Como en Argentina-Marruecos: River, proyectiles y un gol anulado días después
La Selección argentina Sub 23 dirigida por Javier Mascherano tuvo en su debut en los Juegos Olímpicos de París 2024 en una jornada que terminó en bochorno. El gol de Cristian Medina que hubiese significado el 2-2 en tiempo descuento ante Marruecos fue anulado ¡dos horas después!, luego de una invasión de hinchas marroquíes que obligó a la suspensión del partido. El encuentro se reanudó, ya sin público, con el resultado 2-1 a favor de los africanos y se disputaron tres minutos más. El marcador no se movió y terminó siendo derrota argentina. Un final tan inédito, que para encontrar un antecedente parecido hay que viajar a 1996, a un partido entre River Plate y Huracán Corrientes, en el que también se anuló un gol mucho después de que se anotara.
El 13 de noviembre de 1996 el fútbol argentino vivió una jornada oscura, polémica e inolvidable. El River de Ramón Díaz, flamante campeón de la Copa Libertadores, visitó a Huracán de Corrientes por la 14º fecha del Torneo Apertura. El encuentro se adelantó y se disputó un jueves, dada la cercanía de la Copa Intercontinental que el Millonario debía jugar ante la Juventus de Italia. Mejor dicho, comenzó un jueves. Porque finalizó un domingo 21 de diciembre, luego de que se suspendiera por agresiones al arquero de River, Roberto “Tito” Bonano.
El partido estaba 1-1 a los 25 minutos del segundo tiempo y los goles los habían marcado Oscar Alsina y Marcelo Escudero, para Huracán Corrientes y River, respectivamente. De pronto, llegó un pelotazo del local que después de un cabezazo parecía que sería una pelota sencilla para el arquero Bonano. Pero mientras rodaba y se le acercaba, Tito cayó al piso acusando un golpe en la cabeza. Entonces su compañero Juan Pablo Sorín reaccionó para intentar despejar la pelota, pero presionado por un delantero rival terminó anotando un gol en contra. Fue el 2-1 para Huracán de Corrientes, que festejó eufóricamente al escuchar cómo el árbitro Javier Castrili convalidaba el tanto.
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Pero cuando Castrilli se acercó al área vio que efectivamente Bonano sangraba; y que había recibido un proyectil en la cabeza de parte de un fanático. Llamaron a los médicos, retiraron al arquero en camilla y lo cocieron. El partido fue inmediatamente suspendido… en principio, según el parte oficial, con el resultado 2-1. Los jugadores de River se quejaban con el árbitro, pero Castrilli reconocía que había cobrado el gol y que no había vuelta atrás. Los protagonistas mostraron toda su impotencia. Ramón Díaz declaró después: “Estos estadios no son aptos para jugar partidos de esta naturaleza. Hubo 35, 40 minutos de interrupción. Es imposible jugar al fútbol así. Yo pienso que hay cosas que podemos mejorar entre todos. Tienen que poner voluntad la gente, los jugadores, el técnico, la policía, porque creo que la gente paga para ver un espectáculo”.
También Alfredo Davicce, presidente de River, manifestó su frustración y cuestionó la legitimidad del estadio. Y el presidente de Huracán de Corrientes hizo públicas sus disculpas y se hizo cargo de lo ocurrido: “El perjuicio que nos causará este hecho repudiable será enorme. Nadie tiene idea del mal que le han hecho a Huracán. Yo, únicamente puedo pedir disculpas a Bonano, a River y a los hinchas genuinos que no pudieron disfrutar del espectáculo que vinieron a ver”.
Lo dio vuelta River, un mes después
Días después, con otra frialdad y claridad, y luego de comprobar que Bonano había sido herido antes del gol (y que el piedrazo había tenido un rol protagónico en la jugada), el Tribunal de Disciplina de la AFA cambió el informe oficial y anuló el gol, decretando el resultado parcial del partido era 1-1. Se determinó, entonces, que los restantes 20 minutos del duelo se jugaran el 21 de diciembre, más de un mes después. Y así fue: 38 días más tarde, Sergio Berti anotó un gol y le dio a River una victoria por 2-1 ante Huracán de Corrientes. El resultado fue irrelevante, porque el Millonario ya había salido campeón del Apertura… y porque la violencia volvió a eclipsar una noche que debería haber sido de fiesta en el fútbol argentino.

