El mendocino que hace historia en medio del fuego: el único futbolista en Irán
El mendocino Gustavo Blanco Leschuk es el único futbolista argentino en Irán y vive la suspensión de la liga en medio de la tensión internacional.
El jugador llego en 2022 al futbol de Irán.
@foolad_clubNo es un rumor ni un clickbait: en estos días en que Irán es portada mundial por la tensión, los ataques y la suspensión de su liga de fútbol, hay una historia más discreta que late lejos del ruido político, pero con la misma intensidad humana. Un mendocino —de esos que nacen con hambre de fútbol y con una valija bajo el brazo— sigue en medio de un conflicto que pocos entenderían si no hubieran pasado por la geografía del juego.
El futbolista mendocino que conquistó Irán
Gustavo Blanco Leschuk, delantero mendocino de 34 años, nacido en Las Heras, es hoy el único futbolista argentino que milita en la máxima categoría del fútbol iraní, la Persian Gulf Pro League. Allí, antes de que todo se detuviera por los bombardeos recientes entre Irán, Estados Unidos e Israel, jugaba con la camiseta de Foolad FC, un equipo que venía de ganar 2-0 ante Shams Azar y estaba a tiro de competir entre los mejores de la tabla cuando la pelota dejó de rodar.
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Hay fútbol y hay fútbol. Está el juego de domingos de barrio, el espectáculo global que pagan millones, y está la vida real de quienes, como Blanco Leschuk, corren detrás de un sueño en lugares que nadie en Argentina podría ubicar en un mapa sin Google. Este mendocino no llegó a Irán por casualidad: fue el primer argentino en cruzar el mundo para jugar en esa liga, firmando con Esteghlal FC en 2023, y luego recalando en Foolad, donde, con cada gol, dejó estampada una huella que pocos compatriotas han tenido la oportunidad de grabar en el fútbol de Medio Oriente.
Blanco: de Las Heras a los borbadeos de Irán
Mientras Irán cancela fechas, cerraba fronteras y se debate entre represalias y contraataques en el terreno político y militar, Blanco Leschuk está allí: lejos de sus pagos, lejos de su familia, en una ciudad que esta semana se ha visto bajo la sombra de los misiles y las noticias internacionales. ¿Qué pensará al amanecer y al anochecer? ¿Extrañará una empanada mendocina más que nunca? ¿Recordará los potreros donde aprendió a golpear la pelota con la misma intuición que hoy lo mantiene vigente en Asia?
Los diarios —cuando hablan de fútbol y de Irán— mencionan nombres de presidentes, ejércitos y diplomacia. Pocos ponen en primera plana a un delantero de Las Heras que se ganó el lugar de protagonista en una liga tan ajena a nuestras rutas tradicionales. Ese es su mérito: no la camiseta que usa, ni los goles que marca, sino el hecho de ser el único argentino que sigue allí cuando todo parece desmoronarse alrededor.
No se trata solo de fútbol. Es una lección, también, de resiliencia: de levantarse cada mañana con la certeza de que la pelota siempre seguirá siendo una excusa para mantenerse firme, aunque el mundo parezca tambalear.
Blanco Leschuk es, hoy por hoy, el rostro argentino en un torneo silenciado por los bombardeos. Él, con su figura recortada contra la línea de fondo de Irán, sigue ahí: esperando que el fútbol vuelva, como quien espera que las tormentas pasen y salga el sol otra vez.



