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El día que un campeón se despidió mientras el que lo iba a reemplazar ganaba su primera carrera

En Estoril 1993, Prost aseguró su cuarto título mientras Schumacher ganó y Senna quedó fuera: el inicio de un cambio de era.

Michael Schumacher.

Michael Schumacher.

Archivo.

El 26 de septiembre se cumplen 33 años de una de esas fechas que la Fórmula 1 no subraya lo suficiente en su propio calendario. No fue un accidente espectacular ni una polémica de último minuto: fue, simplemente, el momento exacto en el que una generación le entregó la posta a la siguiente sin que nadie, todavía, se diera cuenta de lo que estaba pasando.

Portugal, Autódromo do Estoril, 1993. Michael Schumacher gana la carrera. Alain Prost, que llega segundo, se corona campeón del mundo por cuarta vez. Y dos días antes, ese mismo Prost había anunciado que se retiraba de la F1 al final de la temporada. Tres nombres, una sola tarde: Prost, Schumacher y, dando vueltas en algún lugar del medio del pelotón antes de abandonar por un problema de motor, Ayrton Senna.

Un regreso con el auto correcto

Para entender por qué Prost llegaba a Portugal como candidato firme al título hay que remontarse a un año antes. En 1991 su relación con Ferrari había terminado mal, y pasó 1992 completo sin correr, una rareza para alguien de su estatura. Williams lo trajo de vuelta en 1993 para ponerlo al volante del FW15C, uno de los autos más avanzados que había producido la categoría hasta ese momento: suspensión activa, control de tracción y una electrónica capaz de exprimir cada décima del monoplaza mejor que cualquier rival en la parrilla.

Michael Schumacher.

Michael Schumacher.

El resultado fue previsible. Prost llegó a Estoril liderando el campeonato con comodidad, seguido por su compañero de equipo Damon Hill, con Senna tercero y Schumacher recién cuarto. El viernes anterior a la carrera, con 38 años y trece temporadas en la categoría a cuestas, anunció que 1993 sería su última campaña.

La carrera que confirmó todo

Hill largó desde la pole, Prost segundo y Schumacher sexto. La salida de Hill no fue buena, Prost quedó momentáneamente atrás, y Schumacher (todavía un piloto de Benetton con apenas una victoria en su carrera, lograda un año antes en Bélgica) aprovechó la estrategia de paradas y el tráfico para meterse adelante y quedarse con la punta.

Ganó Schumacher. Prost llegó segundo

Y ese segundo puesto era exactamente lo que necesitaba para asegurarse el título, el cuarto de su carrera, después de los de 1985, 1986 y 1989. La clasificación final quedó Schumacher, Prost, Hill y Jean Alesi. Lo llamativo es que ese resultado no fue un golpe de suerte aislado de Schumacher. Todas las carreras que terminó en 1993 acabaron en el podio, una regularidad que ya lo señalaba como el próximo gran nombre destinado a dominar la Fórmula 1, mucho antes de que ganara nada importante.

Ayrton Senna da Silva.

Ayrton Senna da Silva.

Por qué esta fecha importa más de lo que parece

Es tentador leer Portugal '93 solo como una curiosidad estadística: el día en que dos campeones distintos (uno que se iba, otro que recién empezaba a ganar) compartieron el mismo podio. Pero el verdadero valor de la fecha está en lo que vino después, casi como una cadena de fichas de dominó cayendo una detrás de otra. Prost todavía disputó las dos carreras restantes de la temporada sin ganar ninguna, pero sí subió al podio en Australia. Ahí ocurrió una de las postales más recordadas de la rivalidad Prost-Senna: después de años de tensión, competencia y algún que otro choque cargado de rencor, los dos se fundieron en un abrazo tras la última carrera del francés en la categoría.

Prost se retiró. Senna, liberado de McLaren, ocupó su butaca en Williams para 1994. Y Schumacher arrancó esa temporada de una manera brutal: ganó las primeras cuatro carreras del campeonato y terminó levantando su primer título mundial, con Benetton, el equipo que hoy conocemos como Alpine. Nadie en Estoril, esa tarde de septiembre de 1993, podía imaginar cómo terminaría 1994. No hace falta forzar el dramatismo: alcanza con decir que aquel fin de semana, sin que nadie lo notara todavía, fue uno de los últimos capítulos de una era que se estaba yendo. Prost, el piloto más metódico y calculador que tuvo la Fórmula 1 en los ochenta, bajándose del auto justo cuando el chico que definiría los noventa empezaba a ganar carreras con la regularidad de quien ya sabe lo que le espera.

Una fecha para revisar

Portugal 1993 no tiene la carga dramática de otros aniversarios de la F1, y tal vez por eso pasa desapercibido en el calendario de efemérides. Pero pocas carreras condensan tan bien un cambio de guardia real: no simbólico, no forzado por el relato, sino ocurrido en la misma pista, el mismo día, entre el mismo grupo de pilotos que después definiría gran parte de la década siguiente.

Alain Prost.

Alain Prost.

Treinta y tres años después, vale la pena volver a mirarla no como una curiosidad de trivia, sino como el momento exacto en que la Fórmula 1 empezó, sin saberlo todavía, a escribir el capítulo de Schumacher.

* Conrado Tomás Díaz Robledo. Estudiante.