AFA y Tapia necesitan obligadamente que Argentina sea campeón del mundo nuevamente
El tiempo pasó rápidamente y los desvaríos en la gestión acorralan a la AFA y a su presidente. Graves problemas si Argentina no vuelve a ser campeón del mundo luego del próximo torneo.
Desvinculado de los avatares judiciales y periodísticos que atraviesa el mundo del fútbol argentino y la AFA en especial, dado el estado económico y financiero que atraviesan la mayoría de los clubes argentinos, si el seleccionado nacional no reedita el logro de Qatar, el futuro luce sombrío.
La cancelación de la Finalissima es un detonante deportivo y económico que enmarca y dimensiona el real estado del fútbol en el país, con el modelo de gestión implementado por “Chiqui” desde la presidencia, acompañado sumisamente por la inmensa mayoría de los clubes, a excepción de Estudiantes de la Plata y River Plate.
Por qué necesita imperiosamente la AFA que Messi y compañeros triunfen en EEUU.
Hagamos un repaso del derrotero del seleccionado luego del éxito en Doha. El punto final será el cancelado encuentro frente a España.
Obtenido el título, el objetivo principal y prácticamente único, fue el dinero. Si no hubieran estado en juego las eliminatorias del mundial, Argentina sólo disputó 11 partidos irrelevantes, con 11 triunfos. Con el único objetivo de recaudar grandes sumas, sin importar la trascendencia deportiva.
Colaboró en el afán lucrativo exagerado la presencia superlativa de Lionel Messi. La actuación del astro aseguró un plus de millones de dólares por cada presentación.
El objetivo claro de AFA ha sido recaudar lo máximo posible, descuidando lo deportivo y el prestigio y cuidado de la selección, con la finalidad cierta, amén de la particular de Tapia y compañía, que está en el tapete, de mantener como se pueda el modelo de competencias instalado en el fútbol doméstico. No interesó la competitividad deportiva ni el prestigio del campeón mundial.
Campeonatos con cantidad exagerada de clubes, referatos y gestión del VAR cuestionados semana a semana, costos en salarios y logística alejados de la realidad económica nacional, viajes de los equipos de primera nacional a través de todo el país, con la erogación que ello significa, con más la última sorpresa; la AFA se quedó con la televisación de todos los torneos secundarios. Mas costos a su cargo.
La realidad se impone; gran cantidad de clubes penando económicamente, hasta el punto de varios prácticamente fundidos y una AFA rebosante, sosteniendo gravosamente su desatino gestionario. Ello sin mencionar las sospechas de corrupción.
De todo ello se desprende la necesidad imperiosa de volver a ganar el mundial. De no hacerlo el cachet por la presentación de Argentina en países marginales en el mundo del fútbol, se verá reducido a menos de la mitad, agravado por la ausencia de Messi, que ya anunció su despedida de la selección luego del Mundial.
No van a haber más Angola, Indonesia, Curacao, Puerto Rico y demás selecciones de segundo y tercer nivel que oblaron hasta 11 millones de dólares para asegurar la presencia de Messi y sus compañeros en sus países.
Menos fondos seguros para mantener el despropósito organizacional del fútbol doméstico.
La cancelación de la Finalissima dejó al descubierto también los caprichos con los que se maneja el fútbol mundial y las particularidades de España y la UEFA, combinadas con las propias de Conmebol y la Argentina.
Hubo un hecho cierto y valedero a que trastocó todo lo dispuesto; la guerra de Medio Oriente. Al desaparecer Quatar, se alejaron ingresos millonarios, como el costo de traslado de los equipos y todos los involucrados, el plus por la presencia de Messi y la amplia billetera que dispone el emirato.
Luego, una serie de idas y vueltas en cuanto a lugar y fecha a disputar el encuentro. Madrid y Roma fueron las plazas elegidas, junto a la opción de partido ida y vuelta en España y Argentina, con fecha incierta el segundo. No hubo acuerdo.
Desaveniencias, caprichos, desmentidas, calendario apretado, colaboraron en la frustración.
Mayor para la Argentina. Menos ingresos económicos y lo importante; sin ningún partido de trascendencia confirmado a 4 meses de inicio del mundial. En contraposición la mayoría de las selecciones de nivel tienen doble fecha confirmada frente a rivales de fuste. Gestión “Chiqui” Tapia en plenitud.
El último campeón del mundo no ha jugado ningún partido relevante desde su consagración y luce prácticamente imposible que lo haga durante lo que resta para el comienzo del próximo torneo.
Sin los ingresos de la Finalissima, sin la presencia del astro Lionel en el futuro y con los torneos locales envueltos en la desorganización, las sospechas de favoritismos y el caos económico de numerosos clubes, se aprecia la necesidad imperativa de que Argentina vuelva a consagrarse campeón del mundo.
No tienen alternativa Tapia, Toviggino, los presidentes serviles, los silentes y los “secanucas” que acompañan el derrotero de la gestión Tapia/Toviggino.
Que el destino y la suerte amparen el fútbol nacional.

