En Mendoza hay que cuidar el fútbol de niños y jóvenes
Fui al predio de Coquimbito de Godoy Cruz con las expectativas muy altas y me fui defraudado. Los pros y los contras de una jornada agridulce.
Eventualmente tuve la posibilidad de concurrir al predio que Godoy Cruz tiene en Coquimbito donde entrenan los planteles profesionales y también los niños y jóvenes de la cantera tombina, que disputan igualmente sus partidos oficiales
Tenía comentarios previos favorables, de la prensa y al concurrir mis expectativas eran buenas, tanto por el partido que iba a observar, por el ámbito donde se disputaría.
Al arribar, observando la amplitud de lo que se veía desde afuera, la primera mirada fue positiva. Pórtico amplio de entrada y controles de ingreso, que solicitaron 10.000 pesos. Consultados si era valor de entrada por persona, aclararon que era por el vehículo, que pudo ser estacionado en una playa grande y cómoda. El precio habitual de clubes que cobran algún valor por observar los partidos de divisiones inferiores a los automóviles es de 5.000 pesos. Las instituciones grandes de Bs As no cobran ningún importe a los concurrentes.
Consultados a que equipo veníamos a acompañar y señalando que al visitante, nos informaron que” luego de estacionar el vehículo, debíamos dirigirnos hacia el lado derecho, donde ya caminaban varias personas y ahí a 200 metros aproximadamente, encontraríamos la cancha donde se disputaría el encuentro. “ Es pasando el edificio de los baños públicos que tienen a continuación de la playa de estacionamiento”.
Completamos el recorrido, caminando en la tierra y bordeando varias canchas pegadas, donde el estado del césped lucía en muy buena forma, a excepción del de una sola cancha que estaba con el piso seco y sin el habitual color verde de canchas en buen estado.
El espectáculo de la vista de la cordillera nevada fue maravilloso.
Sin tomar en cuenta la cantidad exacta de canchas, aproximadamente 6 o 7, al arribar a la donde se desarrollaría el encuentro, nos encontramos con una sorpresa desagradable.
Las canchas están pegadas una al lado de otra y los padres de los jugadores y los concurrentes deben observar el partido detrás de las rejas y los arcos en espacio de tierra. No hay tribunas pequeñas, ni posibilidad de sentarse en ningún sitio, ni ubicarse en los costados de las canchas.
Parados, al ras del suelo y a la distancia. Inconcebible, por la incomodidad y por la distancia hacia el arco contrario. Adivinando lo que sucede, sin mínima comodidad y en piso de tierra. Sorpresa y decepción.
La segunda mirada negativa fue casual, pero ocurrió. El partido, oficial de torneos de la Liga Profesional, tuvo una demora de 20 minutos en iniciarse. El día era frío y el lugar incómodo. El motivo inexplicable: no se podían abrir los vestuarios porque faltaban las llaves del candado. Hubo que romper los candados y eso fue la causa ¡ del retraso. ¿Y el encargado? Ausente sin aviso y sin plan B; copia de las llaves por ejemplo.
Finalizado el match, con triunfo justo de un equipo tombino compacto y decidido, concurrí al baño público.
Ahí me encontré con otra sorpresa desagradable. Baños sucios, descuidados, obviamente sin jabón ni papel higiénico, con restos de vasos de plásticos sin saber que líquidos tenían. La experiencia fue incómoda y, reitero, desagradable.
La experiencia fue agridulce. Los comentarios previos eran promisorios. La realidad fue más negativa que positiva. Vale señalar que no hubo posibilidad de ver las instalaciones de vestuarios y aledañas, por lo que la referencia es a lo transitado, ocupado y usado.
Las familias y allegados de niños y adolescentes que sueñan con ser futbolistas los acompañan permanentemente en sus anhelos y deseos. Están siempre. En el predio de Godoy Cruz la presencia , lejos de ser confortable, es incómoda y difícil para apreciar el juego. Ni hablar si debe recurrirse al uso de los sanitarios.
A la intemperie absoluta, debe ser compleja la presencia en días de canícula importante. No se requieren expendios de sumas elevadas, que escasean, en infraestructura; si lo mínimo para poder acompañar y disfrutar del desempeño de jóvenes que compiten en el predio de Coquimbito.
Aledañamente, tampoco había en la cercanía de las canchas ningún lugar para adquirir alguna infusión o vituallas a adquirir.
Puede que las autoridades tomen nota de alguien que concurrió con expectativas elevadas en relación a las instalaciones y con la ilusión de observar a un pariente cercano que juega en un club de Buenos Aires y que por ello se alejó de su hogar familiar y vio defraudadas sus expectativas.
Los concurrentes no desean comodidades diferentes ni lujosas. Sólo lo mínimo para tener donde sentarse y poder observar en un lugar lógico el partido. También baños dignos y limpios. Nada extraordinario.
El club Godoy Cruz Antonio Tomba, en este aspecto, está en deuda. La fama del predio es exagerada y errónea. Es de esperar que lo señalado negativamente sea resuelto. Los familiares de la cantera del club son muy importantes y deben ser atendidos correctamente. Muchos hacen sacrificios de valor para acompañar en sus deseos a niños y adolescentes. El club lo debe tener muy en cuenta.

