Balcones a 1200 euros y fanáticos argentinos: ¿Cómo es vivir el GP de Mónaco desde adentro?
El argentino debió irse a boxes por un principio de incendio en la parte trasera del Alpine. Foto: EFE.
A las 10 de la mañana, cuando arranquen los motores y los autos se lancen a las calles de Montecarlo para la gran carrera, Mónaco ya llevará varios días completamente transformado. Porque más allá del espectáculo en pista, lo que pasa afuera también tiene un magnetismo único: es una ciudad que se detiene para que la velocidad tome el control.
Las calles por donde se corre son las mismas que usan los 36 mil habitantes que viven allí. También quienes trabajan o cruzan el territorio a diario. En la previa de la carrera, transitar Mónaco fue casi imposible. Pero nadie se queja. Al contrario: saben que no hay ningún otro evento en el año que le dé a Mónaco la visibilidad que le da esta carrera.
Y esa exposición global impacta directamente en los tres pilares económicos del Principado: turismo, finanzas e inmobiliaria. Todo el ecosistema se prepara para recibir al mundo. Comercios que durante el año venden relojes o perfumes cambian de rubro para ofrecer merchandising de la Fórmula 1. Balcones y terrazas se alquilan como si fueran plateas VIP: el viernes, uno de los lugares más económicos se ofrecía a 300 euros; el sábado, a 700; y este domingo, el mismo espacio cuesta 1200 euros. Y eso sin contar las opciones más exclusivas, que pueden llegar a cifras inalcanzables.
Gran parte del público llega en tren desde Niza y alrededores. La estación de Mónaco está perfectamente organizada: los fans saben apenas bajan del vagón hacia dónde ir según su ubicación. Incluso se puede sacar un pase especial llamado “Grand Prix”, que cuesta 10 euros e incluye ida y vuelta sin hacer fila.
Comer en Mónaco durante el fin de semana de la F1 también tiene su lógica de circuito: sándwiches, baguettes y snacks por todos lados, a un precio estándar de 10 euros. El fan zone es muy chico, apenas ocupa un cuarto de manzana, pero todo lo demás está volcado al espectáculo: pantallas, carteles, decoraciones, música. Cada rincón respira Fórmula 1.
Y este año, algo cambió: hay una presencia argentina que no pasa desapercibida. Quienes viven en el Principado aseguran que nunca vieron tantos compatriotas como ahora. Muchos llegaron por turismo, pero hay un motivo que concentra todas las miradas: Franco Colapinto.
El joven piloto argentino pisa fuerte en la Fórmula 1 y está cumpliendo el sueño que muchos esperaban hace años: volver a ver una bandera celeste y blanca en la máxima categoría del automovilismo. Su llegada no solo generó expectativa deportiva: también movilizó a cientos de fanáticos que hoy caminan las mismas calles por donde pasan los autos.
Este domingo, mientras los mejores del mundo compiten en uno de los circuitos más icónicos, los ojos argentinos estarán puestos ahí. En Mónaco. En Colapinto. Porque la carrera es hoy. Pero el futuro, también.