Los secretos que convirtieron a Gallardo en el DT más ganador de la historia de River
Que Marcelo Gallardo es un ícono del fútbol argentino y que su trayectoria como entrenador, pese a que tiene solo 48 años, es digna del Salón de la Fama está fuera de discusión. Lo que no es tan conocido es el camino que lo llevó hasta allí: las críticas que recibió en Uruguay durante su primera experiencia como DT, los viajes a Europa que lo capacitaron, las charlas con profesionales consagrados y una personalidad que sus cercanos le destacan desde la época de jugador. Un repaso por la intimidad del Muñeco entre 2012 y 2014, época en la que se gestó el éxito del técnico más ganador en la historia de River.
A mediados del 2010, Marcelo Gallardo decidió emigrar a Uruguay para, a los 34 años, vestir la camiseta de Nacional de Montevideo. En su primer partido del otro lado del charco, se lesionó la rodilla y luego estuvo inactivo 6 meses. Un golpazo anímico para él y para el club. Pero aquella época resultaría fundacional para el Gallardo DT. Daniel Enríquez, ex director deportivo de Nacional, reveló una vez lo que le pidió al Muñeco tras su lesión en el tendón rotuliano. Quería de su parte resiliencia y liderazgo, pretendía una voluntad que les llegara a los más chicos y los motivara. Y fue lo que pasó. “Tenés que ser un ejemplo para los más jóvenes, que vean que te estás recuperando, que vean el profesional que sos. Ahora tenés doble laburo”, soltó.
El equipo, sin el futbolista que había llegado para ser figura, peleaba el torneo uruguayo. Gallardo volvió al banco de suplentes medio año más tarde. Ese día, Nacional perdía 1-0 y el Muñeco ingresó en el segundo tiempo. Hizo un gol y una asistencia y el Bolso celebró. Semanas más tarde, fueron campeones con un Gallardo que, aunque no pudo alcanzar su mejor nivel, fue un líder fundamental en el grupo. “Me enseñó muchísimo dentro de la cancha, tuve muchísimas charlas con él y te dabas cuenta de que era un entrenador jugando dentro de la cancha. Veía muy bien los espacios, leía muy bien el juego. Y tenía una personalidad bárbara”, confesó Mauricio Pereyra, uno de los jóvenes que aprendió al lado del nacido en Merlo.
Fue gracias a esa etapa, a esa lesión, esa rehabilitación, esa influencia y ese título que se sentaron las bases para que Gallardo se convirtiera en Gallardo. En 2011, Nacional descontinuó el contrato de Juan Ramón Carraco como DT a la par que el Muñeco anunció su retiro del fútbol, agobiado por problemas físicos. E Ibañez, que ya se había “enamorado” de él, tenía una idea. “Estábamos reunidos y dijimos: `¿Y si llamamos a Marcelo?´. Él tenía liderazgo, que es lo que tiene que tener todo entrenador”, confesó el entonces director deportivo. Gallardo quería descansar un tiempo luego de una larga carrera y capacitarse como entrenador, pero el Bolso lo persuadió, lo valoró y le transmitió la confianza necesaria para que tomara la posta.
El Muñeco accedió y se convirtió en el DT de Nacional para la campaña 2011-12. Solo meses después de colgar los botines. El inicio fue complejo y las victorias costaban, por lo que la prensa uruguaya comenzó a opinar que “no estaba preparado”. Y que era un disparate que dirigiera a sus ex compañeros. Pero Ibañez lo respaldó, basado en el liderazgo que había conocido de su parte: “Había dirigentes que decían que no tenía experiencia. Hubo momentos difíciles. Yo era el responsable de bancarlo o no. Se me dio mucha potestad sobre bajarle o no el pulgar, y yo se lo subí a muerte porque lo vi trabajar, vi el respeto que le tenían los jugadores. Todos lo respetaban y me decían lo bien que trabajaba. Para mí, a la larga, eso termina en éxito”, confesó. Y el tiempo les dio la razón: Nacional terminó levantando el trofeo uruguayo a mediados de 2012.
Entonces, sí. Gallardo se tomó el tiempo que deseaba desde un principio. Ya había sido campeón como DT en su primera experiencia. Pero entendía que tenía mucho por aprender. Y por ello se tomó “dos años sabáticos”, para viajar a Europa, conocer de cerca la profesión y dialogar con los más autorizados. En 2013, el Muñeco estuvo en el Viejo Continente y tuvo la oportunidad de charlar con Massimiliano Allegri, por entonces DT del Milan (a quien llegó por su amigo Mario Yepes), con Mauricio Pochettino, que dirigía el Espanyol de Barcelona, y con el Germán “El mono” Burgos, ayudante de campo del Cholo Simeone en Atlérico de Madrid. Además, se reunió con dos argentinos que brillaban en el Barça: Javier Mascherano y Lionel Messi.
Escuchaba con atención. Aprendía, absorbía, analizaba. Había sido campeón, pero no dejaba que le subiera el ego. Gallardo se impregnaba de los conocimientos de los más sabios y nunca parecía haber recibido lo suficiente. En abril de 2014, realizó otro viaje a Europa; precisamente, a Francia. Y allí charló con Didier Deschamps, Marcelo Bielsa (que estaba cerca de firmar con Olympique de Marsella), Claudio Ranieri. Al país galo, en donde ya había jugado y era muy admirado, Gallardo fue con Matías Biscay y Hernán Bujan, sus dos laderos que se convertirían en piezas inamovibles de su cuerpo técnico en Nuñez. Los tres se encontraron en París con Luis Ferrer, un viejo conocido que los ayudaría en su aventura.
Ferrer había jugado en las inferiores de River y conocía al cuerpo técnico en gestación. Y trabajaba en el scouting del París Saint-Germain. Gracias a él, Gallardo pudo observar desde el Parque de los Príncipes un duelo que el PSG le ganó 3-1 al Manchester United por la UEFA Champions League. Luego, el Muñeco visitó Mónaco, donde había brillado como jugador. Fue homenajeado, charló con otro ex River como Radamel Falcaco y conoció el modus operandi del entrenador Claudio Ranieri durante los entrenamientos en el club del principado. Ya había observado la Serie A, admirádose de la Premier League y entendido la liga española. Tras su paso por Francia, parecía tener todo listo…
“Vino para capacitarse, para ganar conocimientos. Cuando los conocí, no me los imaginaba como entrenadores, éramos jóvenes. Pero por cómo hablaban, analizaban el fútbol, y por la decisión de venir a Europa para capacitarse, te das cuenta de que ellos se prepararon para esto. Absorbieron lo que pasaba, cómo se trabaja. Pusieron en funcionamiento todo lo que aprendieron. No fue una lotería lo de Marcelo. Te das cuenta de que ahí está el profesionalismo”, destacó Luis Ferrer. No estaba errado. Porque en julio de 2014, tras la salida de Ramón Díaz de River, le sonó el teléfono. No sabía que le daría al Millonario otras 14 estrellas y que obtendría más trofeos que su antecesor; solo sabía que tenía un título uruguayo en su palmarés y que hacía dos años que no dirigía. Pero Marcelo Gallardo no dejó escapar la oportunidad. Aceptó y volvió a su casa. Y el resto es historia.