Gimnasia, el equipo mendocino del momento que se levantó a tiempo
Con los cimientos de una campaña que le permitió ganar respeto y hasta admiración en el torneo más difícil del mundo, Gimnasia y Esgrima construyó, en apenas un puñado de partidos durante este 2025, una de las bases para sostener cualquier tipo de proyecto ambicioso y exitoso: la regularidad.
En un campeonato con tantos vaivenes, en donde mantener cualquier proceso puede tratarse de una quimera o una utopía, el Lobo renovó condiciones con muchos de los intérpretes que brillaron en 2024 y le sumó algunos otros que ya arrancaron varios aplausos de una platea tan fiel como difícil.
Desde lo futbolístico, el conjunto de Ezequiel Medrán tiene aún muchas preguntas por responder, pero más allá de tanto cambio de nombres durante el verano, logró mantener ese espíritu de competencia que hoy lo sitúa en lo más alto de la zona B de la Primera Nacional 2025.
Es cierto, también, que es prematuro sacar cualquier tipo de conclusión con apenas seis partidos disputados (cinco por el torneo y uno por Copa Argentina), pero al menos el equipo ya dio muestras, en estas pocas evaluaciones, que está para pelear cosas importantes, que ya tiene una rúbrica difícil de conseguir y que va por el camino correcto, más allá de todas las habituales dificultades que se podrán presentar con el desarrollo de la temporada.
Desde la seriedad de su arquero, que entró por la puerta de atrás y hoy muestra firmeza y seguridad, con una defensa que tuvo que rearmarse pero que mantuvo el orden y crece partido a partido, con un mediocampo que, desde la bandera de su número 5, combina fuego y juego, y con un frente de ataque temible y contundente, Ezequiel Medrán reimprimió el sello de equipo confiable, luchador, batallador y que, cuando se lo propone, puede desplegar un fútbol de alto vuelo en un escenario en donde este último ítem brilla por su ausencia.
Hoy, ante las dudas de Godoy Cruz, los vaivenes de Independiente Rivadavia, la irregularidad de Maipú, y a la espera del inicio del Federal A, Gimnasia porta la bandera del fútbol mendocino y la representa, con armas nobles y leales, por cada cancha que le toca pisar en el país. Un equipo que se mantuvo competitivo, que encontró una idea de juego, que entendió cómo afrontar las batallas más irremontables y que logró levantarse a tiempo de unos de los golpes más duros de toda su historia, del que seguramente habrá aprendido la lección.