Gimnasia resistió en La Bombonera y rescató un punto de carácter ante Boca
Gimnasia y Esgrima de Mendoza sostuvo el orden en el segundo tiempo y firmó un 1-1 valioso en una cancha siempre difícil.
Gimnasia hizo un partido de enorme carácter en La Bombonera: sostuvo la intensidad, se defendió con inteligencia y, cuando el empuje de Boca Juniors apretó en el complemento, respondió con orden y temple. El 1–1 deja la sensación de tarea cumplida para Gimnasia y Esgrima de Mendoza, que compitió de igual a igual en un escenario siempre exigente y se llevó un punto que vale por lo que sumó… y por cómo lo consiguió.
Gimnasia se plantó en La Bombonera y golpeó primero
El primer tiempo en La Bombonera dejó un 1-1 intenso y bien jugado, con matices claros en la propuesta de cada equipo. Boca Juniors asumió el protagonismo desde el arranque, pero su dominio fue más territorial que profundo: mucha circulación, pocas rupturas y escasa sorpresa para quebrar el orden de Gimnasia y Esgrima de Mendoza, que defendió con inteligencia sin meterse en su área y sostuvo la línea lo más cerca posible de la mitad de la cancha.
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El Lobo mendocino eligió un plan claro: bloque compacto, salidas rápidas por los costados y valentía para presionar en zonas intermedias. En una de sus primeras llegadas, encontró premio. Centro preciso de Franco Lencioni desde la derecha y aparición de Paredes, que anticipó en el área para el 1-0. El gol sacudió a Boca, que entró en un pasaje de nerviosismo, con imprecisiones en los últimos metros y sin poder comprometer con claridad al arquero visitante.
Cuando el trámite parecía inclinarse para Gimnasia, la jerarquía individual cambió el pulso. En una de las pocas jugadas limpias del local, Miguel Merentiel encontró el espacio y definió para el 1-1, devolviendo equilibrio al marcador y al ánimo xeneize. Boca empujó con más ímpetu que ideas y el Lobo sostuvo su libreto, firme y ordenado.
Sobre el cierre llegó la gran polémica de la etapa inicial. Adam Bareiro convertía el segundo para el local tras una jugada que desató el festejo en la Bombonera, pero el árbitro anuló el tanto a instancias del VAR por una posición adelantada en el inicio de la acción. La revisión enfrió el clima y terminó de sellar un primer tiempo abierto y cargado de tensión.
Con el 1–1 del primer tiempo como punto de partida —Boca con dominio territorial y Gimnasia y Esgrima de Mendoza con un plan nítido y eficaz— el complemento fue, casi por completo, una prueba de resistencia. Boca Juniors adelantó líneas, empujó con más gente y buscó por fuera lo que no encontraba por dentro. Hubo centros, segundas jugadas y un ritmo alto que obligó al Lobo a convivir con el retroceso, pero sin perder la estructura que había sostenido todo el partido.
Gimnasia entendió el momento: juntó líneas, cerró pasillos interiores y defendió cada envío como si fuera el último. Cuando pudo, enfrió con posesiones cortas y faltas tácticas lejos del área; cuando no, se apoyó en la atención permanente de Petruchi y en una zaga que ganó más de lo que perdió. Boca tuvo empuje, pero le costó transformar ese dominio en situaciones nítidas; el empate de Miguel Merentiel había equilibrado el trámite, y en el segundo tiempo el local sumó volumen sin la precisión necesaria para quebrar el orden visitante.
El Lobo, que había golpeado primero con la aparición de Paredes tras el centro de Franco Lencioni, cerró la noche con una actuación madura: supo cuándo presionar, cuándo replegar y, sobre todo, cómo no desarmarse en el peor tramo del partido. El 1–1 en La Bombonera vale por el rival, por el contexto y por la forma: un punto trabajado, sufrido y consciente, de esos que construyen campaña y carácter.
En una cancha que suele inclinar la balanza, Gimnasia no sólo resistió: compitió. Y eso, también, se festeja.


