de Mendoza. Algo que muchos equipos del interior, y no hablo solamente por Godoy Cruz, han buscado toda la vida y no lo pudieron conseguir. Es que así es la Lepra, un club muy sufrido que logró la máxima saliendo campeón de un torneo oficial como lo es la Copa Argentina.
La historia de la Lepra en estos últimos 25 años se basa en una montaña rusa de sensaciones. Un club que pasó las peores crisis institucionales, deportivas, que estuvo a punto de jugar al Regional Amateur y ahora es uno de las instituciones con más proyección y que va a jugar la Copa Libertadores 2026. Igualmente para no irme mucho por las ramas, vamos a hablar de algo puntual y concreto, que en parte grafica a la perfección lo que es la vida de Independiente Rivadavia.
La final de Copa Argentina ante Argentinos Juniors marca esto que hablo de que la Lepra es un club en donde nunca te podés relajar porque podes pasar de la alegría y el llanto de felicidad a la amargura y preocupación. El partido en cancha de Instituto tuvo todos los condimentos posibles y todos los hinchas que estuvimos ahí sentimos la misma sensación por cada escena que iba pasando.
Empezar ganando con un gol de Alex Arce, el paraguayo al que todos estábamos esperando y apareció en el momento más importante, a los 9 minutos generó una explosión y parecía que todo iba a ir fácil como nunca pasó en la historia de este club, donde las cosas fáciles nunca abundaron. Partido trabado, en el que no nos sobraba nada, pero que se estaba jugando con mucha intensidad y con el corazón en la mano. No pasaba mucho y antes que terminara el primer tiempo Maximiliano Amarfil fue expulsado. Un jugador menos y, si había nervios porque era una final, se multiplicaron. Contentos por la ventaja, pero en el entretiempo en las tribunas se escuchaba el “hay que aguantar como sea“. Arranca el segundo tiempo y la tensión se sentía hasta que Villa robó una pelota, se la dio a Matías Fernández para poner el 2-0. ¿Partido liquidado? Esto es Independiente Rivadavia, nada es tan fácil y todavía quedan muchos capítulos todavía.
La celebración leprosa en la final de la Copa Argentina.
La alegría era tal y todos por dentro pensábamos que estaba liquidado, pero Argentinos sacó del medio y Lescano descontó. Otra vez preocupación pese a la ventaja. En el medio Alfredo Berti -me paro y aplaudo-, se va expulsado y el nerviosismo se apoderaba de todos los leprosos que estábamos en Córdoba y los que se que quedaron en Mendoza también. El árbitro se encargó de que todos, incluyendo jugadores y hasta hinchas neutrales, sintieran esa sensación de bronca porque desde que terminó el partido con River por la semifinal que se encargaron de complicar y perjudicar al hincha de la Lepra. Su mal manejo y las famosas chiquitas para el Bicho hicieron explotar al DT que se fue expulsado.
Volviendo al juego, 15 minutos más de adición y a seguir sufriendo. Ezequiel Centurión se va lesionado e ingresa Gonzalo Marinelli, que estaba desgarrado pero que quería estar igual. Alejo Osella se le va la pierna de más y es expulsado. 9 jugadores para cerrar una final y con una corta ventaja de un gol. A los 6 minutos de descuento llega el gol de Erik Godoy para tirarnos toda la ilusión al carajo.
Yo sé que muchos pensamos que hasta ahí había llegado nuestro sueño. Que este club es tan sufrido que nos mostraron el cascabel durante 105 minutos, pensamos que lo teníamos y que sobre el final nos lo arrebataron. Pero esto es Independiente Rivadavia y hasta el final íbamos a ir a dar pelea.
Volvemos un ratito a la previa antes de los penales. Los hinchas ya vivían el partido en la previa. “Ojalá no vayamos a penales, ellos tienen a Chiquito Romero“, decían los hinchas, me incluyo. “Bueno, igual nosotros tenemos a Centurión que también ha atajado varios“, respondían los más positivos. En los penales no iba a estar Centurión y la sensación por todo lo que venía pasando era de que las chances eran mínimas. Los que patearon lo hicieron con unos huevos impresionantes para no dejarle chance al arquero rival de absolutamente nada. Apareció Gonzalo Marinelli, el héroe inesperado, y la Lepra va a bordar la estrella en el escudo.
Independiente Rivadavia, un campeón con todas las letras que superó cada adversidad que se le puso adelante.
La final fue una montaña rusa de sensaciones, como bien lo marca la historia de este club. Y saben qué, así se disfruta más. Porque no hay nada más lindo que ser de Independiente Rivadavia. Salud, campeones.



