El día que Platini jugó con la camiseta de Kimberley de Mar del Plata en el Mundial 78
El partido, a priori, era el más intrascendente de aquel Grupo 1. Francia y Hungría habían perdido sus dos partidos anteriores ante Italia y Argentina, respectivamente, y llegaban a la 3º jornada sin posibilidades matemáticas de clasificar a la siguiente fase en el Mundial de 1978 (esos lugares ya eran propiedad de argentinos e italianos). Pero, para sorpresa de muchos, aquel Francia-Hungría que no generaba expectativa, con una concurrencia bajísima, quedó en la historia. Por un malentendido inusual, que terminó con los futbolistas franceses, entre ellos Michel Platini, usando la camiseta del humilde Kimberley de Mar del Plata.
Hoy, el Club Atlético Kimberley de Mar del Plata tiene 103 años de historia y compite en el Torneo Federal A, olvidado por muchos fanáticos del fútbol, pese a haber participado de los Torneos Nacionales de 1970, 1971, 1973, 1979, 1983 y 1984. Pero hace 46 años, un 10 de junio de 1978, el conjunto costero fue protagonista de un épico capítulo en la historia de los Mundiales. Y es el siguiente. Los futbolistas de Francia, que habían llegado un día antes, en avión y desde la ciudad de Buenos Aires, ya se encontraban en el Estadio José María Minella de Mar del Plata para disputar su tercer partido del Mundial. Los húngaros, que se hospedaban en Chapadmalal, a no más de 30 kilómetros de La Feliz, también. En las tribunas había menos de 24.000 espectadores, para un partido que (se creía en la previa) no otorgaría mucho.
De repente, mientras ambos equipos entraban en calor en el verde césped (todavía abrigados), el francés Henri Michel observó que sobresalía un cuello blanco del buzo de un rival. “Francia juega de blanco”, dijo. “No, Hungría”, le contestó András Törocsik. Para remediar el malentendido, ambos equipos fueron al vestuario a fin de corroborar sus respectivas teorías; y la ficha decía claramente que… Francia iba de azul. ¿El problema? Los galos se habían olvidado el otro juego de camisetas en la ciudad de Buenos Aires. De no hallar una solución, el partido no se jugaría y los puntos irían para Hungría, determinó el árbitro brasileño Arnaldo Coelho. ¿Por qué los húngaros no se ofrecieron a utilizar su vestimenta alternativa? También se la habían olvidado, dijeron…
Pese a que muchos años después algunos protagonistas franceses pondrían en duda la buena voluntad de sus rivales para buscar sus camisetas rojas, eso no le salvó el pellejo a Henri Patrelle, presidente de la Federación Francesa de Fútbol. Es que, ante la insistencia de los galos de un presunto error de la FIFA, el yugoslavo Mijailov Andreivich, miembro del comité ejecutivo de la entidad, confirmó que Francia había sido notificada correctamente de la indumentaria que le correspondía. Finalmente, Patrelle se dio cuenta que había tomado como referencia una nota de febrero y no la que, con correcciones, le había llegado en mayo. Patrelle perdería automáticamente su cargo, pero los futbolistas aún debían resolver la situación.
Los franceses, entonces, intentaron llamar a Boca Juniors de Mar del Plata. A Aldosivi, a Alvarado. Pero ninguno podía ayudarlos, estaban cerrados, o muy lejos. Mientras, el partido se demoraba, las tribunas chiflaban, y la televisión se reprogramaba en el acto. De pronto, apareció Mario del Rosso, vicepresidente de la Liga Marplatense de Fútbol y lanzó el nombre de Kimberley, un equipo situado a menos de 3 kilómetros de distancia. Llamaron de urgencia al presidente de la Comisión de Fútbol y este accedió. Un utilero y un directivo de la delegación francesa, entonces, se trasladaron en un Ford Falcon hacia el club para agarrar el juego de camisetas. Llegaron y, como no tenían la llave, rompieron el candado del guardarropa y tomaron la bolsa.
De vuelta en el Estadio José María Minella, se las dieron a los franceses. Pero los números de Kimberley iban del 1 al 16 y Francia contaba con 22 jugadores en el plantel. Así que solo utilizaron las camisetas los 10 titulares (el arquero vestía otra) y algunos suplentes. Los dorsales no coincidían y el árbitro Coelho registró los números que traían los franceses en sus shorts. Michel Platini, que había comenzado el partido como suplente (el entrenador Michel Hidalgo les había dado descanso a cinco titulares, haciendo que jugaran al menos unos minutos todos sus convocados), fue uno de los que ingresó en el segundo tiempo con la camiseta de Kimberley. Claude Papi, que normalmente utilizaba la 12, tuvo su día de suerte: esa tarde, en la que Papi jugó su único partido en una Copa del Mundo, le tocó vestir la 10.
El encuentro terminó 3-1 a favor de Francia, con goles de Christian Lopez, Marc Berdoll y Dominique Rocheteau; descontó para Hungría Sandor Zombori. Pero el resultado fue secundario: aquel partido de la Copa del Mundo de 1978 le dio a Kimberley de Mar del Plata un lugar en la historia. Al día de hoy, en el museo que tiene la FIFA en Zurich, entre las reliquias de aquel Mundial aparecen la camiseta de Américo Rubén Gallego, mediocampista y figura del equipo campeón, la de Ruud Krol, estrella del conjunto holandés que perdió la final, y la que usó ante Hungría el francés Francois Bacci; o, mejor dicho, la camiseta que en realidad era propiedad del 5 de Kimberley.